Personajes
Entrevista a Sebastián Beltrame

"Vacunarse (contra el coronavirus) es un tema de solidaridad"

Nombre: Sebastián Beltrame Edad: 47 Ocupación: Conductor de En foco Señas particulares: es fanático del jugo de naranja; tiene un perro llamado Foco; le encanta reparar cosas

23.02.2021 09:46

Lectura: 6'

2021-02-23T09:46:00
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Por María Inés Fiordelmondo

Dicen que en la vida privada no es el comunicador que se ve por la tele. ¿Por qué?

Siempre fui muy tímido. El ejercicio del trabajo me hizo cambiar un poco y frente a la cámara no me pongo nervioso, pero soy muy tímido en cuanto a la relación con la gente. Me cuesta mucho abrirme a las personas. Por ejemplo, en mi casa cuando tocan la puerta no me gusta ir a abrirla. Cuando era adolescente íbamos a bailar y yo me quedaba parado contra una pared las cuatro horas. No me acercaba a las personas.

De hecho, su actual esposa fue una de las pocas mujeres, si no la única, a la que se animó a hablarle.

Estaba con un amigo, habíamos ido a bailar y él estaba hablando con la amiga de la que hoy es mi esposa, entonces me fue más fácil. Me senté al lado de ella y empezamos a charlar, y así terminamos en una relación de casi 20 años.

¿Es cierto que llevaban meses saliendo y no se acordaba de su nombre?

Soy bastante despistado con los nombres y cuando hablamos ese día ella no me dio su teléfono. Como tres  meses después me llamó y yo sabía quién era pero no cómo se llamaba. Imaginate llamar a alguien que conociste para salir, y que esa persona no sepa tu nombre. Es horrible. Hablamos, quedamos para salir, salimos una vez, dos, tres, cuatro veces y no me acordaba. No sé ni cómo hice para que ella no se diera cuenta. Cada vez que íbamos a salir me ponía más nervioso, porque la primera y la segunda puede pasar, pero si ya hace un mes que estás saliendo y no sabés el nombre, sos una persona rara. En un momento tenía que trabajar en el interior y la invité para que fuera. Cuando reservé la habitación del hotel di un apellido que no era. Cuando llegó le pedí la cédula para registrarla y por fin supe cómo se llamaba. Fue un alivio. Se lo conté cuando teníamos más confianza y ahora es una anécdota graciosa.

Fue chico Feyvi en 2013. ¿Hizo dieta para eso?

La primera respuesta cuando me lo propusieron fue que no, no era mi perfil. Pero mi esposa me dijo: ¿por qué no? Ella entrenaba mucho en ese momento y me armó un entrenamiento, una dieta. En dos meses mi físico cambió y pasó algo raro, porque cuando decidí hacerlo, la agencia me dijo que en dos días se grababa un video promocional para las redes. Yo no había ido al gimnasio, lo hice como estaba. A los dos meses se sacaba la foto y ahí ya estaba entrenado. Fue muy gracioso porque veías la filmación de la promoción y la foto y pensabas: "Esto es photoshop".

Pasó su infancia en el interior y era adolescente cuando se mudó a la capital. ¿Cómo lo vivió?

Por el trabajo de mi padre (ingeniero agrónomo) viví en la cordillera argentina (en San Juan), en Tacuarembó, Tarariras, Colonia del Sacramento. Ahí mis padres se separaron y mi madre y mis hermanas se iban a vivir a Buenos Aires, porque mis abuelos maternos vivían ahí. Yo no quería, entonces decidí mudarme a Montevideo. Me mudé el día anterior a empezar primero de liceo. Imaginate para un niño que vivió toda la vida en el interior, dejar a los amigos y mudarse a la capital no fue fácil. Fui al Liceo 12, que está en Parque Batlle. En ese momento se jugaba al fútbol en el parque en los recreos. Tengo el recuerdo de un partido en el que estaban todos mis compañeros jugando y yo me paré al lado en la cancha y pedí permiso para jugar. La respuesta fue: ¡no! No estaba acostumbrado a eso. Era distinto el trato en el interior.

En setiembre estuvo en la fábrica de la vacuna rusa contra el coronavirus. ¿Qué les diría a quienes desconfían y dicen que no se van a vacunar?

El crecimiento de la población humana se resume en un antes y después de la historia de las vacunas. Estoy totalmente a favor. Hay otro tema que es que para que una vacuna funcione, el 70% de la población tiene que estar vacunada porque si no, la enfermedad se sigue expandiendo. Es un tema de solidaridad. En Rusia tuve contacto con todas las personas relacionadas con la producción de la vacuna y conocí bastante del tema. Llegué a Montevideo con todo ese conocimiento y datos de personas para conseguir vacunas y lo primero que hice fue poner todo a disposición dequienes pudieran resolver algo con eso. Pero fue una información que en su momento se desestimó. No hubo interés. Meses después el gobierno mandó una delegación al mismo laboratorio donde yo había estado cinco meses atrás. Son decisiones que escapan a uno, pero me quedo tranquilo de haber hecho ese intento porque era una información demasiado valiosa para guardármela.

El síndrome del viajero (o Stendhal) se da al exponerse a una "sobredosis de belleza", con aceleración del ritmo cardíaco. ¿Le pasó algo así?

Muchas veces, pero no frente a algo material; siempre por algo natural. En Brasil me pasó en un acantilado frente a una playa. En Nepal me pasó en la montaña, eso de querer que el tiempo se detenga. Me pasó en la Antártida una vez que me fui a caminar. Sabía que estaba absolutamente solo y es como que la naturaleza te abruma. También me pasó admirando una flor de mburucuyá, estaba acercándome con un lente para ver más detalles y empecé a notar que adentro había unos escarabajos de color verde muy brillantes. Darte cuenta de cómo la naturaleza puede tener hasta el nivel más pequeño de la vida que uno no conoce, me conecta de una forma que me hace sentir extasiado.