Estilo de vida
El arte de la caricia orgásmica

Cada vez más parejas acuden a seminarios de sexo tántrico: ¿Cómo son y para qué sirven?

En busca de nuevas experiencias, de profundizar su conexión, conocimiento o ampliar su universo íntimo, cada vez más parejas acuden a seminarios y retiros de sexo tántrico

27.05.2022 07:00

Lectura: 13'

2022-05-27T07:00:00
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Por María Inés Fiordelmondo

Dejar los celulares bien lejos, despojarse de todo lo que incomoda, molesta o sobra, y sentarse en pareja frente a frente, en posición de loto, dispuestos a entregarse completamente a una experiencia sexual aunque no haya en el momento ni un mínimo de excitación, al menos la entendida como una mayor afluencia de sangre hacia los genitales y un aumento del ritmo cardíaco. 

Estremecerse de placer por un roce en la cara interna del brazo, o una caricia en el cuero cabelludo. Sentir una corriente eléctrica en todo el cuerpo, de esas que erizan la piel, a partir de un abrazo, o de sentir el perfume de la piel de la pareja. Atravesar un orgasmo, pero uno diferente, que no implique una bajada repentina de la excitación. O quebrarse en llanto, o reír a carcajadas. O que todo esto junto —y más— pase durante un mismo encuentro sexual, uno que puede durar tres horas, libre de expectativas, prisas y reglas. 

Entre la vorágine del día a día, el solo hecho de pensar en tomarse tres horas para tener un encuentro sexual y que sucedan todas estas cosas parece mucho más una utopía que una posible actividad realizable. De hecho, hacerlo implicaría adentrarse en una filosofía de vida que existe hace al menos 4.000 años, el tantra. En aquellos tiempos tan lejanos, aunque cueste creerlo, ya había parejas que practicaban sexo para llegar a una máxima conexión espiritual y que, tal vez sin saberlo, daban origen a esta disciplina. 

El sexo tántrico puede definirse tranquilamente como todo lo opuesto al sexo convencional —o vainilla, como le llaman los sexólogos—, ese en el que ya existe deseo sexual previo y que si no existe se despierta tocando alguno de esos supuestos botones mágicos, las zonas erógenas, y que da paso al coito, y el coito tal vez conduce al orgasmo femenino y luego a la eyaculación masculina, que pone el punto final al encuentro. Nada de eso tiene que ver con el tantra. 

El tantra, de hecho, no es una técnica ni un tipo de acto sexual. Lo sexual es una sola parte de toda esta doctrina, y desaprender todo lo ya aprendido sobre el sexo es uno de los tantos retos que tiene entrar en ella. No se trata de orgasmos, ni del placer como la finalidad última del sexo, asegura la sexóloga Vanesa Martínez. Por su lado, la terapeuta sexual Mariana Dollonartt define el tantra como “una filosofía de vida, que dentro de ella abarca también el plano sexual, la integridad de la persona incluyendo el plano sexual”. Lucía Britcha, terapeuta holística, lo define como “una cultura, un modo de vivir, una cosmovisión que incluye cómo nos vinculamos con la vida y también con la sexualidad”. 

En el sexo tántrico confluyen el cuerpo y la espiritualidad, apunta Martínez. Y la energía sexual se considera “un poder creativo”. “El énfasis está puesto en la circulación de la energía, haciendo crecer la conexión entre la pareja”, dice. El tantra, aseguran sus referentes, implica un crecimiento tanto a nivel personal como de pareja. 

Aunque existe hace milenios, en los últimos años la disciplina empezó a tomar un nuevo impulso, hasta alcanzar su auge con la pandemia. Para Lucía Britcha, terapeuta holística, el auge del tantra responde a la cada vez mayor libertad sexual pero, sobre todo, al feminismo. “Podés tener sexo con quien quieras, cuando quieras y cuantas veces quieras, y empezamos a sentir la necesidad de otro tipo de conexión más allá de la genitalidad, ganar otros territorios”. Dollonartt explica que el auge tuvo que ver con uno de los efectos residuales esperados de la pandemia, que tuvo como consecuencia “el desencuentro con el otro, o no saber relacionarse bien”, y uno de los pilares del tantra es, justamente, lograr una conexión profunda con uno mismo y con la pareja. Por eso, no es ninguna casualidad que a esta disciplina recurran parejas de 10, 20 años de matrimonio o convivencia que buscan “redescubrirse”. “Es como volver a enamorarse aunque tengas 20 años de matrimonio con alguien”, apunta Dollonartt. 

Un cuerpo, un templo. ¿Y si el cuerpo en su totalidad fuera una zona erógena? Uno de los postulados del tantra es tomar el propio cuerpo y el ajeno como si fuera un templo, y a cada una de sus partes, y sentidos, como sagrados. “Cuando te descubres y sabes todo tu potencial, compartirlo con un otro es maravilloso. Si las dos partes lo lograron, estás descubriendo una nueva amplitud de vida, y a nivel de sexo deja de ser el sexo común, para descubrir otros tiempos, modalidades, darle descanso a la genitalidad, jugar un poco más con todo el resto del cuerpo, que es lo que podemos tener descuidado por la vida misma, el ritmo que llevamos hoy”, indica Dollonartt. Desprenderse de la idea de sexo asociada a la genitalidad es uno de los mayores desafíos, ya que pese a la mayor libertad sexual, esa sigue siendo la visión predominante y contra la que luchan numerosos sexólogos alrededor del mundo. Particularmente, se busca erradicar la visión del sexo “patriarcal y falocentrista”. “El tantra es una práctica que nos invita a la paridad, donde es todo lo contrario a la cosmovisión patriarcal y falocentrista pornográfica. La sexualidad común es rápida, centrada en tiempos del falo y no de la vulva o el cuerpo en general ”, dice Brichta. El sexo tántrico se centra en los tiempos lentos —de ahí que la práctica tome unas tres horas—, en la escucha, la dulzura. “Es una práctica sexual que está conectada con el corazón”, agrega. Y asegura que todo el cuerpo puede convertirse en erógeno a través de los cinco sentidos. “Estamos partiendo de conceptos como que el pene siempre tiene sensibilidad y la vulva también, o los pechos, y muchas veces no la tienen. A veces uno va al cuerpo pensando lo que a uno le gusta y no lo que al otro le gusta, y también es muy difícil aprender a comunicar”. Comunicar lo que a cada persona le gusta es uno de los cuatro pilares básicos del tantra, ya que hasta los propios gustos pueden ser dinámicos, apunta la terapeuta. “Estamos acostumbrados a pararnos en conceptos, ideas y cosas que son fijas en el tiempo. El tantra nos invita a incluir la idea de ciclicidad y movimiento. Hay cosas que por ahí te gustan hoy y mañana no te gustan”. 

La sexóloga Vanesa Martínez menciona otros tres pilares del tantra: alcanzar un estado de plenitud y expansión de la conciencia, y aceptarse a uno mismo y a los demás tal como son; manifestar lo que se piensa y se siente; y vivir el presente con los cinco sentidos.

Se puede practicar en solitario, en pareja o en grupo. El camino más corriente por el que se suele entrar a este mundo es a través de un maestro o referente, que suele brindar espacios —estilo talleres— tanto de forma particular como grupal. 

Dollonartt ofrece seminarios para parejas una vez por mes. A ellos asisten entre ocho y 10 parejas. Cada tanto brinda talleres particulares —de a una pareja—, aunque no sea su método preferido. “Admitimos que el avance en general se hace nutriéndonos con más personas. A una pareja le pasa lo mismo que a otra y conectan desde ese lado, entienden que sus problemas no son suyos, que son cosas que pasan en general, y ahí empiezan a avanzar un poco más. Por eso lo recomendamos a nivel grupal”, sostiene. 

La argentina Lucía Brichta, en tanto, ofrece talleres online que pueden ser individuales o en pareja, y encuentros presenciales grupales en Buenos Aires. Cada tanto también realiza retiros. “Es una experiencia muy nutritiva para las parejas, sobre todo monogámicas. Las prácticas en los retiros son grupales y aunque cada pareja lo decide, solemos estimular a que vayan trabajando con otras personas por fuera de la pareja también”.

Modo de vida. El comienzo de la práctica puede variar en cada seminario. Por lo general se empieza con una meditación, que puede ser tanto en quietud y a través de la respiración, como en movimiento, a través del baile y la meditación activa. La respiración lenta, profunda y extendida es lo que facilita la relajación, invita a estar atentos a las propias sensaciones, a que la energía circule por todo el cuerpo, y aumenta la sensibilidad. 

La desnudez, por lo general, no es un requisito. De más está decir que no para todo el mundo será igual de cómodo sacarse toda la ropa frente a parejas de completos desconocidos. De todas formas, con el tiempo se puede lograr la comodidad y apertura mental suficiente como para que desprenderse de la ropa no sea visto como un problema. Antes de empezar, Dollonartt sugiere dejar a un lado todo lo que moleste. No necesariamente será la ropa. Puede ser un accesorio, o un celular. “Sacarnos lo que carga y ahí conectar en un círculo general que primero es introspectivo, y después sí conectar con la persona con la que elegiste compartirlo”, explica. En esa instancia de respiración también juegan un rol importante las miradas, que aumentan la conexión si se sostienen con la pareja. También se generan instancias a ciegas, donde se priva a las parejas de la vista para que se descubran sin mirarse. Dollonartt cuenta que hay personas que llevan muchos años juntas y habían olvidado el perfume de la piel de su pareja. “Nos dicen que se habían enamorado del olor de su piel y no se acordaban de cuál era, pese a que dormían juntos todos los días. Ese encuentro hace que volvamos a generar todo esto. Es un muy lindo proceso pero tienen que estar dispuestos a volver a ese punto”, señala la especialista. A través de los masajes y caricias también se busca reconexión con “los sentimientos más puros”, como un vínculo materno o un primer despertar sexual. La idea, dice Dollonartt, es recrear “todo lo mejor que te pasó en la vida, que la vida misma te lo va haciendo olvidar, y hacerlo perdurar el resto de tu vida”. 

No obstante, es un mito creer que siempre habrá conexión con la otra persona. De hecho, también existen casos de parejas que a partir del tantra confirman su ya sospechada desconexión. A eso se refiere Brichta: “El tantra no es la clave del éxito, a veces ayuda a las personas a separarse, que se den cuenta de que no tienen nada en común”. En otros casos, se parte desde el desencuentro y luego se encuentra la conexión. “Es falso creer que hay una fórmula mágica que hace que coincidamos. Lo que nos pasa en el trabajo afecta nuestra conexión con el placer, el deseo. Entonces a veces coincidimos, a veces no, pero obviamente en llegar a acuerdos, explorar y habitar distintos aspectos es que va a haber una pareja que pueda vivir en amor”. 

Natalia, de 23 años, y su saliente —un vínculo aún no definido— están inmersos en un camino espiritual. Eso los llevó a asistir a un taller de tantra. De la experiencia, Natalia puede concluir que “es un encuentro donde hay un intercambio energético muy importante”. “No es juntarse a tener sexo. Los encuentros de sexo tántrico se planifican y deben durar como tres horas porque el objetivo no es tener placer, es gozar esa energía vital que se produce por ese intercambio energético”, cuenta. 

Como todo estilo de vida, hay que estar dispuesto a entrar en él. Sobre ese punto, Dollonartt comenta que en las parejas siempre hay uno que llega con menos ganas o algo de miedo. Por sorpresa, estas personas suelen ser las que terminan “más enamoradas de la práctica”, ya que llegan sin ninguna expectativa. Ana recuerda cuando hace unos años, en un viaje a Buenos Aires fue a un taller de tantra con quien ahora es su expareja. “La sensación que me dejó, que después se me hizo difícil llevar a la práctica, es conocer al otro pero desde otro lugar, más profundo. Es todo lento, desde una caricia en la cara hasta un beso, siempre con el respeto al cuerpo del otro, como que todo es sagrado”. 

Brichta explica que en el tantra no hay objetivos. La única intención es conectar con lo que esté pasando. No hay coreografía, performance, ni hay que sentir que se demuestra algo a alguien. “No tenés que parecerte a nada, sino intentar ser espontáneo con vos mismo, lo que puede significar que te agarre un ataque de risa, ponerte a llorar, que tengas ganas de parar y después seguir, tener ganas de otras cosas que no tengan que ver con penetración”, subraya. 

Según Dollonartt, lo que más cuesta, dice, es desprenderse del celular y “apagar la mente”. “Después de que llegamos a ese estado, que lográs despegar y vivir la experiencia, querés todo el tiempo vivir en ese estado. Cuando nos despedimos, miran afuera y es ‘ay, de nuevo la locura, el transporte’”. La buena noticia es que el tantra no se limita a las horas de seminario, de taller o de encuentro sexual. Al tratarse de una filosofía de vida, la intención es trasladar las herramientas adquiridas al día a día. Con el tiempo, las personas se van “independizando” de los talleres. “Ahí está la diversión y el reto. Capaz en el día a día te ibas a bañar con música y ahora preferís conectar con tu respiración e invitar a tu pareja a que te acompañe”, dice la terapeuta sexual. 

Hay parejas que descubren orgasmos nunca antes sentidos en décadas de relación. Esto, en parte, también tiene que ver con adquirir una nueva noción sobre el orgasmo. Según Vanesa Martínez, los hombres pueden alcanzar varios orgasmos —sentidos en todo el cuerpo— sin eyacular. “La idea es lograr el llamado ‘valle del placer’, en lugar del clímax y la bajada repentina de la energía”. Para eso, indica, el varón aprende a detener la eyaculación, “deteniendo la estimulación en el momento previo al no retorno de la emisión seminal, para contraer el piso pélvico junto con la retención de la inhalación”. Y los orgasmos, cualquiera sea el sexo, pueden variar entre vibraciones, sensaciones de expansión y éxtasis por todo el cuerpo, detalla Brichta: “No es solo la descarga o contracciones del útero o eyaculación. Lo orgásmico está relacionado con una sensación de alegría, de comunión con vos y tu pareja, con el universo”. 

Tantra y disfunciones

A los seminarios acuden pacientes derivados por ginecólogos, sexólogos, urólogos, psicólogos, psiquiatras, entre otras especialidades. El tantra puede ayudar en casos de fobias y también de disfunciones sexuales. “Muchas sexólogas nos derivan pacientes con ciertas disfunciones, que recién empiezan o piensan que no tienen arreglo, como una disfunción eréctil o eyaculación precoz, y todo esto de la respiración y conectar hace que tengamos más control de nuestro cuerpo”, apunta Mariana Dollonartt, terapeuta sexual. A nivel femenino ayuda en casos de vaginismo, anorgasmia, entre otras cosas. “No somos maestros pero nos convertimos en un equipo multidisciplinario que por medio del médico o quien sea lo vamos trabajando”, señala.