Cultura
Nueva serie

6 razones para ver Foodie Love (de un tirón)

Ya están disponibles en HBO GO todos los episodios (ocho) de la primera serie de la realizadora catalana Isabel Coixet: un suculento manjar para los ojos y para el corazón

03.01.2021 07:00

Lectura: 9'

2021-01-03T07:00:00
Compartir en

Por Patricia Mántaras

1. Isabel Coixet

Es uno de esos nombres que resuenan tanto en Hollywood como en el cine independiente español. Catalana, de 60 años, Coixet es foodie, ferviente lectora y capaz de atravesar el alma con apenas una línea de diálogo, o una mirada de sus personajes. Las historias de amor son frecuentes en su filmografía, pero nunca recaen en el héroe y la chica desvalida, o en el antihéroe y la mujer decidida. Sus historias de amor son entre una madre que sabe que va a morir y sus dos hijas pequeñas (Mi vida sin mí), entre una mujer sorda y un hombre ciego (La vida secreta de las palabras), entre un ermitaño aficionado a los libros y una librera entusiasta (La librería), entre una mujer que a principios del siglo XX adopta una identidad masculina para casarse con la mujer que ama (Elisa y Marcela). 

La directora, ganadora de cinco premios Goya y nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes y cuatro veces al Oso de Oro en Berlín, emprende ahora este viaje gastronómico que lleva a destinos mucho más intrincados que los restaurantes, antros nocturnos y heladerías que los protagonistas visitan en España, Italia, Francia y Japón. En cada plato de Foodie Love -el debut de la directora en la realización de una serie de televisión y la primera serie española original de HBO- hay implícito un recuerdo, una herida, una risa, un dolor. "Para mí la excelencia está en las cosas mínimas. Y las historias de amor que tienen un componente gastronómico que une a la gente tienen un plus", dijo Coixet en una entrevista. Pese a su título en inglés y a que gran parte de la filmografía de la directora es en ese idioma, la serie está hablada en español.

2. La química

Foodie Love es, en la ficción, una aplicación de citas para foodies. Lo que vemos en el primer episodio es la primera cita de Él y de Ella (así los llamaremos porque nunca conocemos sus nombres) en un café. El lugar elegido por excelencia por mayores-de-30-aterrados-de-conocer-gente-nueva-y-poco-interesante-y-quedar-luego-prisioneros-de-una-conversación-incómoda-o-poco-estimulante para una primera cita. "Un café qué son, ¿10 minutos? Solo un café", se dice ella mientras se maquilla; "Es solo un café. ¿Qué serán? ¿30 minutos? 45 minutos como mucho", se dice él intentando domarse el jopo frente al espejo. Van sin expectativas. Van con miedo. Como quien ha ido esperando todo muchas veces y no ha recibido nada. O como quien ha tenido todo y lo ha perdido y la herida que quedó es demasiado grande.

Ya con el café en la mesa, a ella se la ve bastante cómoda en su piel. Él duda de todo, de sí mismo, de su capacidad de ser interesante, y el espectador lo sabe porque él mismo se lo dice cuando su yo crítico lo bombardea con pensamientos negativos que se manifiestan como una voz en off o directamente escritos en burbujas de comic -un recurso bien administrado que solo aparece en el primer episodio-. Ella, segura en sus miradas y en sus palabras, juguetea nerviosamente con unas pequeñas flores que han venido con el café.

El actor argentino Guillermo Pfening lo interpreta a Él, este matemático exitoso que ha descubierto un algoritmo y que muchas veces peca de inseguro y de naif. El premio a Mejor actor que ganó en el Festival de Cine de Tribeca por su actuación en Nadie nos mira (filme argentino de 2017 de Julia Solomonoff) le dio la notoriedad necesaria para que Coixet reparara en él.

La española Laia Costa es Ella, una editora de libros tan interesante como impredecible y con una historia pesada a cuestas. Su papel en la película Victoria es uno de los más trascendentes de su carrera: le valió el premio Gaudí por su actuación y en 2017 estuvo nominada al Bafta como estrella en ascenso.
"Foodie Love habla de una relación humana sencilla entre dos personas muy complicadas", resumió la actriz en una entrevista. La química entre ambos, ponderada por todos los que han visto la serie es, según ella, una química "desde el desencuentro, desde el desacuerdo constante". "No es esa química de dos personajes que se gustan y que ves que van a caer enseguida. (...) No, estos parece que ellos mismos se convencen de: ¿quién es este tipo?, ¿quién es esta tipa? Constantemente se están desacreditando el uno al otro". Pero irracionalmente, dice, están "hasta el tuétano".

3. El realismo

A veces lo complejo no son las historias de amor en sí, sino las personas. Cuando los obstáculos no son más que impulsos de autoboicot, Foodie Love logra momentos de un realismo estremecedor. En lo que hablan, hay mucho no dicho. Y en cada mirada, fugaz o sostenida, hay pequeñas declaraciones silenciosas. "Todos nos callamos lo intraducible", ha dicho Coixet.

La naturalidad de los diálogos hace de la serie casi una experiencia inmersiva. Ellos están ahí, y el espectador también cree estar ahí. O tal vez haya estado ahí en algún momento -ayer, hace un año, o estará ahí mañana-, porque lo que se habla sobre un café, en esa primera conversación torpe de estos dos extraños, con ese nerviosismo latente y también patente, es una vivencia casi universal.

4. La comida

La comida une, y en este caso no solo porque reúna a los comensales en torno a una mesa, sino porque el interés por la comida, las pasiones que despierta y hasta los recuerdos que evoca, los pone a ambos protagonistas en la misma sintonía emocional. "Odio la gente que hace fotos de los platos antes de probarlos. Si todavía no lo probaste, ¿para qué le vas a hacer una foto?", se pregunta ella en un monólogo inicial que ambos personajes tienen por separado y que en ese episodio se van alternando y mostrando varios puntos en común entre ellos. "Hay mucho imbécil en el mundo foodie -dice a su vez él. Bueno, en el mundo en general, ¿no? Pero si te apasiona la comida, no podés ser un imbécil del todo, ¿o sí?".

La expedición gastronómica comienza con ese primer café y sigue con Breakfast in Kentucky, un cóctel exótico en un bar secreto; luego con gyozas y sopas de ramen en un restaurante japonés; después con el mejor helado del mundo, Gelato di neve, en Roma; más adelante con una experiencia de cocina molecular compartida, y con la aparente simpleza de un croissant y con la promesa de una cena de infinitos pasos en un ignoto pero exclusivo pueblito francés. "La comida te hace hablar y sentir muchas cosas. Uno puede hacer casi la biografía de una persona a través de sus filias, sus fobias gastronómicas y de las cosas que recuerda de su familia. O todo lo contrario: la ausencia de todo eso dice mucho de una persona", dijo Coixet. "El primer recuerdo gastronómico que tengo de algo muy bueno y de asociar tantísimas cosas a esa textura y a ese sabor, es la masa de croquetas de mi madre, que a mí me gustaba comérmela cruda".

5. El erotismo

En un momento de ese primer encuentro, en un segundo que le parece propicio, él estira un dedo e intenta rozarle la mano a ella, que la retira de inmediato, casi como un reflejo. Unos capítulos después ella le recuerda ese momento y le dice: "Es muy íntimo tocarle la mano a alguien".

Los tiempos de estos dos no se rigen por el reloj común. No hay sexo en la primera cita ni tampoco (spoiler alert) en la segunda. Tal vez tampoco en la tercera. No es que él lo sugiera y ella se niegue, o viceversa. No es una espera premeditada. Es, probablemente, mover el foco de eso a asuntos usualmente más inminentes a la suma de todos sus miedos y a la autopreservasión reinante.

Pero el deseo va en aumento de una manera que se percibe en sus miradas y en sus gestos. "Me gustaba la idea de que tardaran. Que hubiera tensión sexual, porque me interesa más que la concreción. Pero, bueno, cuando ejecutan, ejecutan", dice Coixet.

6. La banda sonora

Después de tanta obviedad, de tanta música (en cine y en series) que refuerza el concepto que ya mostró la pantalla y confirmaron los diálogos, encontrar una banda sonora no redundante se vuelve un hallazgo. El Happy Together, de The Turtles, que suena a contrapelo de las circunstancias, resulta demoledor, y es solo un ejemplo.

Disponibles en Spotify en forma de lista de reproducción, las canciones suenan en español, en inglés, en francés, en italiano y en japonés. Esas mismas canciones que la directora acercó a los actores en la previa de la filmación fueron musa para ellos, cuando lograron encontrarlas. "Había canciones que (Isabel Coixet) me pasaba en japonés que no encontraba ni en Spotify ni en iTunes y tenía que buscarlas en YouTube o no sé dónde porque ella tenía un disco viejo, y luego han acabado en la serie. Creo que se ha hecho un gran trabajo desde producción para conseguir esa música", contó Costa.

De una directora como Coixet, que tiene la sensibilidad como para escribir una carta a cada actor que queda fuera de su película para agradecerle y explicarle los motivos, y a su vez la determinación como para operar ella misma la cámara en planos que considera cruciales, nunca se reciben escenas melosas, con declaraciones de amor evidentes o emociones lineales. Pero sí pueden encontrarse en sus películas escenas de una complejidad emocional e intensidad conmovedoras. "En mi loca, idealista e inocente cabeza, el romance tiene que pasar en cualquier parte y todas esas cosas rutinarias del día a día, o ese deseo, deben tener un toque de romanticismo", dice Coixet en el documental Palabras, mapas, secretos y otras cosas (disponible en Netflix), en el que amigos y colegas hablan de su cinematografía y de ella misma. "Supongo que soy una persona romántica".