Estilo de vida
Moda internacional

Así fueron los desfiles de la temporada primavera 2022 de las principales marcas

Nueva York, Londres, Milán y París fueron los escenarios para que las grandes casas de moda muestren sus nuevas colecciones, que mantienen la búsqueda del confort y al mismo tiempo proponen una nueva sensualidad

08.10.2021

Lectura: 11'

2021-10-08T17:16:00
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Por Alejandra Pintos

Detrás de una velo progresista, la industria de la moda es históricamente conservadora y reticente a los cambios. Por eso, a pesar del peso que tiene el mundo digital en el mercado, hasta antes de la pandemia las presentaciones de colecciones eran fundamentalmente presenciales, con un gran desfile que marcaba el cambio de temporada. 

Sin embargo, los meses de confinamiento sacudieron a las grades casas de moda, que se vieron obligadas a innovar en sus formatos. En lugar de invitar a un puñado de periodistas, estilistas y celebridades a una locación exclusiva en Nueva York o París, comenzaron a producir videos y experiencias interactivas —que, además, les permitían llegar a un público más amplio. 

Para este mes de la moda, que comenzó el 8 de setiembre en Nueva York, luego siguió en Londres y Milán y finalizó en París, los diseñadores se enfrentaron a la disyuntiva de volver a la vieja normalidad, como si nada hubiese pasado, o continuar con las presentaciones digitales. Sin embargo, la mayoría optó por una tercera vía: combinar las tradiciones pasadas con los nuevos medios y abrazar el híbrido entre lo físico y lo virtual.

Abrazar lo virtual. En ese sentido, quien parece haber comprendido mejor el “espíritu de la época” y el nuevo lenguaje de la moda es Demna Gvsalia, de Balenciaga. Su presentación de la colección primavera 2022 fue una de las mejores de la temporada y demostró una gran capacidad de reírse de sí mismo —y de la industria. 

El desfile tuvo lugar en el Théâtre du Châtelet y, visto desde fuera, parecía un gran estreno de cine. Mientras que fotógrafos y fanáticos se agolpaban contra las vallas, modelos, celebridades e invitados caminaban por una alfombra roja que pasó a reemplazar a la pasarela: un guiño a lo que en realidad sucede en la industria, al culto a las celebridades y a una era en la que muchos se comportan como famosos en sus redes, aunque no lo sean. No quedaba claro quiénes lucían la nueva colección, cuáles eran los modelos contratados (Balenciaga se caracteriza por usar “personas normales”) y quiénes estaban al tanto de lo que estaba sucediendo.

Una vez dentro del teatro, los asistentes se enfrentaban a una gran pantalla con la transmisión en vivo de la entrada, en la que luego se proyectó un especial de Los Simpson en colaboración con Balenciaga (se puede ver en YouTube en el canal de la marca). En el ingenioso y reconfortante episodio los habitantes de Springfield terminan desfilando en París y mostrando piezas icónicas de la maison. Este costado tierno de Balenciaga contrasta con la colección en sí, en la que predominan el negro, las siluetas fuertes y los géneros pesados, a pesar de tratarse de primavera.

Conectar con lo humano. Otro que rompió la cuarta pared fue Francesco Risso con el desfile de Marni. La experiencia comenzó antes del evento en sí, cuando se les solicitó a los cerca de 400 invitados que lucieran un uniforme especialmente confeccionado para ellos con piezas recicladas de colecciones anteriores. Así, la barrera entre ellos y las modelos se hizo aún más difusa. Al igual que en Balenciaga, el casting era tan diverso que era difícil diferenciar a un grupo del otro. También intervinieron estudiantes de moda, que pasaban caminando entre los asientos de los asistentes y diferentes artistas, que invitaron a reflexionar sobre lo que ha atravesado el mundo en los últimos dos años (desde la organización invitaron a no usar los celulares para poder conectar con la experiencia). Para Risso se trataba de “volver a la práctica de lo que hacemos, que es confeccionar ropa para personas, cara a cara”.

Balmain tuvo un enfoque diferente, aunque no por eso menos interesante, para celebrar los 10 años de Olivier Rousteing como director creativo. El diseñador, que asumió las riendas a los 25 años y fue la primera persona afro en estar al frente de una casa de lujo europea, hizo una suerte de minifestival de música con invitados como Doja Cat, Franz Ferdinand y Jesse Jo Stark. Entre el público no solo se encontraban insiders de la industria, sino también unos 6.000 fanáticos de la marca que compraron entradas a un precio simbólico (lo recaudado fue donado a una ONG que lucha contra el sida en África).

En cuanto al desfile en sí, Rousteing invitó a supermodelos de los 90 como Carla Bruni y Naomi Campbell, para una suerte de cápsula con reversiones de diseños de colecciones pasadas y luego presentó la de la primavera 2022, para la que tomó como punto de partida el confort. Es que el director creativo de Balmain tuvo un accidente doméstico a principios de este año y sufrió quemaduras en las manos y el torso, lo que lo llevó a reflexionar sobre la forma en la que la tela interactúa con la piel. Algunas modelos lucieron los mismos anillos de oro que creó Rousteing para él mismo como forma de ocultar las cicatrices de sus dedos.

La teoría de la minifalda y la nueva sensualidad. Hay una teoría que, a grandes rasgos, explica que hay una correlación entre el largo de las faldas de las mujeres y el estado de la economía. Cuando se acorta y se vuelve a popularizar la minifalda, se viene un boom económico. A juzgar por las colecciones que se presentaron en el último mes, 2022 va a ser un gran año.

La sensualidad fue una de las grandes protagonistas, en contraste con la popularización de los looks cómodos que se dio durante los meses de confinamiento. Ahora, en cambio, los diseñadores proponen volver a mostrar piel, ya sea con minifaldas o con prendas con aberturas en el pecho, hombros y otros sitios inesperados —tendencia conocida en el mundo como cut out .

YSL SS22. Foto: AFP.

YSL SS22. Foto: AFP.

Coperni SS22. Foto: AFP.

Coperni SS22. Foto: AFP.

El futuro es verde. La industria de la moda tiene una relación complicada con la sustentabilidad. Es que, inherentemente, producir piezas nuevas cada temporada y declarar obsoleto lo anterior es lo opuesto a lo sustentable. Entonces, generalmente los esfuerzos verdes suelen ser vistos más como una acción de marketing que como una filosofía. 

Sin embargo, diseñadores como Gabriela Perezutti, al frente tanto de su marca Gabriela Hearst como de la casa francesa Chloé, han demostrado que la moda puede ser sostenible. El 58% de los materiales de su colección para Chloé provienen de fuentes “de bajo impacto”, con esto se refieren tanto al uso de desecho textil como de materiales nobles como la lana. En ese sentido, la uruguaya ha decidido usar la casa de lujo como un agente de cambio, empleando para la confección de las prendas a mujeres de diferentes partes del mundo —entre ellas Manos del Uruguay— que trabajan de forma artesanal, para las cuales su oficio es su sustento y una fuente de orgullo. 

La colección no solo tiene un propósito, el de usar el lujo como agente de cambio, sino que es realmente bella. Los detalles hechos a mano son evidentes; hay collares con piedras y caracolas tejidos como una suerte de talismanes, vestidos con un elegante patchwork de cuero y coloridos textiles de hilo. 

Chloé SS22. Foto: EFE.

Chloé SS22. Foto: EFE.

Gabriela Hearst celebrando al cierre del desfile. Foto: EFE.

Gabriela Hearst celebrando al cierre del desfile. Foto: EFE.

La naturaleza como punto de partida

Uno de los puntos altos del desfile de Chloé fue la música, que trascendió lo puramente funcional —marcar el ritmo de las modelos— para volverse la gran fuerza conductora del desfile. El soundtrack estuvo a cargo de Danilo Astori, que ofició de supervisor musical, Juan Campodónico y Pablo Bonilla como productores, y Julio Berta, que fue quien mezcló y masterizó. Galería conversó con Campodónico sobre la experiencia.

¿Cuándo empezó a trabajar con Gabriela Hearst?

Empezamos haciendo algo más sencillo para Gabriela Hearst, que era seleccionar música y adaptarla para los shows de ella. Y funcionó muy bien el matrimonio de las partes. A ella le encanta la música, le da muchísima importancia, nunca quiere algo genérico y neutro. Empezamos con algo más sencillo en cuanto a lo que se aspiraba. Pero en el medio pasó la pandemia, y a partir de ahí los desfiles empezaron a ser online. Eso obligó a que el material que estuviera sonando fuera original, o a conseguir los derechos de grabaciones que por ahí no son accesibles; el streaming te lo baja, se corta la transmisión. A partir de ahí se puso más ambicioso en el sentido de generar música original. Se ha ido profundizando en estas temporadas que hemos hecho, tanto para ella como para Chloé. En la anterior usamos el tema Matador, entre otros, con mucha identidad sudamericana. Se arma un soundtrack bastante original, por más que a veces está apoyado en temas ya conocidos. 

¿Qué inputs reciben de la diseñadora?

Esta colección estaba basada en el amor como leit motiv fundamental. Ella nos pasa sus referencias, unos pdf con montones de imágenes y sugerencias estilísticas en las cuales también ella se basa. Hace un tiempo me había pasado unas canciones de un cantante que se llama Rhys Coiro, que en realidad es un actor pero que canta, y también nos había mostrado un avance de un disco que estaba haciendo Scout Willis —la hija de Bruce Willis y Demi Moore—, que es una chica de 20 años que tiene una voz preciosa y escribe unas canciones muy lindas. Trabajamos basándonos en esos demos y un poco con la fotografía de la colección, de sus texturas y detalles. Entonces, con ese punto de partida de lo natural, empecé a trabajar en buscar sonidos de la naturaleza: ramas, viento y animales. Con eso hicimos una música que, obviamente, tiene una caminata linda, usando las voces de Scout —que es muy fresca—, de Perotá Chingó y de Zoe Gotusso, a veces dadas vuelta para que suenen un poco más guturales. Y por último Rhys Coiro, que hace una interpretación de Something about us, el tema de Daft Punk. Lo que más me gustó, por más que dio muchísimo trabajo durante casi dos meses, fue poder estar en París, en el lugar del desfile. 

¿Qué le atrae del trabajo con Hearst?

Aparte de que el trabajo se fue poniendo más interesante, desde mi lugar conecté con los conceptos con los que trabaja Gabriela, su visión artística, su búsqueda de las raíces también, de cosas que son típicas de nuestra tradición americana y sudamericana, en particular. También el producir de una manera sustentable, con grupos que confeccionan de manera más artesanal. Dentro de la industria de la moda y del lujo encuentra un lugar donde decir algo virtuoso con el producto en sí mismo, no solo con el resultado estético sino con el proceso. Eso le da un valor que trasciende y es perdurable. La belleza hoy en día no solo pasa por ahí, de objetos bellos está lleno el mundo, muchos fabricados por un proceso para nada bello. Eso me pareció admirable de su planteo. Es como yo hago música, tratando de buscar sonidos y materiales que no sean "el sabor del mes" pero que perduren más.

Para mí es un universo totalmente nuevo, me motiva mucho mirar la música desde un lugar nuevo que es dialogando con esta propuesta de otra disciplina, igualmente artística (o no, pero en este caso sí). Me resulta muy inspirador y la figura de Gabriela me resulta muy inspiradora también, cómo logra hacer algo nuevo y de relevancia global a partir de un montón de conceptos que van a sus raíces y se agarra de valores muy interesantes. A veces parecería que no fuera nuevo eso, trabajar de una manera tan artesanal o conectar con comunidades, pero lo es. Por ejemplo, los asientos donde estaban sentados los invitados en el desfile están hechos por un grupo de constructoras mujeres inmigrantes que están en París y que hacen todo en barro. Es una manera superartesanal de construir y distinta y estaban buenísimos. 

Y ustedes son parte de esa cadena de valor.

Totalmente. Más allá de la inspiración del trabajo de Gabriela me parece alucinante esa característica de ella, de ir a buscar gente que no es la obvia, que no es la que ya está metida en la industria. Nosotros mismos somos parte de eso.