Cultura
Talento joven

Anya Taylor-Joy, la chica de los personajes rotos

La actriz protagoniza Gambito de dama, el éxito menos esperado de Netflix. Con la serie, Anya Taylor-Joy termina de posicionarse como uno de los talentos más interesantes de su generación

03.12.2020 08:33

Lectura: 9'

2020-12-03T08:33:00
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A priori, una serie que gira en torno al ajedrez no parece algo demasiado entretenido, o al menos no lo suficiente como para convertirse en la más exitosa del año. Es considerado un deporte, es verdad, pero carece de la rapidez, espectacularidad o popularidad del fútbol o el básquetbol como para atraer a un público amplio.

Sin embargo, contra todo pronóstico, Gambito de dama -o Gambito de reina, por la apertura usada en el juego- a un mes de su estreno se consagró como la miniserie más vista de Netflix con 62 millones de espectadores en sus primeros 28 días. Además, estuvo entre los 10 contenidos más vistos en 92 países, ocupando el primer puesto en 63 de ellos.

Pero, como sucede con tantas películas o series, el fenómeno de Gambito de dama no se reduce a la pantalla. Según IndieWire (el sitio web dedicado al cine independiente), la novela de Walter Tevis en la que está basada volvió a la lista de los más vendidos del New York Times -a pesar de haber sido publicada en 1983-, las búsquedas en Google sobre "cómo jugar al ajedrez" se duplicaron, las ventas de tableros aumentaron significativamente y la Federación Internacional de Ajedrez aseguró que hay "un mayor interés" en el campeonato del año que viene.

Es que, contrario a lo que uno podría intuir, la serie creada por Scott Frank y Allan Scott es por demás atractiva. La historia gira alrededor de Beth Harmon, una chica huérfana que se inicia en el ajedrez gracias al conserje del orfanato, su primer maestro. A ella, que no tiene nada, ese "mundo de 64 casilleros" en el que puede mantener todo bajo control le resulta fascinante.

Aunque, tal vez, lo más interesante sucede por fuera del juego, porque el de Harmon es un personaje complejo -de esos que no suelen tocarles a las mujeres-, al que vemos abrirse paso en un mundo de hombres, atravesar duelos, caer en el alcohol y los piscofármacos para hacer la vida un poquito más llevadera y para jugar mejor, que es lo que más importa a una mujer competitiva y despiadada con sus oponentes -otro elemento inusual en un rol femenino.

El guion es sólido y las imágenes son un deleite, gracias a una combinación de buena fotografía, brillante ambientación de los 60 y un vestuario exquisito. Pero todo eso no sería suficiente si la serie no la tuviera a ella, Anya Taylor-Joy.

De la misma manera en la que lo más interesante de la historia de Gambito de dama sucede fuera del tablero, en la interpretación de Taylor-Joy la magia está en las sutilezas, en sus miradas vacías, expectantes o impacientes. La actriz hace un excelente trabajo como protagonista, navegando diferentes estados de ánimo que van desde el éxtasis hasta la más profunda melancolía.

Infancia nómade. La madre de Anya Taylor-Joy es psicóloga, nacida y criada en Zambia pero de raíces españolas e inglesas. Su padre es escocés-argentino e hizo carrera como bancario, pero terminó dedicándose a las carreras de lanchas. Anya es la menor de seis hermanos y nació en Miami, pero en seguida su familia se mudó a Argentina y vivió gran parte de su infancia allí, algo que se hace evidente en sus entrevistas en español, donde da rienda suelta a su acento porteño -como en un video que grabó para Netflix en el que declara que se "morfó" el libro de Gambito de dama. "Vengo de muchos lugares diferentes, pero creo que mi calidad (como persona) y mi actitud hacia la vida es de Argentina. Agradezco mucho esa parte de mi historia", dijo en ese mismo video.

A los seis años se volvió a mudar, esta vez a Inglaterra, donde sus padres creían que tendría más oportunidades. Como forma de protesta, Taylor-Joy se negó a hablar el idioma hasta que se hizo inevitable y terminó aprendiendo inglés gracias a Harry Potter: "Mi tío me sentaba con los libros de Harry Potter, así que mi vocabulario de niña era bastante precoz. Además, soy versada en hechizos desde una edad temprana".

En la adolescencia supo que quería ser actriz y, según cuenta, sus padres, que ya habían criado otros cinco niños, estaban aliviados y contentos de que su hija menor estuviera tan determinada. La suerte estuvo de su lado y a los 16 años Sarah Doukas -responsable de la carrera de la supermodelo Kate Moss- la descubrió afuera de la tienda Harrod's y le ofreció un contrato en su agencia de modelos. Tiempo después, cuando se encontraba en una sesión de fotos con el elenco de la serie Dowton Abbey, tuvo buena química con uno de los actores, que la puso en contacto con su agente, quien la representa hasta hoy.

Reina de gritos. Elizabeth Harmon no es el primer ni último personaje oscuro y complejo que interpreta Anya Taylor-Joy. La actriz debutó en 2015, cuando tenía 19 años, en La Bruja, la primera película de Robert Eggers, una pieza de terror inesperada, inquietante y estéticamente impecable. Con esta película, Eggers pasó a formar parte de una nueva generación de cineastas que lleva el género a un lugar más elevado que el susto fácil -algo que continúa explorando en su segundo filme, El Faro- y Taylor-Joy se sumergió en la oscuridad. "Lo más especial de Robert y yo es que nadie más entiende el salto que dieron nuestras vidas después de La Bruja. Ninguno había hecho una película antes. No sabíamos si alguien iba a verla y, literalmente, de la noche a la mañana el filme explotó. Nadie esperaba que sucediera. Ahora tenemos la oportunidad de jugar y hacer eso que tanto amamos, juntos. Se siente como ir a casa", contó la actriz a Interview Magazine, a propósito del rodaje de su próxima película con Eggers, The Northman.

Ese comienzo auspicioso, con un protagónico fuera de lo esperado, le abrió a Taylor-Joy la chance de explorar el género, algo que ella encuentra liberador. Así, trabajó con el conocido director de terror M. Night Shyamalan en Fragmentado y Glass, y también protagonizó Morgan y Thoroughbreds, dos debuts directorales. "En cuanto a las películas me gustaría poder decir que lo tenía pensado y toda una trayectoria planeada, pero no es cierto.

Solamente me sentí conectada a mis personajes, y ellos habitan mundos oscuros. Como ficción, y en lo personal, amo los cuentos de hadas, los de Hans Christian Andersen. Creo que hay mucha humanidad en la oscuridad y en el dolor. Como actriz es muy divertido interpretar lo sombrío porque podés sentir el alcance de tus emociones. Tus parámetros de lo que es aceptable son mucho más amplios en ese tipo de películas, es muy entretenido", explicó a The Guardian.

Sin embargo, la joven ha logrado trascender la etiqueta de "reina de gritos", como se les llama a las actrices enfocadas en el género de terror. La prueba más notable es Gambito de dama, pero también lo hizo con Emma, la adaptación 2020 del clásico libro de Jane Austen. La película, hecha en clave de comedia, sigue los aparentemente pequeños dramas de una joven de clase alta en el 1800, y en ella la actriz hace un gran trabajo dándole un baño de ironía a todo el asunto.

La intérprete tiende a gravitar alrededor de los papeles de mujeres intrincadas, imperfectas y multidimensionales que, según contó, se quedan con ella más de lo que debería. Por ejemplo, después de filmar Emma, donde los sets eran extravagantes, desarrolló una pasión por el diseño de interiores -aunque desde que empezó a actuar no tiene casa, vive de rodaje en rodaje. También en la gira promocional de la película se podía ver en su forma de vestir algo de la excentricidad de Emma. En Gambito de dama fue aún más intenso y a Taylor-Joy le costó encontrar el límite de dónde terminaba ella y dónde empezaba Beth. "No tenía la energía para crear una pared entre las dos, entonces si ella tenía un mal día, yo tenía un mal día", confesó al semanario del Reino Unido NME. Las salidas a bailar en Berlín, donde se filmó la miniserie, le ayudaron a liberar parte de esa carga.

Con tan solo 24 años -y a cinco desde el comienzo de su carrera- Anya Taylor-Joy ha filmado más de una veintena de series y películas, a veces superpuestas, a veces con un día de diferencia entre el fin de un proyecto y el comienzo del otro, aunque le resulte agotador. A veces, incluso, siente que necesita un descanso, pero si se enamora demasiado de un personaje no puede tolerar la idea de que otra lo interprete. Lo que sí rechaza son los roles unidimensionales, chatos, esos con los que no logra conectar. Su próximo desafío será como protagonista de Furiosa, el spin off de Mad Max.

"He sido muy afortunada en cuanto al equipo que me rodea, que ha filtrado la mayoría de los roles de novia. La mayoría de las mujeres que he tenido la suerte de interpretar y de leer, han sido complejas, confusas e interesantes. Pero eso no debería ser una anomalía, sino la norma. Definitivamente, las veces que me llegaron papeles de novia los envié de nuevo para atrás. Estoy entusiasmada con esta nueva era de mujeres que están haciendo entender que todos somos personas y que bajo la superficie tenemos más para contar de lo que otros creen", dijo a The Guardian.

Afortunadamente, la joven actriz llega en un momento en que la industria del cine viene experimentando esos cambios que le dan la posibilidad de ponerse en la piel de personajes como los que a ella le apasionan.