Personajes
Hollywood

A prueba de todo

El 25 de setiembre, Catherine Zeta-Jones y Michael Douglas cumplieron 50 y 75 años, respectivamente; actores, exitosos y oscarizados, se han convertido, pese al mal inicio y a las crisis, en una de las parejas más estables del cine

03.10.2019 23:59

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2019-10-03T23:59:00
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En base a EFE y otras fuentes

Ambos son actores, ambos son astros, ambos ganaron un Oscar. Él es heredero de un apellido que viene de la época de oro de Hollywood, dinastía que promete seguir. Ella es portadora de una de las bellezas más deslumbrantes de la industria, además de haber demostrado que es mucho más que una cara (muy) bonita. Ambos cumplen el mismo día, el 25 de setiembre, y son pareja. Casados desde el 2000, han demostrado ser uno de los matrimonios más sólidos del cine, contra todos los pronósticos y contra la diferencia de edad. Él, Michael Douglas, cumplió 75 años; ella, Catherine Zeta-Jones, festejó los 50.

Heredero del séptimo arte. Douglas, hijo del icónico Kirk Douglas (vivito y coleando a los 102 años), protagoniza la serie The Kominsky method en Netflix, sobre un actor en decadencia, con más años de los que le gustaría y problemas de salud. "Soy lo suficientemente viejo para apreciar que este es un buen momento en la vida de uno, y yo no lo doy por sentado", dijo en 2018 a la revista People. "Cuando te llega el guion, dices: ‘No pueden estar pensando en mí para este papel'. Después, te miras al espejo y dices: ‘Okey, lo entiendo'", añadió.

En todo caso, Douglas (nacido en New ?Brunswick, Nueva Jersey, el 25 de setiembre de 1944) está muy lejos de estar en horas bajas en la vida real. Sus primeros pasos fueron como el joven oficial de Policía Steve Keller en la histórica serie televisiva Las calles de San Francisco (1972-1977). Su debut cinematográfico fue a los 31 años como productor de la muy exitosa Atrapado sin salida (de Milos Forman, cuyo título original es One Flew Over the Cuckoo's Nest), cimiento de una carrera que lo tuvo como protagonista en El síndrome de China (1979), En busca de la esmeralda perdida (1984, que lo llevó al estrellato, con Danny DeVito y Kathleen Turner), Atracción fatal (1987), Wall Street (1988, que le valió un Oscar a Mejor actor por su interpretación de un corredor de bolsa inescrupuloso, Gordon Gekko), La guerra de los Roses (1989), Bajos instintos (1992) y Un día de furia (1993), entre otros.

La madre de Michael, Diana Dill, también era actriz, así que mamó el séptimo arte desde chico, acompañando sobre todo a su prestigioso progenitor a los rodajes. "La mayor ventaja de ser la segunda generación es que cuando tú empiezas con tu propia carrera has crecido viendo a tu padre con Tony Curtis, Frank Sinatra y Gregory Peck en casa. Has visto sus inseguridades y lo que les preocupa. Los ves como a personas reales y te ayuda a entender mejor el negocio", dijo en su momento.

La hija de la costurera. La historia de la galesa Zeta-Jones, nacida también un 25 de setiembre pero de 1969, no registra antecedentes en la actuación. Su padre era dueño de una fábrica de golosinas y su madre era costurera. Dejó su Swansea natal para iniciar su carrera en Francia con Las mil y una noches (1990), pero no explotó internacionalmente hasta La máscara del Zorro (1998, con Antonio Banderas y Anthony Hopkins). Al principio destacaba sobre todo por su belleza exótica y por su condición de partenaire de grandes estrellas; lo fue de Sean Connery en La emboscada (1998), de Liam Neeson en La maldición (1999) o de John Cusack en Alta fidelidad (2000). Pero más allá de su sensualidad, tenía notables condiciones para el canto y el baile, que la llevaron a quedarse con un Oscar a Mejor actriz de reparto por su Velma Kelly de Chicago (2002).

Para entonces las vidas de Michael y Catherine ya transitaban juntas: se habían casado en el 2000, ya había nacido Dylan, el primer hijo de la pareja (hoy de 19 años) y Carys (16) estaba por venir al mundo.

El inicio de la pareja no fue auspicioso. Michael acababa de separarse de su primera esposa, madre de su hijo mayor, Cameron, y había sido noticia en los periódicos por su adicción al sexo. Se conocieron en el Festival de Cine de Deauville, en setiembre de 1998. Él presentaba Un crimen perfecto y ella La máscara del Zorro. Antonio Banderas hizo de celestino, pero la primera cita, en el bar del hotel donde se alojaban, fue todo un desastre. Según él mismo ha confesado, luego de charlar un rato le tiró los galgos sin anestesia: "Voy a ser el padre de tus hijos". Ella, mucho más joven pero sin un pelo de inocente, le retrucó: "Yo escuché mucho de vos, he visto mucho de vos y creo que es hora de que digas buenas noches". Final abrupto del encuentro. Al otro día, él le pidió perdón con un ramo de flores. La tensión se fue disipando a puro telefonazo. Para el verano boreal de 1999, él la invitó a su casa en Mallorca, España. Fue el inicio de todo.

En el 2000, el mismo año en el que se casaron, ambos compartieron el rodaje de Traffic, el elogiado drama de Steven Soderbergh sobre las drogas y el narcotráfico, con un elenco multiestelar. Sin embargo, no compartieron escenas.

"Estoy muy agradecido por tener un buen matrimonio, buenos hijos, mi salud...", dijo el actor recientemente en una entrevista a un medio estadounidense. Más allá de la estabilidad del vínculo, este no ha estado a salvo de crisis temporales e incluso se llegó a hablar de divorcio tras una separación transitoria.

Y como si la vida pareciera fácil para ellos, Michael sufrió cáncer de garganta y lengua, detectados en 2010 y 2013, respectivamente, que fueron tratados a tiempo. La explicación que él dio a estos problemas (demasiado sexo oral por su adicción al sexo) no podía generar otra cosa que un escándalo. Muchos encuentran ahí la causa del trastorno bipolar diagnosticado a la actriz en 2011 y por el que debió ser internada en abril de 2013. Quizá su mayor dolor haya sido, empero, la condena de siete años que sufrió su hijo mayor, Cameron, por temas relacionados con drogas.

Hoy todo parece haber vuelto a la normalidad. Los tres hijos de Douglas y una sobrina quieren seguir sus pasos en la actuación. Mientras tanto, el matrimonio piensa vender su propiedad en Mallorca, S'Estaca, donde empezó el amor. La casa de mediados del siglo XIX cuenta con bodega, piscina y 1.000 metros cuadrados habitables. Según cuenta la revista Vanity Fair, está dividida en cinco apartamentos individuales. En eso hasta ahora no han tenido suerte: originalmente la ofrecieron en 55 millones de dólares, que rebajaron finalmente a 32.