Cultura
Conectar con el libro sin leer

Audiolibros: un regreso a la narración oral

De a poco crece y se instala el hábito de escuchar audiolibros, una forma diferente de conectar con el libro pero tan válida como la lectura.

05.04.2020 07:00

Lectura: 12'

2020-04-05T07:00:00
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Por Patricia Mántaras

De niños nos acostumbramos a escuchar historias. Tenemos la capacidad de seguir un argumento con palabras que nos dicen y que no podemos releer, pero que, aun así, nos permiten reproducir pasajes enteros sin haberlos leído nunca. Un día aprendemos a leer y nos volvemos independientes y autosuficientes. Ya no necesitamos que nadie nos lea, y poco a poco perdemos el hábito de escuchar, de concentrarnos en un relato que lee y entona otro.

La aparición del audiolibro en la escena es un regreso a la narración oral. Esa función que en una época también supo cumplir el radioteatro y que caducó con la llegada de la televisión, vuelve paradójicamente en un momento en que lo visual prevalece. Pero surge también en un momento en que el tiempo es escaso. El audiolibro se vuelve entonces una oportunidad de "leer" mientras se sale a correr, se hace las tareas domésticas, en el tiempo muerto de un embotellamiento de tránsito o cuando se viaja en ómnibus.

La tendencia, que comenzó a instalarse en 2014, ha crecido notoriamente y se ha afianzado en el último año en países hispanohablantes; fundamentalmente en aquellos con distancias largas, que implican más tiempo de traslado, como España, México y -aunque su idioma oficial sea el inglés- Estados Unidos. De 6.000 títulos disponibles en español en 2017, se saltó a 8.000 en 2018 y a más de 10.000 en 2019.

En tiempos de cuarentena, vale leer o que nos lean, siempre que la experiencia sirva para hacer desaparecer las paredes y lo techos, para imaginar otros espacios y otras vidas. Si bien hay quienes se aferran aún al libro físico y se niegan a pasarse incluso al e-book, en la era de la multitarea el audiolibro viene no solo a contarles historias a quienes no pueden leerlas, también a quienes no tienen el tiempo o eligen que se las lean en voz alta mientras ellos hacen algo más o se limitan, simplemente, a escuchar.

La experiencia. Si alguien dice El gran Gatsby, Tanya Marie Luhrman piensa en Polypodium californicum y Festuca idahoensis. Estaba trabajando en su jardín cuando dio play al audiolibro del clásico de F. Scott Fitzgerald. Ya lo había leído, pero, según cuenta esta antropóloga y profesora de la Universidad de Stanford en su columna de The New York Times, esta "relectura" hizo que asociara la historia, determinados pasajes y el Rolls-Royce amarillo de Gatsby a ese verano en el que tuvo sus manos en la tierra mientras respiraba una brisa con aroma herbal. "La creación de esta riqueza sensorial fue de hecho una meta explícita de las lecturas orales de la Biblia en los claustros de la Europea medieval, para que las tareas diarias estuvieran imbuidas de la Sagradas Escrituras, y así fueran recordadas a través de tareas cotidianas", escribe.

Escuchar una historia en vez de leerla es una experiencia diferente en lo que respecta a los sentidos y no sustituye al libro. Según una investigación hecha en España, 50% de los audiolectores no había leído ningún libro el año anterior. Este dato sugiere que puede ser también una forma de ganar o recuperar lectores. "El audiolibro no ha sido percibido como un enemigo del libro ni del sector, sino como un aliado de la lectura y las historias", dijo a El País de Madrid Javier Celaya, responsable de la empresa sueca Storytel, pionera en el streaming de podcasts y audiolibros. En España el fenómeno ha creado nuevos puestos de trabajo y ya hay autores que producen textos directamente para ser leídos en voz alta, buscando sacarle el mejor partido al recurso.

El grupo editorial Penguin Random House comenzó a producir audiolibros en 2014 y ya tiene más de 1.200 en su catálogo en la página web (megustaleer.com.uy). Entre ellos se encuentran obras de autores como Ken Follett, Margaret Atwood, Isabel Allende, Arturo Pérez-Reverte, Gabriel García Márquez, Julia Navarro, Stephen King, Robert T. Kiyosaki, John Green y George R. R. Martin.
En Uruguay el fenómeno es aún incipiente, pero ya hay algunos audiolibros de autores nacionales, como La niña que miraba los trenes partir de Ruperto Long, Una oveja negra al poder de Ernesto Tulbovitz y Andrés Danza, El lugar inalcanzable de Claudia Amengual, La decisión de Camila de Cecilia Curbelo y Educar sin culpa de Alejandro De Barbieri.

"La otra vez una mamá me comentaba que su hija tenía una dificultad inmensa para leer, para ver, y me preguntaba por el audiolibro La decisión de Camila", cuenta Curbelo, cuyo libro fue uno de los primeros en llevarse a ese formato. "A veces uno no tiene en cuenta esos casos puntuales, pero los audiolibros son una herramienta espectacular, que además los vincula a toda una comunidad de lectores que manejan los mismos códigos. Hay un sinfín de posibilidades para el audiolibro, es una herramienta fabulosa".

El español Santiago Posteguillo vio su novela Yo, Julia convertida en audiolibro y pensó inmediatamente en la posibilidad de que su obra llegara así a más gente. "Hay personas que o bien por cuestiones de visión o bien por cuestiones de tiempo no pueden leer tanto como quisieran, y la verdad es que el audiolibro te permite leer y escuchar literatura en momentos y en circunstancias donde de otra forma no podrías leer", dijo a El País de Madrid. "La gente quiere literatura, quiere leer historias, quiere oír historias, quiere vivir historias, de mil formas diferentes, y eso es lo que el audiolibro está proporcionando, una forma adicional de recibir historias". Ese libro es uno de los cuatro títulos del autor disponibles para descargar en la página de Editorial Planeta (planetadelibros.com.uy). El catálogo, que todavía no tiene títulos uruguayos, incluye novelas como La transparencia del tiempo de Leonardo Padura, o la primera entrega de la serie Millennium de Stieg Larsson, Los hombres que no amaban a las mujeres.

Según Julián Ubiría, director de Penguin Random House Grupo Editorial en Uruguay, aquí el público objetivo del audiolibro es equiparable al de otros países: son "personas que quieren aprovechar tiempos estáticos para incorporar contenidos editoriales (largos viajes en auto, ejercicios, etc.)". Y agrega otra bondad del formato. "También es una buena oportunidad para escuchar el libro entre varias personas y poder compartir impresiones".

La lectura compartida de cuentos entre padres e hijos es un ritual habitual antes de ir a la cama, pero de esta forma podrían sumarse otras instancias en el día, que en las circunstancias actuales pueden hacerse muy largos. Hasta hace unos años podían encontrarse libros infantiles que venían acompañados de un casete con la narración oral del texto. Hoy existe el audiolibro para niños en plataformas digitales.

Andrés Danza, otro de los autores uruguayos con audiolibro propio, reconoce seguir siendo fiel al papel, pero sí recurre a los audiolibros con su hija Matilda. "Muchas veces le ponemos los de una página elaborada por Primaria que se llama Mundo Primaria y que tiene una serie de audiocuentos clásicos", dice.

En estos días la aplicación Audible, de Amazon, liberó todos sus contenidos infantiles (hay muchos títulos en español), que pueden escucharse gratis mientras las escuelas sigan sin dictar clases.

La producción. En España, la producción de cada audiolibro ronda los 5.000 dólares. El costo elevado tiene que ver con que es necesario recurrir a un actor para que haga la narración. En mercados como España o México es habitual que quienes leen los audiolibros sean voces del mundo del doblaje. Aunque la lectura no debe ser una actuación del texto, sí requiere un trabajo de interpretación de los personajes y una voz narrativa que les dé las entonaciones y las pausas adecuadas.

En ambos países, grandes productores de audiolibros, Penguin Random House cuenta con estudios de grabación propios. Allí, libros como Cerebro de pan, Alimenta tu cerebro y Más allá de tu cerebro de David Perlmutter fueron narrados por Edson Matus, voz de los actores Henry Cavill y Jeremy Renner en el doblaje al español neutro. Lili Barba, voz de Hilary Duff y Megan Fox, es la narradora de Un pequeño favor de Darcey Bell, y Víctor Manuel Espinoza, quien dobla a Homero Simpson, prestó su voz a la saga Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin. En el caso de Como agua para chocolate de Laura Esquivel, la narradora fue una de las actrices de la película, Yareli Arizmendi.

Grandes actores han sido narradores también de audiolibros en inglés. Meryl Streep ha leído Heartburn, el libro de Nora Ephron que inspiró una película también protagonizada por la actriz; Tom Hanks le puso su voz a La casa holandesa de Ann Patchett, y, por razones obvias, a Uncommon Type: Some Stories, un libro que reúne 17 relatos de su autoría. Nicole Kidman leyó Al Faro de Virginia Woolf; Claire Danes narró A Handmaid's Tale de Margaret Atwood; y Laura Dern prestó hace poco su voz para Mujercitas de Louisa May Alcott, en cuya última versión cinematográfica interpretó a Marmee March.

Muchas veces participa también un director para orientar al actor en la intención de los personajes y para asegurarse de que el tono se mantenga en el transcurso de toda la lectura, que puede llevar días y días de trabajo.

Hay contados ejemplos de autores que leen sus propios textos en el audiolibro, pero no es lo más frecuente. Rosa Montero e Isabel Allende lo han hecho. "La grabación de un audiolibro requiere determinadas destrezas en la vocalización que son específicas, por lo cual normalmente los libros son leídos por actores. Cuando enviamos un título a convertir, viene acompañado de un briefing donde instruimos sobre el tipo de voz que imaginamos de acuerdo al contenido. La productora nos devuelve una prueba de un mismo pasaje leído por cuatro actores, y nosotros determinamos quién es el más adecuado", explicó Ubiría, de Penguin Random House. Se hace entonces una especie de casting de voces.

Los títulos uruguayos que se convirtieron en audiolibros se grabaron en Argentina, donde la editorial tiene un estudio de grabación acondicionado para eso. Según cuenta Cecilia Curbelo, la editorial la involucró en el proceso de selección de la voz que contaría la historia. "Me mandaron tres versiones del primer capítulo con tres voces diferentes y yo podía votar quién me parecía que representaba más a la Camila que yo escribí", cuenta. "Lo que es increíble es que en esas tres versiones las tres chicas leían de diferente manera, la entonación que le daban era distinta, y una se pone a pensar cuántas entonaciones hay en un mismo texto de todas las personas que lo leen. Yo creo que eso es fabuloso, lo que pasa es que en el audiolibro tenés que conformarte con una. Y tratar de que represente lo mejor posible a ese personaje y a toda esa historia que vos estás contando".
Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz transitaron un camino parecido. "En la editorial nos ofrecieron distintas alternativas para las voces y nosotros, los autores, elegimos las que estaban más cerca de lo que teníamos en mente, tanto para la voz de los autores como la voz de (José) Mujica", explicó Danza.

Claudia Amengual cuenta que es "un poco raro para el autor escuchar su texto transformado en audio", porque al fin y al cabo "es una interpretación del texto". "Pero no importa, porque finalmente después de que (el escritor) publica su texto lo larga y lo somete a la consideración, a la mirada, a las interpretaciones de quien lo reciba. O sea que para mí es superválido".

Pasado, presente y futuro. De alguna manera las historias orales han recobrado vigencia. Justo cuando el tiempo apremia, dejarse llevar por una historia mientras se lava los platos, se amasa un pan o se camina al trabajo es enriquecer ese momento. 

El anacronismo ya no es tal, pues el hábito se adapta al ritmo del mundo 2.0 con plataformas modernas para acceder a estos relatos. Hay alrededor de 25 aplicaciones en las que obtener y escuchar audiolibros, aunque las más populares son Audible, Google Play, iTunes, Kobo, Audioteka y Storytel.

Hasta 2018 eran 3.000 millones de horas las que habían descargado los usuarios de los 180 países en que está disponible el servicio de Audible, de Amazon, el gigante del comercio electrónico que comenzó comercializando libros.

Según pronostica Deloitte, este año el mercado mundial de audiolibros crecerá 25%, lo que habla de un hábito que sigue afianzándose. "El audiolibro está creciendo exponencialmente en todos los mercados. Como sucedió con el e-book, los mercados más receptivos a estas iniciativas son los anglosajones. Evidentemente, nuestro mercado es muy pequeño y el volumen es aún inestimable, pero la apuesta del grupo es a fortalecer el catálogo global con títulos de todos los países donde Penguin actúa", dijo Ubiría.

Tanto las editoriales como los propios escritores, muchos de ellos consumidores de audiolibros, sostienen que optar por escuchar la narración del texto en lugar de leerlo no habla de una pereza creciente en los lectores, sino de buscar una experiencia por completo diferente. Como ver la película sobre el libro que la originó; una no sustituye a la otra. Nos habíamos olvidado de lo que era escuchar historias, y los audiolibros son una gran oportunidad de reencontrarse con esa voz que de alguna manera se vincula con aquellas narraciones orales con las que, si tuvimos suerte, crecimos acompañados. No subestimemos el poder de una historia narrada en voz alta.