Estilo de vida
Psicología

Autoeficacia: ¿Qué pueden hacer los adultos para ayudar a los niños a adquirirla?

Este mecanismo para crear confianza en uno mismo es fundamental para la salud emocional de los niños, y también en la adultez. Fomentarla es cultivar un superpoder

27.06.2021 07:00

Lectura: 12'

2021-06-27T07:00:00
Compartir en

Por Patricia Mántaras

Ya en 1977 el psicólogo canadiense Albert Bandura hablaba de autoeficacia. Este profesor de Stanford le puso nombre a lo que definió como el mecanismo más importante en la voluntad humana. La autoeficacia no es nada menos que la fe "de una persona en su propia eficacia para influenciar los acontecimientos que afectan su vida". Esta creencia está en el corazón de la inspiración, la motivación, el desempeño, los logros y el bienestar emocional. Sin ella, difícilmente se tenga el incentivo para perseverar frente a la adversidad. Cuatro décadas después, el concepto mantiene su vigencia y los terapeutas reafirman su importancia.

¿Por qué es tan esencial la autoeficacia en los niños? Porque cuando hablamos de autoeficacia, hablamos de confianza en uno mismo y en los propios recursos y posibilidades y, según explicó la psiquiatra de niños Natalia Trenchi a Galería, "quien confía en sí mismo es como si tuviera un motorcito muy amable que se enciende cuando es necesario y que lo impulsa hacia donde quiere ir". Sin esa confianza en uno mismo "los conocimientos y los talentos pueden servir de poco".

En los niños, los padres y el entorno (la escuela, los docentes, los pares) cumplen un rol clave en los fundamentos de la autoeficacia. Y si bien puede parecer sencillo, a veces hacen falta ciertos ajustes en la crianza para que ese mecanismo se ponga en marcha .

No es lo mismo.
Aunque pueden confundirse, la autoeficacia y la autoestima son dos conceptos que aluden a aspectos bien distintos. Mientras que el primero refiere a los juicios propios sobre las capacidades personales, el segundo tiene más que ver con la sensación de valía. Según un estudio más reciente del mismo psicólogo que acuñó el término, Albert Bandura, la autoeficacia "predice las metas que una persona traza para sí misma así como su esfuerzo en el desempeño, a diferencia de la autoestima, que no influencia ni las metas personales ni el desempeño académico".

La autoeficacia incide también en el bienestar y habilita a ver las dificultades más como desafíos que como amenazas. Las personas con una percepción sólida de autoeficacia "atribuyen los fracasos a un esfuerzo insuficiente o falta de conocimiento" y abordan las situaciones amenazantes "con la seguridad de que pueden ejercer control sobre ellas". Esa perspectiva reduce la ansiedad, "el estrés y disminuye la vulnerabilidad a sufrir depresión", según el psicólogo. Mientras que las personas sin percepción de autoeficacia son más propensas a atribuir sus éxitos a la suerte o el azar, las que sí la tienen se reconocen a sí mismas como agentes de cambio.
Por eso, propiciar ese sentido de autoeficacia en los niños es proporcionarles una herramienta poderosa no solo para la infancia, sino para toda la vida.

Autónomos y perseverantes. Según Trenchi, es fundamental que las familias comprendan la importancia de trabajar para fortalecer el sentido de autoeficacia en los niños. "Eso no significa hacerles creer que son los mejores en todo y que pueden lograrlo todo siempre, sino hacerlos conscientes de sus fortalezas y del tremendo poder de la práctica, el esfuerzo y el tesón".

Para eso recomienda prestar atención a diferentes aspectos de la crianza, como la autonomía. "Uno de los grandes secretos para criar niños seguros de sí mismos es tener la sabiduría de irles permitiendo hacer lo que ellos van siendo capaces de hacer. Cuando, llegado el momento, estimulamos y festejamos sus primeros pasos aun sabiendo que se caerán, lo hacemos porque sabemos que no hay otra manera de aprender a caminar que no implique aprender a caerse y a levantarse", explica. Para criarlos fuertes es necesario manejar cuidadosamente el paso de la dependencia a la autonomía gradual y posible en cada etapa. "Sin autonomía no hay logros que valgan internamente. Cuando los dejamos enfrentar un desafío les estamos mandando un poderoso mensaje sin palabras que dice: ‘¡Yo sé que podrás!'. Y ese mensaje se interioriza y se transforma en el tan deseado ‘yo puedo', capaz de mover montañas".

Otro aspecto a tener en cuenta especialmente es la exigencia, entendida como el ejercicio de ir planteándole desafíos al niño que impliquen desarrollar y fortalecer habilidades y capacidades, pero nunca forzando sus posibilidades. "Un adulto sabe exigir a un niño cuando conoce y respeta lo que ese niño es capaz de dar por su nivel de desarrollo y características personales, y le plantea un pequeño desafío alcanzable a partir de allí con algo de esfuerzo", asegura Trenchi. Por otro lado, "pedir más allá de las posibilidades es debilitante. Lo que fortalece es el esfuerzo que culmina en un logro". A su vez, lo saludable no es poner el foco exclusivamente en la meta alcanzada, sino en el proceso, motivando con un "¡Qué bien! ¡Te equivocaste y buscaste la solución en lugar de abandonar!", o "Te felicito por buscar ayuda cuando la necesitaste". Lo que se valora no es, según la psiquiatra, el éxito, sino el avance deliberado y emocionalmente inteligente.

Debe evitarse a toda costa proponer al niño un desafío prematuro, en el que probablemente falle, y lo aconsejable es siempre medir el éxito en términos de autosuperación y no en comparación con otros.

Una voz interior. También el feedback es importante en este camino. "La confianza en uno mismo puede pensarse como una poderosa vocecita interior que nos da confianza y nos estimula al esfuerzo, que se hace oír cada vez que enfrentamos un desafío o una actividad. ¿De qué depende que nos aliente o que nos boicotee anunciando el fracaso inevitable? Ese pensamiento que nos estimula o nos amilana es el heredero de la voz de nuestros padres y de nuestros educadores, de todo lo que nos han dicho con sinceridad a lo largo del tiempo sobre nosotros mismos. Por eso es tan importante que los adultos significativos sean más sensibles a los avances que a los errores, que aprendan a alentar apoyados en la motivación, que acepten la equivocación como parte del proceso, que valoren la actitud y el esfuerzo inteligente", afirma Trenchi. "Si, por el contrario, son hiperexigentes, hipercríticos, perfeccionistas a ultranza, imposibles de satisfacer en sus expectativas, la confianza del niño en sí mismo se verá debilitada a veces irremediablemente".

Dar el ejemplo también es importante. "Ver personas parecidas a uno ser exitosas gracias a un esfuerzo sostenido aumenta en el observador la creencia de que ellos también tienen la capacidad de triunfar en actividades comparables", escribió Bandura. Cómo hablamos de nosotros mismos (o a nosotros mismos) también transmite un mensaje extremadamente poderoso.

Paternidades imperfectas. No solo los recientemente denominados "padres helicóptero" -ultracontroladores- han socavado la autoeficacia en los niños. También lo hacen los "sobreprotectores, los negligentes, los poco comprometidos, los hiperexigentes, los punitivos", sostieneTrenchi.

Pero, pese a que como madres o padres no nos identifiquemos con ninguno de estos adjetivos, puede que de todas maneras no estemos incentivando la autoeficacia en nuestros hijos. Los motivos son varios y están muy arraigados. "En nuestra cultura aún prima la idea de que ‘una buena madre hace todo por sus hijos', y muchas mujeres pueden sentirse culpables por no levantar la ropa que dejan tirada o por no atenderlos como una esclava sacrificada. Esa es una idea que hay que cambiar si no queremos criar niños débiles e indolentes", explica la psiquiatra. "Otras veces puede resultar más fácil hacer todo por ellos para ganar tiempo, cuando en realidad los estamos privando de oportunidades de aprendizaje y crecimiento".

¿Cómo se hace entonces para cultivar la paciencia y dejar que se equivoquen o demoren más de la cuenta cuando les pedimos ayuda? "Entendiendo cuál es nuestro rol: fortalecerlos". Y, por supuesto, haciendo el perfeccionismo a un lado: "No importa nada que salgan relucientes para la escuela si eso fue el resultado de que la mamá lo vistió, peinó y acicaló. Mejor que lleven el saco mal abotonado pero que haya sido un esfuerzo del niño", asegura Trenchi.

Según un estudio de 2015 de la Universidad de Minnesota, uno de los principales predictores del buen desarrollo emocional de una persona, de su capacidad de adaptarse, de crear relaciones significativas y hasta del éxito académico y laboral que alcance, es la llamada sensibilidad maternal (y paternal); es decir, la habilidad de interpretar el sentido detrás de los comportamientos del niño y responder oportuna y apropiadamente. El neuropsiquiatra Daniel Siegel, autor del bestseller Mindsight (2009), sintetizó una forma de alimentar el apego seguro en cuatro S (en inglés): que el niño se sienta seen (visto, pero profunda y empáticamente, entendiendo su forma de ser y su sentir), safe (a salvo, evitando acciones y respuestas que puedan atemorizarlo), soothed (apoyándolo al lidiar con situaciones o emociones dolorosas, dándoles la certeza de que estamos ahí), y secure (seguro, ayudándolo a internalizar una sensación de bienestar y de sentirse cómodo en el mundo). En pocas palabras, estar y escuchar, verdaderamente.

Sentido de propósito. Tener un propósito (o más de uno) es un motor a cualquier edad, y ayudar a los niños a encontrar uno (acorde a su edad y habilidades) y a que estén dispuestos a fracasar y a volver a intentarlo para cumplirlo, es parte de la paternidad. Proponerles alguna tarea que sabemos pueden ejecutar con éxito es ayudarlos a afianzar su percepción de autoeficacia. Las tareas del hogar son una opción y tienen la ventaja de que están al alcance de la mano. "Siempre es bueno que hagan lo que pueden hacer por ellos mismos. Criarlos con conciencia de que la familia es un equipo de personas que disfrutan la convivencia y se apoyan unos a otros es muy importante. Que aprendan que todos tienen algo para ofrecer a los demás, los valoriza. Que aprendan que cada uno tiene que hacerse cargo de algunas cosas, permite el desarrollo de destrezas físicas y mentales y los prepara para vivir mejor en el mundo real", asegura Trenchi.

La autoeficacia es fortalecedora. Al posicionarlos con mayor firmeza y respeto por ellos mismos puede, incluso, ayudarlos a lidiar mejor con el bullying aunque, claro, tampoco los hace inmunes: "Con el acoso por lo general no pueden solos y necesitan la intervención del mundo adulto para desarticular la situación".
Los beneficios de la autoeficacia duran toda la vida. Particularmente en la adolescencia puede ayudarlos a hacer más llevadera la transición de la infancia a la adultez, facilitando la creación y conservación de vínculos sociales y también la resistencia a la presión de los pares para involucrarse en actividades transgresoras, según Bandura. Además, es un buen protector contra las adicciones. "Todo lo que favorezca la fortaleza mental funciona como un antídoto frente a muchos peligros de la vida. Entre ellas las adicciones. Hay veces en que la entrada al consumo de sustancias es para lograr un estado de bienestar que no se consigue de otra manera, o para animarse a cosas que no se logran si no. Si un jovencito está bien plantado, se valora a sí mismo, tiene una vida que le permite experimentar bienestar, no va a quedar atrapado en la trampa de la sustancia", aseguraTrenchi.

Amiga eterna. En la adultez, la autoeficacia también repercute tanto en pequeñas acciones que inciden en el estilo de vida como en decisiones más relevantes. Un estudio de hace unos años se propuso averiguar por qué los consumidores estadounidenses gastaban alrededor de 4.000 millones de dólares al año en caminadores, bicicletas fijas y otros equipamientos para hacer ejercicio si, alrededor de 40 por ciento, los usaba mucho menos de lo que esperaban. De la investigación se desprendió que al cabo de un año los compradores que mostraban altos niveles de autoeficacia tenían tres veces más probabilidad de seguir ejercitando.

"Hay fuerte evidencia de que los logros y el bienestar humano requiere un sentido optimista de autoeficacia personal", escribió Bandura. "Las personas con un alto sentido de eficacia tienen el poder de superar los obstáculos y contratiempos que caracterizan a los proyectos dificultosos", agregó. Para demostrarlo, el psicólogo cita un libro titulado Rejection (Rechazo, 1982), de John White, que habla precisamente de que fue gracias al sentido de autoeficacia y a la resiliencia ante reiterados reveses que eminencias de distintos ámbitos llegaron a serlo. Y enumera varios nombres destacados de la literatura: James Joyce (rechazado por 22 editoriales), Gertrude Stein (rechazada por 20 años antes de que aceptaran sus poemas) y a E. E. Cummings (16 rechazos contados).

Por el contrario, "confiar poco en uno mismo es garantía de cometer errores evitables, de tomar malas decisiones, de elegir mal. Es como andar por la vida siendo asesorado por un enemigo", resume Trenchi.
"No puedes evitar que los pájaros de la preocupación vuelen sobre tu cabeza, pero sí que hagan un nido en ella", dice un proverbio que cita Albert Bandura en uno de sus estudios. La percepción de autoeficacia ayuda a controlar los procesos de pensamiento y eso es clave, según el psicólogo, para regular los mecanismos que generan estrés y depresión, y también para reducir la ansiedad y el comportamiento evitativo.

Cultivar la autoeficacia es, entonces, trabajar para que lo que anide en la cabeza de los niños que crecen a nuestro lado no sea la preocupación, sino una voz amiga.