Cultura
Entre Charles Manson y Ted Bundy

Asesinos seriales: criminales que hablan de su tiempo

Quiénes son, cómo cambiaron y por qué actúan los asesinos en serie, siniestros personajes de la cultura occidental

27.03.2020 06:00

Lectura: 14'

2020-03-27T06:00:00
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Por Florencia Pujadas

Nadie del FBI olvidará el 9 de octubre de 2019. Aquella mañana, la agencia del gobierno de Estados Unidos publicó la confesión del asesino serial más prolífico en la historia del país. Se trataba de Samuel Little, un hombre de 79 años que declaró haber matado a 93 personas, en su mayoría mujeres, entre 1970 y 2005. El exboxeador había sido arrestado por primera vez en un refugio de indigentes en Kentucky y fue extraditado a California para enfrentar acusaciones por drogas en 2012. Al llegar, las pruebas de ADN lo vincularon a tres casos sin resolver y dos años más tarde fue condenado por el asesinato de tres mujeres en Los Ángeles. Todas habían sido estranguladas y golpeadas.

El caso fue, como poco, dantesco. El FBI armó una página web con minuciosos dibujos del asesino que describían a las víctimas y recibió miles de visitas. Pero la mayoría no entró con el objetivo de identificarlas ni de ayudar en la investigación; la principal causa de aquellas búsquedas fue la fascinación del mundo occidental con esas historias, lo que develaba mucho morbo. Aunque resulten desagradables, los crímenes llaman la atención por el atractivo que se esconde en lo prohibido, lo que nadie parece atreverse y va contra la moral establecida. En los últimos años, entender las mentes criminales se transformó, incluso, en una buena opción de un guion para asegurarse el éxito en la taquilla. Y es aun mejor si la historia está basada (como tanto nos atrapa) en un hecho real.

Nada más hay que contar la cantidad de películas en torno a Jack el Destripador, los documentales y series sobre Ted Bundy o el gusto de los cineastas por la familia de Charles Manson para entender esta inquietante fascinación. O trazar un recorrido por la historia desde los años 70 para entender cómo los asesinos seriales se volvieron parte de la cultura occidental. Como dicen los expertos: este tipo de crímenes son un fruto de la época. "Los asesinatos son producto de la historia. En los últimos 50 años, podemos ver un avance significativo de los asesinos en serie y asesinos en masa. Son sujetos desestabilizados y que indudablemente tienen problemas a nivel psicológico y psiquiátrico", explica el escritor y psicólogo Jorge Bafico a galería. Pero, claro, todo aquel que haya mirado Criminal Minds o Hannibal Lecter puede suponerlo.

Un nuevo tipo de asesino. Tal y como se muestra en la serie Mindhunter, disponible en Netflix, el término asesino en serie fue adoptado en el FBI tras los crímenes de Ted Bundy, un hombre que secuestró, violó y asesinó a más de 20 mujeres en los años 70. Universitario y atractivo, este joven atlético se alejaba del estereotipo que se había construido con la imagen de Jack el Destripador en el siglo XIX. "Los asesinos en serie somos sus hijos, somos sus maridos, estamos en todas partes", decía Bundy en una entrevista con el FBI en 1989, poco antes de morir. Y el historiador canadiense Peter Vronsky, autor del libro Hijos de Caín: Una historia de los asesinos en serie, explica el cambio en la idiosincrasia."Ted Bundy era diferente a la compresión anterior que se tenía de los asesinos en serie. Antes solían ser forasteros y él vivió entre nosotros. Tenía aspiraciones de clase media, estudiaba derecho, era bien hablado y encantador. No había nada extraño en él", dice en su libro. 

Podría haber sido un caso aislado, pero el patrón de Ted Bundy se repitió en otros perfiles. Los criminalistas y criminólogos definieron al asesino en serie, entonces, como un delincuente que a lo largo de un período mata a varias personas. Durante aquellos años también se los distinguió de los que matan a muchos en un solo evento (asesinos en masa) y de los asesinos relámpago, quienes cometen múltiples asesinatos en diferentes lugares y con unas pocas horas o días de diferencia.

Así como mostró Bundy, los asesinos en serie son los que cometen tres o más crímenes en un extenso período acompañado por un enfriamiento en el medio. En esos momentos, tienen la capacidad de actuar de forma "normal" por una condición que el médico Hervey Cleckley y el psicólogo Robert Hare definieron como "máscara de cordura". Esta capacidad eriza la piel de quienes los escuchan hablar de sus actos y al mismo tiempo los convierte en un atractivo para miles de personas, que también consumen cuentos, revistas y películas sobre el crimen. Según cuenta Vronsky en su libro, en la década del 70 se hacía una suerte de apología (sin siquiera ser consciente) sobre los secuestros, violaciones y tortura de mujeres en revistas como Men's Adventure y True Detective. "Muchos asesinos admitieron que aquellas publicaciones les sirvieron de inspiración para sus fantasías sádicas cuando eran niños y adolescentes", asegura el historiador.

También es cierto que, desde el caso de Bundy, en la cobertura mediática se dedicó grandes espacios para la publicación de los casos. Antes de que 1970 terminara, todos -al menos en Estados Unidos- sabían qué era un asesino serial. Y pronto el interés se trasladó a toda la cultura occidental. "Por aquellos años había tarjetas comerciales con las imágenes de asesinos en serie, calendarios y clubes de fans, así como coleccionistas de recuerdos sobre el tema. A finales de esa década, los asesinos en serie formaban parte de la cultura popular estadounidense", escribe Vronsky en su libro. Así que a nadie le puede resultar extraño, entonces, que hubiese hombres y mujeres dispuestas a seguir relaciones con los asesinos por correspondencia, que los lugares de los crímenes se convirtieran en puntos turísticos y que hasta hoy se encuentren guías especializados en recorrer la ruta de los asesinos.

¿Un perfil? Según investigaciones del FBI, la cantidad de asesinos en serie se incrementó en los años 60 y tuvo su pico en los 80. De hecho, se calcula que en esta década operaron 200 en Estados Unidos. Aunque las razones de este fenómeno pueden ser varias, los historiadores aseguran que la mayoría de los criminales pasó su niñez con los horrores de la Segunda Guerra Mundial o sufrió las consecuencias de la Gran Depresión de 1929. "Siempre hay una relación entre el momento que atraviesa la sociedad y el tipo de asesinatos que aparecen. Pero también hay que analizar los casos uno a uno; puede haber una causal bastante genérica, pero entrás a ver el detalle y aparecen una serie de factores predisponentes y perpetuantes del delito. Hay que configurar un montón de elementos para entender por qué una persona hace lo que hace", dice el psicólogo forense Agustín Romano al ser consultado por galería.

Ya en 1972, el FBI creó la Unidad de Ciencias del Comportamiento a cargo de los agentes John E. Douglas y Robert Ressler, quienes entrevistaron a 36 asesinos encarcelados para trazar su perfil. La sistematización de los datos (recreada en la serie Mindhunter de Netflix) y la clasificación en grupos sirvió para definir cómo es un asesino en serie. "En un momento, por ejemplo, decían que se los identificaba porque eran los piromaníacos y los que se orinaban. Esos conceptos se fueron aggiornando por el entramado de situaciones que actúan", dice Romano. Y la historia lo demuestra.

Otra década, nuevo estilo. Según cifras de la base de datos de la Universidad de Radford, 82% de los 2.236 asesinatos en serie registrados en la historia de Estados Unidos aparecieron entre 1970 y 2000. Y aunque el auge de estos criminales se concentró en esta sociedad, también se observó por todo el globo. En publicaciones de criminología se estipula que, aunque más de 70% de los casos estuvieron vinculados a la sociedad norteamericana, en Reino Unido se concentró 28% del total europeo, seguido por Alemania y Francia. Entre los ingleses, el caso más recordado es el de Rosemary y Fred West, que entre 1971 y 1987 asesinaron a doce personas en Gloucester; una era su hija adolescente. También horrorizaron a España los crímenes de Manuel Delgado Villegas, quien confesó el asesinato de 48 personas entre 1964 y 1971.

La mayoría de los perpetuadores compartían un perfil similar: eran hombres blancos con una inteligencia por encima de la media que asesinaron de adultos y, muchas veces, actuaron motivados por un deseo de dominación sexual. "Habitualmente a los hombres se los considera como un factor de riesgo criminológico por tener mayor testosterona, por la socialización y la forma en la que se les enseña a usar la violencia", explica el psicólogo Romano. Los estudios de los 80 describían a los asesinos seriales como personas egocéntricas, que solo velaban por sus intereses y no tenían remordimiento. Y, por demás está decirlo, carecían de empatía.

En 2020 las líneas de investigación señalan que estos asesinos se mueven por una violencia proactiva o instrumental con acciones premeditadas y frías en lugares donde se sienten cómodos, aunque el tiempo y la presión (o la confianza) los puede volver más atrevidos o negligentes. "Muchos de ellos son psicóticos, algunos esquizofrénicos o quizás paranoides; también vemos asesinos que llevan de la mano la violencia sexual y la perversión. Tenemos los asesinos seriales más terribles como podría ser Hannibal Lecter (en el mundo de la ficción) y Ted Bundy (en el plano de la realidad). Y después están los asesinos más desorganizados que dejan un tendal de huellas que los incriminan. La mayoría de los asesinos en serie están ubicados en ese rango", explica el psicólogo Jorge Bafico.

Crímenes de odio. Ya pasaron casi 40 años desde que Douglas y Ressler trazaron perfiles sobre cómo eran los asesinos que horrorizaban al mundo. Y es cierto que sus conclusiones no perdieron vigencia, pero la sociedad occidental está alerta por un nuevo tipo de crimen: los asesinatos en masas, aquellos delitos en los que se mata al menos cuatro personas en público en el mismo momento. En esta categoría entran tanto los tiroteos en las escuelas en Estados Unidos como los atentados en Europa por el fanatismo religioso y el odio racial. Según un nuevo estudio recientemente publicado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, estos homicidios colectivos (como el FBI le dice en la jerga) son cada vez más frecuentes y mortales. El documento asegura que, de los 167 incidentes registrados en cinco décadas, 20% ocurrieron en los últimos cinco años y la mitad desde el año 2000. Las autoridades están preocupadas porque la cifra no deja de aumentar.

Estos datos fueron arrojados por los expertos después de hacer el estudio más exhaustivo hasta el momento. Con el financiamiento del Estado, un grupo se reunió para analizar los asesinatos en masa que sacudieron al territorio norteamericano desde 1966, una fecha elegida por ser la primera gran matanza que atrapó a la opinión pública. Aquel año, un exmarine disparó desde una plataforma de observación en la Universidad de Texas y asesinó a 15 personas.

Luego de analizar 100 variables, se encontró que no hay un perfil único para reconocer a los asesinos en masa, pero sí hay determinadas características que se alinean con los lugares elegidos para perpetrar el acto. La mayoría tuvo un trauma de niño, pasó por una crisis personal, sufrió un agravio específico y tiene ejemplos para validar sus sentimientos o usarlos como una hoja de ruta. Los asesinos en las escuelas, por ejemplo, suelen ser estudiantes o exalumnos con antecedentes de traumas. Pueden mostrar tendencias suicidas, planean el crimen de forma cuidadosa y se encargan de informar sus intenciones con antelación. Una clara advertencia son las publicaciones en Facebook, los mensajes de odio en Twitter o los videos en YouTube que se han descubierto entre los adolescentes o adultos jóvenes que atacan instituciones educativas.

Según el estudio, los protagonistas de los asesinatos en lugares de trabajo son hombres, cuarentones, sin un perfil racial específico. La mayoría tiene un vínculo laboral con el lugar donde comete el crimen y actúa motivado por rencor hacia un compañero. Por lo general, los asesinos en lugares de culto también son hombres blancos en sus cuarenta años y están motivados por odio o violencia doméstica, que acaban manifestando en público. Sin embargo, sus actos no suelen estar muy planificados. Por su parte, los que cometen crímenes en tiendas comerciales o restaurantes, son hombres con un historial violento y delictivo. No tienen por qué tener una relación espacial con el lugar elegido y padecen de trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia. "Más allá de una patología, los asesinos en masa sienten mucha ira contenida, tienen un fuerte resentimiento social", sostiene Agustín Romano. El odio religioso, el odio misógino y el odio racista están en todos los asesinatos. Y es, como dicen los expertos, la causa de un tipo de crimen propio de nuestra época.

El escenario local

Según los expertos, en la historia uruguaya no hubo muchos asesinos seriales por factores propios de nuestra cultura. Un equipo liderado por el perito forense Robert Parrado está investigando si el homicidio de seis mujeres trans entre setiembre de 2011 y 2012 fue cometido por el mismo asesino. Sin embargo, el único caso conocido de un homicida serial es el de Pablo Goncálvez, quien mató a tres mujeres entre 1991 y 1993. "El escenario en Uruguay es bastante distinto por nuestras características, pero tarde o temprano hay situaciones que terminan llegando. Las fronteras no impiden que los eventos que se dan en otros lugares lleguen acá", asegura Parrado a galería. Y agrega: "El crecimiento de Estados Unidos como nación es diferente al de Uruguay, pero acá también ha habido centros de estudio donde entraron armas. Debemos tener un plan de contingencia y no lo tenemos. Son factores para analizar porque si no los estudiás en serio, vas a actuar de forma reactiva con un hecho consumado".

En este sentido, Agustín Romano concuerda: "En Uruguay hay islas, pero no una formación específica. Si buscás, podés tener algún psicólogo o psiquiatra con formación en el extranjero. En una investigación se debería integrar la criminología, psiquiatría, psicología, antropología y disciplinas que acá no están. No hay equipos que te permitan hacer un abordaje para saber cómo actuar", agrega.

De acuerdo con los datos del Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior, el año pasado se cometieron 391 homicidios, una cifra menor que en 2018. Mientras ese año se habían registrado 223 en Montevideo y 193 en otros departamentos, en 2019 hubo 215 en la capital y 176 en el interior. La categoría "conflicto entre grupos criminales (tráfico de drogas), ajuste de cuentas" es la que se llevó la mayoría de las vidas; de hecho, 50% de los homicidios están dentro de esta clasificación. "¿Cómo puedo decir que hubo un ajuste de cuentas? Tengo que hacer un análisis consensuado de lo que ocurrió para decir que hay una estructura que permitió que yo llegara a la conclusión de que estaban relacionados a actividades como el narcotráfico y donde se sanó una deslealtad en una estructura criminal. ¿Cómo llega la policía a esa conclusión? No tienen un equipo que se encargue de hacer esas conclusiones, pero te dicen que son ajustes de cuentas por los antecedentes con las drogas o porque el que mató estaba vinculado. Es muy poco preciso en valor técnico", reflexiona Parrado. 

Con 14% de los casos, el segundo motivo de homicidios en Uruguay es la violencia intrafamiliar. Allí los femicidios son los protagonistas. Solo en marzo (y al menos hasta el cierre de esta edición) hubo ocho asesinatos y cuatro fueron homicidios en razón de género.