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Hacia donde crece la ciudad

Camino de los Horneros: la zona de mayor crecimiento de Canelones

Camino de los Horneros, una zona que hasta hace pocos años era rural, hoy se convirtió en el área suburbana de mayor crecimiento del departamento de Canelones; cercanía de la capital, seguridad y calidad de vida son los principales atractivos

03.09.2021 17:22

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2021-09-03T17:22:00
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Que las ciudades cambian con el tiempo, eso nadie lo duda. Entre urbanistas e historiadores también hay coincidencia en que las grandes urbes siempre crecen hacia la costa. Y ese fenómeno, que se repite en distintas partes del mundo, en Uruguay se puede apreciar claramente en el desarrollo de la zona de Ciudad de la Costa, en Canelones. Es allí donde se están produciendo las mayores presiones urbanas y habitacionales del departamento y, aseguran algunos, del país. 

“Hace muchos años Canelones era la espalda de Montevideo, creo que eso hoy se ha revertido y el departamento está generando desarrollos económicos importantes y mano de obra genuina”, señala la arquitecta Paola Florio, directora de Planificación Territorial de la Intendencia de Canelones. Dentro de ese crecimiento, un eje destaca por su desarrollo exponencial en los últimos años: Camino de los Horneros.

Sobre el kilómetro 23 de la Ruta Interbalnearia, un cartel indica la entrada hacia Camino de los Horneros. Foto: Lucía Durán

Sobre el kilómetro 23 de la Ruta Interbalnearia, un cartel indica la entrada hacia Camino de los Horneros. Foto: Lucía Durán

La historia de este territorio, al que algunos vecinos de la zona se refieren como “el nuevo Carrasco”, se remonta a la década de los 90 y a la visión del emprendedor Leandro Añón, quien junto a un grupo de inversores en 1992 adquirió 120 hectáreas con la intención de desarrollar allí una urbanización vanguardista y un club de campo con canchas de golf. Este último estaba pensado sobre todo para actuar como aliciente para convencer a los primeros pobladores de mudarse a una zona rural que entonces carecía de servicios. Ese primer barrio, que nació en 1994 junto a La Tahona Golf Club, fue el puntapié inicial de lo que hoy son seis barrios y se llamó Lomas de Carrasco. Más tarde “de Carrasco” cambió por “de La Tahona”, latiguillo que hoy comparte con todos los barrios del grupo: Altos, Mirador, Viñedos, Chacras y La Toscana. 

“En los inicios de los 90, después de haber desarrollado un par de proyectos propios que habían logrado muy buena rentabilidad, mi padre, junto con un grupo de técnicos y emprendedores, comenzaron a desarrollar un proyecto bastante revolucionario junto con el arquitecto Samuel Flores Flores, que era una leyenda en la época y era quien armaba todo el diseño técnico y el concepto de la organización”, cuenta el director de La Tahona, Ignacio Añón. “En esa época era toda una aventura, había por supuesto caminos de tierra, dos badenes, dos pasos de doble vía, parecía algo utópico hacer algo acá”, recuerda. Antes de definir dónde emprender, exploraron toda la zona. “Finalmente se definieron por las tierras de una estancia que se llamaba La Tahona y que antes había funcionado como Haras”, señala Añón. La ubicación “era perfecta por la altura”, algo que para el formato urbanístico era muy difícil de conseguir. 

“Los primeros en venir para acá fueron los Arocena, nosotros fuimos la segunda o tercera casa, yo tenía 14 años”, explica el empresario, para quien el negocio familiar es sinónimo de hogar. 

Foto: Lucía Durán

Foto: Lucía Durán

El panorama por ese entonces era muy diferente al de hoy. Era una zona rural de mucho verde y en los alrededores solo había instalados algunos campos deportivos de instituciones como el del Colegio Ivy Thomas o el Montevideo Cricket Club.

Aunque actualmente los hechos confirman que la apuesta de Leandro Añón fue buena, su hijo cuenta que en ese momento el único que estaba convencido era su padre; alrededor todo eran dudas. “Los amigos le decían que era inviable, que iba a ser un fracaso”. Y pudo haberlo sido, porque la crisis de 2002 pegó fuerte a los desarrolladores de la zona, que para entonces, eran varios. 

 “Los primeros competidores, que llegaron atraídos por el éxito inicial de Lomas, fueron Carmel y La Pradera. Pero en 2001 quedaron muy golpeados y se enlenteció el desarrollo de la zona. Nosotros pudimos financiar esa crisis porque mi padre tenía otros emprendimientos (una financiera y había comprado Radio Sarandí)”, explica Añón.

“Después de la crisis la zona empezó realmente a crecer más visiblemente, con la aparición de los otros barrios”, señala Magdalena Stefani, directora del Colegio Ivy Thomas, que además del campo deportivo desde 2018 tiene una sede en la zona.  

Foto: Lucía Durán.

Foto: Lucía Durán.

Mauricio La Buonora, socio director de La Buonora & Asoc. Desarrollos y La Buonora & Asoc. Construcciones, es asiduo visitante de Camino de los Horneros desde la misma época que Ignacio; de hecho, iba de visita a la casa de los Añón. Hoy vive y trabaja allí. Comenzó con la construcción de casas particulares en los barrios y en la actualidad está involucrado como desarrollador en Huertas de los Horneros, un proyecto de housing de 200 unidades residenciales, y Olivos de los Horneros, un emprendimiento de siete barrios privados.

“Cuando a La Tahona le empieza a ir mejor comienza a lanzar nuevos barrios. En tanto Carmel queda como un outsider, vendiendo terrenos un poco más grandes y un poco más baratos en proporción que La Tahona y de a poco se va completando. Es tremendo barrio, consolidado, prácticamente lleno, pero mientras terminaron de vender 70 lotes La Tahona vendió 800”, señala La Buonora. 

La arquitecta Florio explica que todo este desarrollo no vino solo, sino que fue producto del incremento de la demanda sobre la Avenida de las Américas y sobre la centralidad de Ciudad de la Costa. Además, opina que estos proyectos hicieron poner en valor a ese sector del departamento, que ya había dejado de ser un sector de producción rural y estaba mostrando tendencia a convertirse en un área residencial. 

A más demanda, mayor regulación. “En el año 2010, cuando se aprueba el Plan de Ordenamiento de Ciudad de la Costa, es cuando se produce el gran cambio en la morfología del corredor. Y empieza a cobrar otra mirada toda la zona”, señala la urbanista, que añade que la conciencia de que esto podía tener una expansión importante se toma en 2005, cuando se comienza a armar el instrumento. “Es ahí que se define la elaboración de un Plan Parcial para Camino de los Horneros, porque se empieza a reconocer que esa pieza territorial no está respondiendo a las lógicas rurales sino que iba camino a ser una zona residencial. En ese Plan Parcial surge la necesidad de regularizar una situación de desarrollos urbanos, anteriores a la Ley de Ordenamiento Territorial aprobada en 2008, que no acompañaban las nuevas definiciones que se establecen en la ley”. 

El Plan Parcial, que se hace efectivo en 2017, define las principales conectividades, las vías de circulación que se deben abrir, las estructuras necesarias para poder dar soporte a la reconversión de un área rural a un área residencial, el sistema de cargas y de edificios y la morfología general de la pieza. Además, regula la capacidad edificable y las dimensiones de las urbanizaciones, establece las alturas máximas, la cantidad de viviendas por metro cuadrado, asegura porcentajes de verde en relación con el porcentaje edificado y va configurando el perfil paisajístico del modelo. Sus objetivos eran la regularización de la situación, garantizar la conectividad de la pieza territorial y no seguir admitiendo proyectos de desarrollo urbano que no aseguraran una efectividad con el resto de la trama. “En el Plan Parcial ya no se admiten las urbanizaciones de 30 hectáreas como se admitían antes, se pone un tope en 12 hectáreas, lo que asegura determinadas tramas de comunicación en el territorio. Una vez que se reconoce que esa pieza territorial ya no responde a las lógicas rurales o productivas, obviamente la voluntad de la intendencia es desarrollar y consolidar las áreas urbanas y suburbanas del departamento”, señala Florio. 

La seguridad y un mayor contacto con la naturaleza son dos aspectos que valoran quienes viven en la zona. Foto: Lucía Durán.

La seguridad y un mayor contacto con la naturaleza son dos aspectos que valoran quienes viven en la zona. Foto: Lucía Durán.

“El plan es un cambio radical para el desarrollo de la zona”, asegura La Buonora. “Hay que destacar que la Intendencia de Canelones realmente es un socio de los proyectos, tiene excelentes profesionales que están del lado del inversor y del desarrollador y su apoyo es vital, porque entienden que el inversor trae prosperidad para todo el departamento. Este Plan Parcial fue clave para el empuje que tuvo la zona. Permite tener un punto de partida y un punto de llegada, antes comenzabas un proyecto y demoraba ocho años. Eso era malo porque los inversores no esperan, se van para otro lado, pero esto democratizó los trámites y se puede tener un plan de entrada y un plan de salida, que no es menor a la hora de invertir. Eso es algo que en otros departamentos la verdad que se complica bastante”, concluye. 

Para el desarrollador, el cambio del estatus del territorio de rural a suburbano es una buena noticia porque el precio de suelo aumenta de forma significativa, ya que la tierra “vale lo que uno pueda construir sobre ella”, cuenta la especialista, que estima que el aumento oscila en el valor de la tierra multiplicado por seis. 

Parte del encanto de la zona para los amantes del gold es poder practicar el deporte cerca de casa. Foto: Lucía Durán.

Parte del encanto de la zona para los amantes del gold es poder practicar el deporte cerca de casa. Foto: Lucía Durán.

Tranquilidad y vida verde. Poco antes del kilómetro 23, un semáforo da paso desde la Ruta Interbalnearia hacia Camino de los Horneros. Ya al doblar se aprecia que no es un camino más de los muchos que hay en la zona. La entrada está marcada por la moderna estructura de Car One, un emprendimiento millonario asociado principalmente a la industria automotriz. Una vez en el camino, un colegio, varios campos deportivos y otros tantos salones de fiesta van dando la bienvenida. Más adelante, entre las curvas se van revelando paisajes privilegiados y en medio de ellos las amplias entradas a los distintos barrios. 

Entre las filas de Olivos se asoma un pequeño centro comercial, que parece estar hecho a escala humana pero que tiene todo lo que un vecino de la zona puede necesitar, desde un taller mecánico hasta una florería pasando por un almacén gourmet y un consultorio médico. Además, en pocos minutos es posible acceder a servicios como lavandería, veterinaria, tienda de muebles y antigüedades o un campo de golf. Pese a que la zona está cada vez más poblada y las grúas y los camiones son habitantes permanentes, el aire todavía se respira limpio y los cielos lucen infinitos.

Hoy, Camino de los Horneros es un área residencial con al menos 22 barrios privados desarrollados o en vías de desarrollo, un barrio obrero, un centro comercial propio y una variada oferta de servicios —el polo comercial de Car One, por ejemplo, incluye una cadena de supermercados y un tienda internacional de material deportivo—. Se estima que hay 2.000 viviendas consolidadas en el área y se espera que a futuro sean muchas más. El atractivo de este eje, que corre entre la Ruta 101 y el arroyo Pando y al norte de la Ruta Interbalnearia, está asociado a que sus habitantes disfrutan de una calidad de vida diferente a la de la ciudad, con mayores niveles de confort, servicios comunes de alta calidad, un contacto estrecho con la naturaleza, seguridad y un fuerte vínculo de comunidad entre pares. 

En la última década también hubo factores externos que potenciaron la zona: su cercanía a Carrasco, la doble vía de la Interbalnearia, la cercanía con el aeropuerto y el crecimiento con edificios de apartamentos sobre Avenida de las Américas. De todos modos, los desarrolladores siguen señalando que la seguridad está entre los factores fundamentales para el funcionamiento de los barrios privados. “La gente lo primero que paga es la seguridad y la calidad de vida, y esto se valorizó aún más en la pandemia, gente de otros barrios que vive en apartamentos está buscando lo que la zona ofrece”, explica La Buonora. 

“Las propias familias que se mudan acá son las que más gente atraen a través del boca a boca. Y de acá a 10 años yo creo que se va a triplicar lo que hay hoy”, asegura La Buonora, aunque señala que para eso, como sucede en cualquier otra zona de desarrollo, es clave que la intendencia y el Estado inviertan en forma constante. “Lo que se ha hecho hasta ahora es excelente, pero falta, hoy Camino de los Horneros ya debería ser doble vía”, sentencia. 

Añón cree que la explosión de crecimiento que se ve hoy quizá hubiera llegado 15 años antes de no ser por la crisis de 2002. Asegura, además, que la demanda actual para el tipo de proyectos que se desarrollan en la zona es más grande que la oferta y que “en términos relativos debe ser la zona del país que más creció en valor en dólares y en inversión debe ser de las más importantes”. V

Vista aérea de Huertas de los Horneros

Vista aérea de Huertas de los Horneros

Distintos modelos de negocio. “Durante los últimos seis años trabajamos junto con la Intendencia de Canelones para desarrollar todo el Plan de Camino de los Horneros. Eso generó toda una nueva densidad que hizo posible proyectos de housing como los que se ven hoy”, cuenta Añón, que considera que Uruguay atraviesa un problema de infraestructura residencial y que hay mucho más demanda para este tipo de productos que oferta concreta, incluso hoy, teniendo en cuenta todos los proyectos en desarrollo en Camino de los Horneros.

Mientras en La Tahona la modalidad es, principalmente, vender el terreno y que la casa la arme el propietario, en los últimos tiempos han surgido otros modelos que entregan el terreno con la casa pronta, llave en mano, como, por ejemplo, Huertas de los Horneros y Pilar de los Horneros.  “En el caso de Huertas la idea era hacer nuestro propio barrio con doscientas casas, no la venta de terrenos sino un barrio con casas, esa es la particularidad que tiene. Un proyecto urbano con casas y terrenos más pequeños pero que se comercializa a mitad de ticket que La Tahona y Carmel, por ejemplo. De esta forma brindamos un producto al que mucha más gente puede acceder”, señala La Buonora.

Si bien ya hay mucho desarrollo, se prevé aún más. Los autos familiares se mezclan con los camiones que acercan material a las obras y los sonidos de la naturaleza se entreveran con el ruido de los motores que van y vienen de la ciudad. Sin embargo, dentro de cada uno de los emprendimientos —sean residenciales, deportivos, educativos o comerciales—, reina un aire de tranquilidad que poco tiene que ver con el distanciamiento físico de la calle. Es el resultado de un cambio de actitud o, como dicen quienes ya lo han experimentado, una nueva forma de vida. 

El paisaje de obra en construcción es habitual en esta zona debido a su fuerte desarrollo inmobiliario. Foto: Lucía Durán

El paisaje de obra en construcción es habitual en esta zona debido a su fuerte desarrollo inmobiliario. Foto: Lucía Durán

En el centro comercial Tahona Plaza funciona un almacén, carnicería, farmacia, florería, inmobiliaria y taller mecánico y restaurante. Foto: Lucía Durán

En el centro comercial Tahona Plaza funciona un almacén, carnicería, farmacia, florería, inmobiliaria y taller mecánico y restaurante. Foto: Lucía Durán

Mayoría en Canelones y Maldonado. Según el estudio La expansión de los barrios privados en Uruguay, del economista territorial Rodrigo García, 76% de los barrios privados del país están ubicados en Canelones y Maldonado. La ausencia de Montevideo se explica porque a pesar de que la capital no dispone de una norma prohibitiva respecto a los barrios privados, la Intendencia de Montevideo, que es la autoridad competente en ordenamiento territorial, no ha autorizado este tipo de emprendimientos privados dentro del departamento. 

“Se podría afirmar que la localización de la gran mayoría de los barrios privados en este concentrado espacio responde, en gran medida, a la prohibición existente en el departamento de Montevideo para el desarrollo de este tipo de emprendimientos”, señala el estudio de García, realizado para la Dirección Nacional de Ordenamiento Territorial en setiembre de 2019. Además, explica que “los barrios privados ‘canarios’ están muy ligados a la dinámica urbana y socioterritorial montevideana, estableciéndose en el territorio que termina canalizando las demandas que el departamento de Montevideo no logra satisfacer”.

Además de su campo deportivo, desde 2018 el Ivy Thomas Memorial School tiene su sede Horneros, a la que asistesn en la actualidad unos 170 alumnos. Foto: Mercedes Borrás

Además de su campo deportivo, desde 2018 el Ivy Thomas Memorial School tiene su sede Horneros, a la que asistesn en la actualidad unos 170 alumnos. Foto: Mercedes Borrás

El primer colegio. “El campo deportivo está instalado desde mucho antes de que yo fuera alumna, desde el año 1978”, cuenta la actual directora general de inicial y primaria del Colegio Ivy Thomas, Magdalena Stefani. “Era una época en que los colegios buscaban dónde instalar campos deportivos, algunos iban para la zona del oeste y otros colegios para el este. Nosotros nos instalamos acá y realmente no había nada, solo un pequeño almacén. En los 90 aparece La Tahona, que fue el primer barrio privado, y ahí hubo un primer florecimiento de la zona que luego se frenó con la crisis de 2002. Después de la crisis empezó realmente a crecer más visiblemente, con la aparición de los otros barrios y servicios. Pero ya en el año 1999, cuando el colegio festejó los 40 años, había quienes sugerían la creación de esta sede. Nos instalamos acá con el propósito de, desde el punto de vista educativo, dar una respuesta y aportar al crecimiento de la zona llevando un colegio con una tradición y experiencia de casi 63 años y teniendo la facilidad de que ya teníamos el campo deportivo del colegio instalado”.

La sede Horneros empezó a funcionar en 2018; hoy recibe a unos 170 alumnos que cursan desde nivel 1 (Little Toddlers) hasta segundo año de primaria y llegan principalmente de los barrios privados de la zona y de Ciudad de la Costa, algunos de Carrasco y Parque Miramar. Además de ellos, 450 estudiantes de la sede de Pocitos utilizan las instalaciones principalmente como campo deportivo pero también como centro de estudios para asignaturas puntuales”.