Personajes
Del escenario a la televisión

Camila Rajchman: "No podría valorar tanto lo que viví si antes no hubiera tocado fondo"

Nombre: Camila Rajchman • Edad: 26 • Ocupación: cantante, comunicadora • Señas particulares: le encanta organizar fiestas, es desordenada, antes de Rombai tuvo una marca de zapatos

14.09.2021 07:00

Lectura: 6'

2021-09-14T07:00:00
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Por María Inés Fiordelmondo

Le encanta organizar cumpleaños, fiestas, y es la que siempre pone la casa. ¿Cómo es como anfitriona? Soy medio tiro al aire. No soy detallista, de ver si la gente está servida o no. Me encanta invitar, pero también siento que mi casa es la casa del pueblo. Con mamá somos de recibir mucha gente, y es típico de mi casa tener palitos de queso para los invitados. Me gusta encontrar razones para festejar. De hecho, ahora se casa una de mis más amigas y estoy buscando a full todos los salones que haya para que se pueda bailar y no haya drama.

Hace poco remodeló su cuarto, en el que acumulaba un montón de objetos propios y heredados. ¿Cómo se lleva con el orden? Horrible, soy muy desordenada. Si recorrés mi casa te das cuenta en qué espacio vivo yo. Si hay alguien en mi familia que es igual de acumuladora, es mi mamá. Ahora me siento mucho más liberada. Con más de lo necesario, sin dudas, pero por lo menos entro a mi espacio y hay un orden, hay un criterio, y hay cosas que disfruto, que antes ni sabía que estaban.

Vive con sus padres. ¿No tiene apuro en irse? El proceso de cambio en el cuarto arrancó en 2017, empecé a vaciar y a donar un montón, pero lo dejaba por la mitad. Ahora que lo veo terminado, lo quiero disfrutar pero a su vez soy mucho más grande y estoy en una etapa en la que reempiezo a pensar en irme.

Hace un tiempo se levantaba a las 5 de la mañana. ¿Lo sigue haciendo? Fue el cambio de hábito más lindo que hice en mi vida. Hay un libro que se llama El club de las 5 a. m., que tiene mucho de búsqueda interior y amor propio. Plantea que se necesitan 66 días seguidos para generar ese hábito. Creo que lo hice más de 66 días; el tema es que después, en la diaria, se me hizo muy difícil. Es un libro más pensado para otras partes del mundo, donde a las 7 o las 8 de la tarde ya no hay tanta vida social. Pero adquirir ese hábito atrae cosas muy buenas. Es soltar mucho eso de la vorágine de estar siempre para el otro. A primera hora del día, cuando nadie requiere de tus servicios, es estar para vos.

Antes de que surgiera Rombai había estado con depresión por dos años. ¿Qué le diría a la Camila de 2013? Me recontra pediría perdón. Cada día que empezaba me autocortaba las alas, pensaba que no tenía una salida. Lo veo con perspectiva y desde que salí adelante, en 2014, que fue cuando me curé, pienso: “Menos mal que me seguí dando la chance, porque si no, nunca hubiese vivido todo lo que me tocó vivir después”. Ahora que ya no estoy en ese pozo, digo: “Pah, quizás por haber superado la depresión agradezco mucho más la vida que hoy tengo”. Quizás no podría valorar de tal forma todo lo que me tocó vivir si antes no hubiese tocado fondo. Desde mi lugar me encanta siempre ayudar a la gente que lo está atravesando y decirles de todo corazón que se sale adelante. Y que no es cuestión de plata ni de acompañamiento, la fuerza está solo en uno. Que me haya dado esa chance, que me haya puesto delante de tanta gente y poder decir que se sale, fue la cosa más zarpada que me pasó en la vida. Lo que más me han preguntado es cómo hago para lidiar con las críticas. ¡Las críticas! Son nada comparado a los pensamientos que podés tener vos mismo sobre vos, las opiniones que podés generar vos en tu cabeza. Creo que eso es lo que me ayudó a ser fuerte, a poder distinguir entre qué pienso yo de mí y qué piensa la gente —que no me conoce— de mí.

¿Es verdad que antes de Rombai creó una marca de zapatos? Sí, se llamaba Miamá, porque es lo que digo cuando hablo de mi mamá. No era un emprendimiento muy grande, pero lo movía por Instagram y se movía bastante bien. Venían a retirar a casa, pero como Rombai fue un boom repentino, dejé de vender zapatos.

Vivir en el extranjero un tiempo es uno de sus pendientes. Se me despertó hace poco. Mi novio también lo quiere hacer, entonces pienso por qué postergar esto que es tan lindo. Además, ahora no estoy con un proyecto tan mío que no lo pueda soltar. Quizás lo que tengo para ganar es un montón.

Dicen que es muy familiera. ¿Eso la frena? Soy muy de extrañar, muy familiera. Me iría por un tiempo, si consigo un trabajo, quizás ahí me quedaría un poquito más.

Su abuelo fue sobreviviente del Holocausto. ¿Qué lugar ocupa el judaísmo en su vida? Mi abuelo vivió en un campo de exterminio y encontró la forma de sobrevivir, entre dentista y peluquero se fue haciendo pasar por distintas profesiones. Escribió un libro que es muy duro. En mi familia ninguno es muy practicante, pero mis raíces judías las siento por su historia de supervivencia y de vida.

En su cumpleaños de 12 (Bat Mitzvah) dio un show con varios cambios de atuendo. ¿Le gustaba el escenario desde niña? Hace unos meses empecé a biodecodificarme, y al cerrar los ojos y pensar en mí de niña, lo que más deseaba era estar en ese momento, en 2015, arriba del escenario, una euforia indescriptible. Se recontracumplió el sueño que tuve toda la vida.

¿Extraña el escenario? Es el lugar por excelencia donde soy más feliz. Me encanta el contacto con el público, la adrenalina que fluye adentro de mí, la devolución de la gente. Más allá de que fui recontracriticada, si tengo que decirte un lugar donde soy realmente feliz y me quedaría para siempre, es ahí arriba.