Estilo de vida
El problema de nunca acabar

Anorgasmia masculina: cuando el control mata al placer

Se trata de uno de los trastornos sexuales menos conocidos de todos y también de los más complicados de tratar.

09.07.2021 07:00

Lectura: 11'

2021-07-09T07:00:00
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Por Leonel García

Durante los nueve meses que Alejandra y Octavio estuvieron juntos siempre pasó lo mismo: de su parte, nada. Él nunca pudo eyacular al hacer el amor. No era un tema de salud: tenía 25 años, era sano, tenía erecciones y se excitaba como manda el Manual del Macho con la previa y el durante; durante que para él resultaba eterno. Ella, que tenía su misma edad, sí llegaba a ese buen puerto llamado clímax. Pero si él tenía lo que se llama orgasmo seco, raro pero posible, ella nunca se enteró. Él nunca supo fingir, cosa que para los hombres es mucho más difícil que para las mujeres.

Ella nunca le expresó su malestar. "No fue un tema que pusiera sobre la mesa porque no quería preocuparlo", cuenta hoy Alejandra (29), publicista. La práctica le enseñó que Octavio, que es ingeniero, no tenía problemas fisiológicos. Alguna vez pensó que había algo psicológico, ya que él le preguntó si tomaba pastillas. "Pensé que tenía miedo a los embarazos", cuenta.

Como siempre pasa, el problema sexual de un individuo pasa a ser un problema sexual de la pareja. "A mí me llegó a afectar. Eso te frustra un poco. No llegué a pensar que yo no le resultaba atractiva pero sí que no pasaba bien conmigo. Eso me frustró al principio y luego... al final lo naturalicé". Según distintos parámetros clínicos internacionales, un coito completo, satisfactorio, dura entre cinco y doce minutos. Si dura más que eso, lejos de aumentar el placer puede volverse un ejercicio mecánico, fatigoso y aun doloroso. Eso es la realidad, y no una fantasía de fanfarrones. "Como estamos acostumbrados a que el sexo termina cuando termina el hombre, no sabíamos cuándo cortar. Y como él no podía (eyacular), todo se acababa por cansancio, cuando no podíamos más", recuerda Alejandra. Lo que sí terminó fue la relación entre ambos, aunque ella asegura que esto no fue el principal motivo.

Es sabido que el hombre va menos a consulta médica que la mujer. Quizá ahí esté la explicación de que, según el presidente de la Academia Internacional de Sexología Médica, Santiago Cedrés, de cinco casos de anorgasmia que consultan en la clínica, solo uno es de varones. "De todos los trastornos eyaculatorios, la anorgasmia aneyaculatoria es una en diez", agrega. Por su parte, la psicóloga y sexóloga Rosana Pombo, directora de la clínica Plenus, estima que en la población masculina esta es una disfunción sexual que afecta a menos del 1%. Según el Manual de sexología y terapia sexual de Francisco Cabello, publicado en 2010 y considerado algo así como la Biblia de la especialidad, el 2,9% de los hombres de entre 16 y 44 años manifiesta problemas para eyacular durante más de seis meses.

Son pocos casos, pero complejos. Ríos de tinta se han escrito sobre prevalencias, causas y tratamientos de la anorgasmia femenina, un problema que padece 7% de las mujeres, fruto de una sociedad y una educación sexual que ha evolucionado más lento de lo que se cree. ¿Pero qué pasa si a la consulta del médico el que se acerca es un hombre, el que siempre tiene que estar presto, el que requiere menos estrategias del tipo que sea para alcanzar el clímax, el que desde hace siglos está habilitado para satisfacer sus fantasías en la cama, para decir que no puede llegar al orgasmo? Según la médica sexóloga y terapeuta sexual Vivian Dufau, el desafío es aún mayor: si bien es un problema que tiene solución, está entre los más difíciles de tratar en materia de sexualidad.

Demasiado control. Como la anorgasmia femenina se ha estudiado más, se tienen más claras sus causas. Pero en la masculina no corren tanto la falta de información sexual, una educación sexual más represiva ni tampoco el déficit atencional del adulto: algo así como perder la concentración en el mejor momento para no volverla a recuperar más.

Hay enfermedades que pueden afectar la eyaculación, tales como las prostáticas o las diabetes, y también hay factores farmacológicos y tóxicos que juegan, según aseguran los expertos. Los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS), los antidepresivos, tienen el efecto de retrasar el orgasmo. Más allá de la buena fama que tiene para los ratos de cama, lo cierto es que el exceso de marihuana también es perjudicial para alcanzar el clímax. La pasta base y la cocaína, dice Cedrés, también inhiben el eje hormonal sexual. De acuerdo con este médico internista especializado en sexología clínica, lo primero que hay que hacer es estudiar si las hormonas sexuales del paciente no están descendidas, ya que incluso en productos diseñados para evitar la caída del cabello pueden encontrarse antiandrógenos.

Sin embargo, la gran mayoría de las causas de la anorgasmia masculina hay que encontrarla en la propia personalidad del individuo. Acá hay una coincidencia total. Dufau habla de personalidades tipo A: hombres muy exigentes, muy controladores, muy estructurados, superobsesivos y con poco margen de maniobra para la vida. "Son tipos que quieren tener un estricto control sobre todo lo que hacen. Por eso es muy complicada la terapia con ellos, les resulta muy difícil dejarse ir, disfrutar por el simple placer de disfrutar", dice esta médica y terapeuta, apuntando a profesiones como ingenieros, economistas y matemáticos -o sea, gente que se mueve en el mundo de las ciencias exactas- como especialmente proclives a tener este problema.

Como si fuera un caso de manual, Octavio era ingeniero. Le gustaba tener todo bajo control; quizá demasiado. Y era Alejandra la que tenía que tener la iniciativa de toda actividad juntos, así sea salir a comer, o de improvisar un plan sobre la marcha.

"Los depresivos no tienen deseo sexual, los ansiosos son eyaculadores precoces y los obsesivos son anorgásmicos", sintetiza Cedrés y cuenta vivencias en su clínica. "Te vienen a ver y te traen una planilla en Excel donde dice que un día demoraron 42:11 en eyacular masturbándose, que otro día demoraron 38:50... son tipos muy obsesivos que tienen mucho control sobre todos los aspectos de su vida". En el tema sexual, están tan obsesionados con hacer gozar a su pareja, en llevarla al cielo, en priorizarla, que se olvidan de ellos, de su propio placer. "Coloquialmente decimos que 'fracasan al triunfar', porque todo el éxito que tienen en otras áreas no pueden conseguirlo para ellos en la cama", agrega el experto; raro consuelo para quienes reman en la vida como pueden.

Por su parte, Pombo -que dice que en los varones de 18 a 40 años 95% de las causas son psicológicas- no descarta una excesiva actividad masturbatoria o un exceso en el consumo de pornografía como causa de la anorgasmia en el hombre; lo primero por el acostumbramiento al estímulo manual y lo segundo por la necesidad de un estímulo visual constante para la excitación. La relación sexual en sí no está erotizada, resume.

En su consultorio, esta psicóloga y sexóloga ha escuchado relatos de hombres que infructuosamente han intentado llegar al orgasmo en maratones sexuales de tres horas. "Es cierto que hay mujeres que disfrutan muchísimo porque tienen todo el tiempo que precisan para llegar ellas al clímax. Si son multiorgásmicas, es el hombre ideal, ¡los mejores amantes!". Claro que, si una relación sexual ya se considera larga si supera los 20 minutos, pasarse de los límites ya no resulta una escalera al cielo. "Llega un momento que el coito es algo mecánico, con embestidas que resultan irritantes, cansadoras y dolorosas".

Llega un momento que la autoestima de los dos miembros de la pareja se ve afectada. "En uno de los casos, vino la mujer del hombre a consultar porque le dolía mucho. Ella terminaba y podía mirar un capítulo entero de la novela brasileña mientras el tipo seguía", relata Dufau sobre un caso que tuvo que tratar, que incluía una inesperada utilidad de tener un televisor en el dormitorio. En el caso de las parejas heterosexuales, el problema se multiplica cuando quieren tener un hijo. Ahí suele llegar el momento de pedir ayuda.

Perder el control. El control es el mayor enemigo del orgasmo porque este, justamente, es un momento donde eso se pierde completamente. El francés ha denominado como petite mort (pequeña muerte) a ese momento donde la descarga sexual provoca sensaciones físicas incontenibles y la pérdida del autocontrol. Esa idea está pensada sobre todo en las mujeres. Para los hombres, la medicina ha reservado para ese instante un concepto bastante más prosaico y menos poético: punto de inevitabilidad eyaculatoria.

Más allá de eliminar fármacos que puedan provocar la aneyaculación (o incluso apelar a un proerectógeno que -aunque no haya problemas de erección- aumente la sensibilidad), todos los especialistas consultados apuntaron a la utilidad de las terapias del tipo cognitivo-conductural.

Para Pombo -que considera que el orgasmo está "hipervalorado" en tanto símbolo de la culminación y satisfacción sexual, así como fuente de valoración propia y ajena-, además de permitirle ser egoísta y poder priorizar sus sensaciones, hay que hacer un reacondicionamiento orgánico, simulando con sus manos -geles mediante- las temperaturas y texturas que se sienten en la penetración. En sexología se llama maniobra puente.

Por separado, Pombo y Dufau mencionaron la existencia de juguetes sexuales ideales para esta reeducación. En plaza hay masturbadores fálicos por entre 1.200 y 6.500 pesos, según el material y grado de realismo y sofisticación del adminículo en cuestión. Acá, sin presiones, en un "ambiente amigable" y similar al real, se acostumbra al cuerpo masculino a llegar al orgasmo. Claro que es mucho más fácil decirlo y prescribirlo que efectivamente llevarlo a la práctica. "Eso no es algo que le guste a cualquiera y menos a un varón hetero hipercontrolador; imaginate la cara que ponen algunos pacientes cuando le digo de usar una vagina de silicona?", comenta, riendo, Dufau.

En resumen, hay que reeducarse para volverse más básico. "El orgasmo llega cuando te descontrolás. Entonces, lo que hay que aprender es a poner la menor cabeza posible. Los animales no tienen problemas sexuales, no tienen trastornos eyaculatorios, ¡justamente por eso! Las disfunciones sexuales de los seres humanos vienen por ponerle demasiado pienso. Lo mejor para el sexo es ponerle el menor razonamiento posible, que se dejen de presionar, que se dediquen a sentir el calor, la humedad, el placer y nada más. Entrenás al paciente a ser lo más primitivo posible", concluye Cedrés. Para solucionar su problema, el hombre anorgásmico debe volver a las cavernas, diez mil años atrás.

NO SIEMPRE JUNTOS

Conviene derribar un falsa creencia: si bien la eyaculación es considerada una "consecuencia" inevitable del orgasmo del varón, y en la gran mayoría de los casos ambas descargas corren efectivamente juntas, una no es requisito sine qua non de la otra.

"Por un tema de clasificación o de sintaxis, a la anorgasmia masculina se la asocia con la aneyaculación. De esta, que es la ausencia de eyaculación, hay datos; de anorgasmia, no", dice la sexóloga y terapeuta Vivan Dufau. La imposibilidad de que un hombre pueda alcanzar el orgasmo es tabú hasta para la estadística médica.

Por un lado están los orgasmos "secos" y por otro la llamada eyaculación asténica; esta es un caso raro y usualmente asociado a infecciones donde el semen es expulsado de forma débil mientras que el placer sexual brilla por su ausencia.

En el caso de los orgasmos secos, Dufau dice que los hombres operados de próstata, a quienes se les extirpa la salida de la vesícula seminal, no expulsan el semen y no por eso dejan de tener sensaciones culminantes muy intensas. "Eso no es una patología".

El médico Santiago Cedrés también menciona los casos de eyaculación retrógrada -cuyas causas pueden ser la diabetes o tratamientos para la uretra o la próstata- en los que el semen se vierte hacia la vejiga. Acá también se produce un orgasmo seco, y el fluido seminal es expulsado junto con la orina.

También se puede derribar otro mito: fingir orgasmos no es algo privativo de las mujeres; un hombre puede también hacerlo si usa preservativo. Pasa más seguido de lo que se cree, asegura la psicóloga Rosana Pombo.