Cultura
La belleza de un monstruo

Así se hizo El hombre elefante

Hace 40 años se estrenaba el film que puso a David Lynch en el mapa del cine mundial

05.07.2020

Lectura: 13'

2020-07-05T07:00:00
Compartir en

Por Juan Andrés Ferreira

Aunque Cabeza borradora (1976) es la película con la que comenzó todo y en la que parece condensarse buena parte de su visión artística, fue su siguiente obra, El hombre elefante (1980), la que impulsó la carrera del por entonces joven aspirante a cineasta David Lynch (Missoula, 1946). Fue por esa película que obtuvo la legitimación, el reconocimiento y la proyección internacional que le permitieron, luego, desplegar un universo propio, reconocible apenas se entra en contacto con él, que atraviesa diferentes ramas artísticas, desde la pintura, el dibujo y la escultura, la música, el cine y la televisión, y del que se desprenden obras maestras como Terciopelo azul (1986) o sancochos de magnitud cósmica como Dune (1984).

El hombre elefante fue un éxito de crítica y público. Recibió ocho nominaciones al Oscar. Gracias a este título, Lynch pasó de ser un secreto a convertirse en el sabor del mes. Fue tentado por George Lucas para dirigir El retorno del Jedi (1984) y por Francis Ford Coppola, que lo invitó a unirse a su productora, Zoetrope (Lynch no lo hizo pero en una reunión con Coppola conoció a Sting, que luego trabajaría con él en Dune). Pero fue un arduo proceso.

Cabeza borradora tardó siete años en hacerse. Es indescriptible, siniestra, fascinante, por momentos brillante. Es, también, una de las mejores definiciones de lo lyncheano, entendido como algo que, en palabras del escritor David Foster Wallace, "alude a un tipo particular de ironía donde lo muy macabro y lo muy rutinario se combinan de tal forma que revelan que lo uno está perpetuamente contenido en lo otro". Es "una de esas películas de las que uno no se recupera", en opinión del compositor y crítico cinematográfico Michel Chion, autor de un libro exquisito y esencial sobre el realizador, titulado simplemente David Lynch (Paidós, 2003). "No sé qué habría pasado si hubiera continuado haciendo películas como Cabeza borradora", reconoció el director. "No sé si hubiera podido continuar haciendo cine". Las razones por las que siguió haciendo cine se despliegan en distintas líneas narrativas. Líneas en las que confluyen una entusiasta babysitter, dos productores decididos, el rey de la comedia de la década de 1970 y una de las historias más tristes y conmovedoras de las que se tenga registro.

Se reparan tejados. La siguiente línea narrativa se desarrolla poco tiempo después del estreno de Cabeza borradora. En ella, Lynch recibe el llamado del productor Stuart Cornfeld, embrujado por la película. Le pregunta a Lynch en qué anda. "Reparo tejados", responde el director. El filme se estaba moviendo muy despacio dentro del circuito under y la economía del cineasta se encontraba en un estado de preocupante fragilidad. Cornfeld le ofrece ayuda para echar a andar su próximo proyecto. "Lo importante ahora es que pongas otra película en marcha", le dice. El realizador le presenta Ronnie Rockett, en palabras de Lynch, una trama detectivesca sobre "el carbón, el petróleo y la electricidad", una extraña historia de iluminación envuelta en humor sombrío. Aunque lo intentan, no consiguen financiación. Por sugerencia del productor, Lynch se abre a la posibilidad de estudiar y trabajar guiones que no fueran suyos.

En otra línea narrativa ocurre lo siguiente. Existe una joven llamada Kathleen Prilliman que trabaja como babysitter en la casa del productor cinematográfico Jonathan Sanger, asistente de dirección de Mel Brooks, realizador de Con un fracaso... millonarios, Locura en el oeste, Las angustias del Dr. Mel Brooks y El joven Frankenstein. Resulta que el novio de Prilliman, llamado Chris De Vore, escribió con su amigo Eric Bergren un guion inspirado en la historia real de Joseph Merrick, mejor conocido como "el hombre elefante". Sanger lee el guion (de 200 páginas, un exceso) y queda fascinado. Ofrece a los escritores mil dólares por tener los derechos durante un año. De Vore y Bergren acceden con la condición de que les permita seguir formando parte del proyecto como guionistas. Hecho. A continuación, Sanger se comunica con un amigo que había conocido precisamente durante el rodaje de Las angustias del Dr. Mel Brooks. Ese amigo es Stuart Cornfeld. "Tienes que leer esto", le dice. Cornfeld acata. Y, tras leer el libreto, llama a Sanger: "Conozco al hombre apropiado para dirigirlo". Acto seguido, Cornfeld telefonea a Lynch. La reparación de tejados quedará para otro momento.

Mitad hombre. Ahora, un flashback. Inglaterra, fines del siglo XIX. En una feria de freaks discurre la historia de Joseph Merrick, "el gran espectáculo de la naturaleza: mitad hombre, mitad elefante". Merrick, el Hombre Elefante, luce un cráneo gigantesco, de 91,44 cm de circunferencia, en cuya parte superior, lo cuenta él mismo en su autobiografía, hay "una sustancia carnosa tan grande como un tazón de desayuno"; la otra parte, continúa el propio Merrick, es una "sucesión de colinas y valles". Cuando habla de su rostro, simplemente dice: "Es una visión que ninguna persona podría imaginar". Debido a su enorme masa craneal, Merrick no puede dormir "como los demás", dice. Debe hacerlo sentado, apoyado en almohadones, con la cabeza entre las piernas.

Merrick tiene neurofibromatosis, un trastorno genético del sistema nervioso que afecta principalmente el desarrollo y crecimiento de los tejidos ocasionando tumores, verrugas, papilomas y deformidades en los huesos. Aunque aquí, ahora, en el Londres victoriano, todavía no se sabe, no existe tal cosa. Aquí, ahora, es un monstruo y como tal es exhibido en ferias y circos.

Continúa Merrick: "La mano derecha tiene casi el tamaño y la forma de la pata delantera de un elefante, midiendo más de 30 cm de circunferencia en la muñeca y 12 en uno de los dedos. El otro brazo con su mano no son más grandes que los de una niña de 10 años, aunque bien proporcionados. Mis piernas y pies, al igual que mi cuerpo, están cubiertos por una piel gruesa y con aspecto de masilla, muy parecida a la de un elefante y casi del mismo color. De hecho, nadie que no me haya visto creería que una cosa así pueda existir". Merrick padece además problemas de cadera y, dada las condiciones en las que vive, despide un olor pestilente.

Cuando el cirujano Frederick Treves se encuentra por primera vez con el Hombre Elefante, además del asombro y la perplejidad que le provoca su aspecto, piensa que es retrasado. El monstruo apenas habla y cuando habla se le entiende muy poco. Treves lo lleva al Departamento Anatómico de la Facultad de Medicina para estudiarlo. Y entonces descubre que no solo no es retardado. Merrick es inteligente, sensible y cultivado. Tiene un gusto refinado por el arte. Durante sus años en ferias y circos leía todo lo que llegaba a sus manos: recortes de la Biblia, páginas de diarios sueltas, fragmentos de novelas rosa (pensaba que eran crónicas y a veces se preguntaba por el destino de tal o cual heroína). Aparentemente, su inteligencia es superior a la media.

Treves consigue trasladarlo al Hospital de Londres. Lo aloja en una de las habitaciones para huéspedes. El director general del Hospital de Londres, Carr Gromm, publica una carta a The Times describiendo el caso con el fin de recibir ayuda de los contribuyentes. Llueven donativos. Otros medios se hacen eco de la situación y Merrick se convierte en una celebridad. Lo visita la crema de la burguesía, figuras del arte, contemporáneos ilustres como la actriz Madge Kendal y la princesa Alexandra de Gales. Según Treves, Merrick se enamora de casi todas las mujeres, especialmente las jóvenes, que acuden a visitarlo.

El tiempo que pasa en el hospital lo vive lo mejor que puede, dadas sus condiciones. Logra ir una vez al teatro, pasea por el campo, lee a Jane Austen y escribe poesía, además de construir la maqueta de una catedral usando solo su mano hábil. Son los años más felices en la vida de Merrick, para quien su deformidad se debía al ataque de un elefante que sufrió su madre durante el embarazo. Y fue una vida breve. En abril de 1890, con 27 años, decide dormir "como los demás". Se acuesta boca arriba. El peso de su enorme cabeza daña sus vértebras cervicales. Y así se va de este mundo.

Freaks. De vuelta al siglo XX. De Vore y Bergren se basaron principalmente en The Elephant Man and Other Reminiscences (1923), escrito por Treves, quien erróneamente llamaba John a Joseph (error que también pasó al guion y la película). Aunque no son los únicos hechizados con el personaje. En Hollywood se habla mucho de Elephant Man, obra teatral de Bernard Pomerance inspirada en la historia de Merrick, quien era personificado nada menos que por David Bowie (lo siguieron Mark Hamill y Bradley Cooper). La pieza está ambientada en la época en la que Merrick es explotado como fenómeno de feria, mientras que el guion de Bergren y De Vore se centra principalmente en los últimos años de vida del protagonista, aunque también contempla aquellos tiempos difíciles. Temiendo que alguien les gane de mano, Sanger y Cornfeld se apresuran a buscar financiación. El guion pasa por seis estudios de cine y nadie le da el visto bueno. Hasta que llega a manos de Brooks.

Brooks está montando una productora con la que se propone hacer películas fuera del género comedia. Necesita un título fuerte. "Siempre he sido secretamente un intelectual al que le entusiasman Gogol y Thomas Hardy, pero enseguida me encasillaron como payaso, y sé cuál es mi lugar", comentó Brooks. "Sin embargo, eso no era óbice para que no produjera películas serias, y descubrí que podía hacerlo siempre que no apareciera el nombre de Mel Brooks".

Brooks piensa que el proyecto puede ser una buena oportunidad para el joven realizador británico Alan Parker, director de Expreso de medianoche (1978), pero Cornfeld insiste: la tiene que dirigir Lynch. Concreta una reunión entre ambos y prepara una función privada de Cabeza borradora. Lynch aguarda fuera de la sala mientras el productor ve la película. Tras la proyección, Brooks sale de la sala. De inmediato abraza a Lynch y le dice: "Estás loco. ¡Te amo! Estás dentro". Qué mejor que un freak para retratar a otro freak.

Bautismo de fuego. "Una cosa que siempre me entristeció de Merrick era el hecho de que no podía sonreír", escribió Treves. "Fuera cual fuese su alegría, su rostro permanecía impasible. Podía llorar, pero no podía sonreír". Está claro que no es un papel para cualquiera.

Lynch quiere a Jack Nance, con quien trabajó en Cabeza borradora, para el papel de Merrick. Brooks, el productor, tiene otra idea: John Hurt, que trabajó en Expreso de medianoche. O Dustin Hoffman, que promete. El papel, finalmente, va para Hurt, que luego sería nominado al Oscar por su trabajo. Para interpretar a Frederick Treves, Brooks convoca a una estrella en ascenso, Anthony Hopkins. Para encarnar a la actriz Madge Kendal, celebridad amiga de Merrick, contrató a su esposa, Anne Bancroft.

Durante la producción, Lynch piensa que puede encargarse de todo. Así que, para su segunda película, además de coguionista y director, decide ser el encargado de confeccionar el maquillaje protésico para el protagonista. Trabaja asilado del equipo, solo en su garaje, encarnando el estereotipo del científico loco encerrado en su laboratorio. Así está durante unas 12 semanas, solo permitiendo el ingreso a Jennifer, su hija, a quien usa como modelo para crear la cabeza deforme de Merrick. Lynch usa glicerina, talco para bebé, látex y otros materiales. A poco de iniciar el rodaje, cuando prueban la máscara sobre la cabeza de Hurt, queda claro que Lynch puede ser un artista imaginativo, pero no tiene los conocimientos suficientes como para ser él mismo, él solito, el departamento de maquillaje de una película. En especial, para una película como esta. Hurt, sin poder moverse, le dijo: "Buen intento, David". Mucho tiempo después confesaría que aquel día, agobiado por la sensación de haber fracasado miserablemente, se había planteado seriamente la posibilidad de tomarse un avión. Fue necesario reorganizar el plan de rodaje y empezar con las tomas en las que no aparecía Hurt mientras se buscaba, de manera urgente, a profesionales en el asunto. Mientras esto sucedía, Lynch pasó tres noches seguidas sentado en la cama, presa del terror. Al enterarse de esto, Brooks, el productor, se comunicó con él. "Quiero que sepas que estamos contigo", le dijo. Y esas breves palabras, recuerdan quienes formaron parte del rodaje, ayudaron.

También ayudó que se haya convocado a Chris Tucker para encargarse del maquillaje de Merrick. Y que Lynch haya podido convencer a la dirección del Royal London Hospital Museum and Archives, donde se conservaba el cadáver del Hombre Elefante, para que le prestaran el cuerpo. Tucker tardó ocho semanas en fabricar la cabeza, hecha de diferentes capas de goma blanda que solo podía usarse una vez, por lo que todos los días debía cocer una nueva serie en el horno. La primera vez que Hurt se presenta caracterizado como Merrick frente a todo el equipo no se oyó ni una mosca. "Eso le infundió confianza a David", recordó el actor. "En ese momento supimos que teníamos algo".

Se necesitaban siete horas para aplicar las prótesis, por lo que Hurt trabajaba días alternos. El actor llegaba a las cinco de la mañana y pasaba siete horas sometido a la sesión de maquillaje. No podía comer, lo único que ingería era una mezcla de huevos crudos con jugo de naranja. Arrancaba a filmar al mediodía. Y no paraba hasta las 10 de la noche.

Lynch se siente puesto a prueba todo el tiempo: un joven estadounidense que solo había hecho una película -rarísima, además- ahora rueda en Londres y con un elenco de notables. En una fotografía en la que aparece Hurt personificado como Merrick, hecha durante una prueba de cámara, el veterano John Gielgud, que interpreta al director del hospital, escribió: "Espero que merezca la pena". Es que tanto Gielgud como Wendy Hiller se hallaban al final de sus carreras, y no estaban seguros de querer terminar así. Anthony Hopkins, quien, por cierto, ofrece una de las mejores actuaciones de su carrera, nunca se sintió del todo cómodo, nunca entendió demasiado que hubieran elegido a ese muchacho para estar a cargo de la dirección de un filme tan grande. "No creo que tenga mucha idea de lo que está haciendo", llegó a decirle a Brooks, el productor, en definitiva, el dueño de la película. Y sugiere que lo eche.

La esposa de Lynch está embarazada de gemelos y tiene un aborto espontáneo durante el rodaje. Tras haber pasado una noche sin dormir, Lynch se reúne con Hopkins, que solicitó hablar con él. Hopkins sencillamente le dice que no tiene ningún derecho a dirigir esta película. A lo que Lynch responde: "Tony, lamento que pienses así, pero yo soy el director de esta película y pienso seguir dirigiéndola". Años más tarde, recuerda Lynch: "Tony tenía razón. Yo no tenía ningún derecho a dirigir El hombre elefante. Soy de Missoula, de Montana, y esto es un drama victoriano con grandes estrellas de cine, y lo único que yo había hecho hasta entonces era una cosita que habían ido a ver 10 personas... era de locos. Pero, bueno, aquella película fue mi bautismo de fuego"

Cargando...