Personajes
Entrevista a Pedro Luque

"Ver algo diferente todos los días te hace dar cuenta de que la vida es inagotable"

Nombre: Pedro Luque Edad: 39 Profesión: director de fotografía. Señas particulares: Le encantan los autos, tiene unas 40 cámaras analógicas, se expresa mejor dibujando.

11.05.2020

Lectura: 6'

2020-05-11T20:04:00
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Por Alejandra Pintos

¿Qué es lo que más te gusta de estar en el set? Lo que más me gusta es trabajar con gente y la complejidad de coordinar todo un equipo de cientos de personas y elementos para lograr capturar una emoción, una sensación.

Una de sus grandes obsesiones es la luz. ¿Cuándo nació? La obsesión por la luz nace cuando empiezo a hacer pintura, entre los 16 y los 20 años, en el taller de Enrique Badaró, donde pintaba al óleo. Allí me di cuenta de que cuando se quiere generar un volumen la única forma de entenderlo es a través de la luz, entendí que un volumen en la oscuridad no existe y lo único que lo define es qué rayos rebotan en él. Eso me llevó a investigar qué transmite cada forma de iluminar algo. Es un lenguaje en sí mismo, la fotografía es literalmente pintar con luz.

Para tomar fotos personales elige la fotografía analógica. ¿Por qué? Cuando mi padre me dio mi primera cámara era una reflex analógica y en ese momento era lo único que había. Enseguida apareció lo digital, pero nunca me subí al tren. Yo estaba en un grupo de amigos que tocábamos música y para nosotros lo más grande era sacar un disco en vinilo, que en ese momento estaba más muerto que ahora. Siempre tuvimos una especie de pulsión retro. Más allá de lo técnico, me pasa que el tener posibilidades limitadas con el rollo hace que trabaje un poco más la cabeza. Ahora colecciono cámaras y cada una tiene su espíritu y su expresividad, elijo la indicada para cada ocasión.

A principio de los 2000 fue de gira con Hablan por la Espalda, donde hacía de fotógrafo, plomo y conductor. ¿Qué recuerdos atesora? Algo que me gustaba mucho era esa especie de fiebre de estar en un toque, con la música sonando en vivo bien fuerte, y capturar ese momento con una cámara. Cuando estaba sacando fotos del recital estaba con el ojo pegado al visor todo el tiempo, estaba viviendo a través del lente mientras la música sonaba y, cada tanto, seleccionando momentos. Además, me gustaba el sentimiento de camaradería, el manejar en la ruta y conocer lugares diferentes a los que nunca hubiese ido. Fue una gira muy punk, me sentía un poco un fotógrafo de guerra, solo que no moría nadie -había alguna que otra baja- y éramos todos felices. Aprendí mucho: salir de tu zona de confort es lo mejor que te puede pasar para desarrollarte creativamente. Creo que ver algo diferente todos los días te hace dar cuenta de que la vida es inagotable.

Le gustan mucho los autos. ¿Cuál es el auto de sus sueños? La Ferrari Testarossa de los noventa, es una terrajada, pero es verdad. Me encanta manejar y me gusta el auto como objeto, me gustaría tener un auto adentro de un garaje y poder meterle mano constantemente. Por otro lado, creo que no tiene sentido otro auto que no sea el eléctrico, consumir nafta es una estupidez.

Trabajó con estrellas pop. ¿Qué hubiese dicho el Pedro Luque punk de la juventud? Me pasó que un director que a mí me encanta y que trabaja con Spike Jonze, Jake Schreier, me llamó para trabajar. Que los protagonistas sean Selena Gómez, J Balvin y Benny Blanco para mí es indiferente. No tengo ningún prurito con hacer pop, tampoco soy muy dogmático a nivel de expresión. Cada uno hace lo que quiere. Obviamente, cuando empezamos en la escena mínima del hardcore punk montevideano éramos muy estrictos, un montón de cosas estaban buenas, éramos absolutamente igualitarios, libres. Pero a su vez esos dogmas te hacían prisionero y creo que todos fuimos cambiando. El mundo es de los valientes, cada uno tiene que hacer lo que tenga ganas, hacerlo lo mejor posible y nunca dejar de ser un poco loco.

¿Tuvo algún encuentro en Hollywood con un cineasta que admirara? Tuve varios, pero una de las cosas que más me gustó fue ir con César Charlone a los cien años de la Asociación de cinematografía de Estados Unidos y encontrarnos ahí con Roger Deakins y charlar un rato los tres. Las únicas dos veces que me dio eso que acá se dice starstruck, que quedás como atolondrado, fue con actores de Star Trek: The Next Generation, que es la que yo miraba en los noventa. Es algo superprimitivo, como entrar a la casa de tu abuela.

¿Qué fue lo más duro de instalarse en Los Ángeles? Los tres o cuatro primeros meses tenía una película para filmar en Nueva Orleans y fue fácil, estaba todo medio resuelto. Después nos fuimos a Los Ángeles y dijimos: ‘¿Ahora qué?'. Por suerte teníamos algunos amigos acá, pero lo más duro es no tener a la familia, tuvimos que hacer todo solos. En aquella época me iba a trabajar a cualquier lado, a México, Ecuador, Costa Rica, incluso fui a Montevideo a filmar El Hipnotizador. Recién ahora que hace seis años que estamos instalados puedo decir que tenemos cierta tranquilidad.

¿Qué es lo que más admira de su pareja, la diseñadora Jessie Young? En primer lugar, que es brillante. Tiene muy buenas ideas, buen ojo y buen instinto. También tiene una fuerza increíble, no podría haberme mudado a Los Ángeles sin ella. Admiro su capacidad de concentración en una idea y en llevarla a cabo, de construir, de moverse, que me hace ser mejor persona y me hace vivir mejor.

¿Qué es lo mejor que te está dando este parate obligatorio que es la cuarentena? A mí me pasa algo particular que es que trabajo mucho fuera de casa, a veces me voy a hacer una película y estoy cinco meses rodando en otro lado, eso para mí es lo más difícil que tiene este trabajo. Me pierdo pedazos de la vida de mis hijas, de mi esposa y de mi casa. Es duro, llega un momento en el que te convertís un poco en un extraño. Entonces lo que más me gusta de esto es que, a pesar de las preocupaciones, me está dando un tiempo obligado en el cual ni las niñas van a la escuela ni yo voy a trabajar. Me está dando una cotidianidad con ellas que agradezco.