Personajes
Entrevista a Juan Pedro Mir

"Uruguay no respeta a los niños"

Edad: 47 • Ocupación: Director de Inicial y Primaria en el José Pedro Varela • Señas particulares: Se crió en el Cerrito de la Victoria, admira la cultura judía, su padre lo llevaba a Cinemateca.

21.10.2019

Lectura: 6'

2019-10-21T23:55:00
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Por Alejandra Pintos

¿Qué quería ser de niño? Piloto de avión. Mi infancia fue en el Cerrito de la Victoria. Nos quedábamos jugando hasta las diez de la noche atrás de lo que era la Fábrica de Ottonello. Mi casa era un espacio abierto donde jugaba todo el barrio, fuimos los primeros en tener un Atari.

En esa época su padre estaba exiliado. Mi papá estaba exiliado en España por cuestiones políticas y compartí un período corto con él. Nos volvimos a ver en el año 1985. El tesoro que guardo de mi padre son las postales que me enviaba; él era vendedor ambulante de ropa allá y recorría España. De cada lugar que iba me mandaba una postal. Hacía observaciones muy finas. Hizo periodismo, escribió en el diario Época, era guionista de radio. Falleció en 2012 y me quedan esos relatos de él.

Dicen sus exalumnos que respeta mucho la inteligencia de los niños. ¿Eso lo heredó de su padre? Sí, y de mi madre. En los apagones programados leíamos El Quijote, mi casa estaba llena de libros, se promovía el pensamiento crítico. "La cultura es libertad", decía mi padre.

Hoy, ¿cree que se les falta el respeto a los niños? Uruguay no respeta a los niños. El niño hoy es un objeto de mercado. Por un lado tenemos leyes y marcos institucionales que pretenden garantizar los derechos del niño, pero por otro lado se convirtió en un objeto de consumo. Los niños no votan y la mayor cantidad de niños provienen de hogares pobres, entonces políticamente no ejercen lobby.

Tiene una hija, ¿qué particularidades tiene criar una niña? A mí me criaron mi abuela y mi madre, entonces la coparticipación en las actividades de la casa no me la tienen que contar, la hice. Soy consciente de la lucha de las mujeres y de que es mucho más difícil para una mujer construir su agenda propia. Ahora estoy construyendo una familia ensamblada con mi nueva esposa y trato de empoderar a nuestras hijas a que sean mujeres libres, que asuman riesgos, que manejen su economía. No entro en lo que para mí es una tontería del lenguaje inclusivo. Como maestro y seguidor de la academia uso el lenguaje normativo estándar del Río de la Plata. Uruguay gana con el feminismo y con buenas feministas. Los varones ganamos cuando compartimos nuestra vida con nuestras compañeras desde un lugar de igualdad y dejamos de ejercer ese lugar de "macho proveedor".

¿A qué escuela fue su hija? Fue a la Simón Bolívar, escuela pública, hasta sexto año. En primero de liceo la madre y yo llegamos a un acuerdo de mandarla a la institución en la que trabajaba yo en ese momento, que era el liceo Elbio Fernández, porque tenía una beca importante. Apostamos a una institución laica.

¿Cree en la educación pública? A la educación pública hay que defenderla, pero el punto es que no hay diferencia entre la escuela pública en un barrio como Pocitos y un colegio en ese mismo barrio. El problema no es público o privado, el problema se ve según dónde queda esa escuela pública. Héctor Florit habla del "síndrome de las camionetas amarillas", las personas mandan a sus hijos a la escuela pública pero no de su barrio, sino a las del Prado o Pocitos, que es una forma también de privatización de lo público.
Ha publicado columnas en la diaria y en su escritorio tiene los diarios de hoy.

¿Qué rol juega la prensa en su rutina? Además de ser maestro soy periodista, egresado de la UTU como técnico en Comunicación Social. Me encanta escribir y todo el tiempo estoy leyendo la prensa nacional e internacional. Con la maravilla que es Internet leo El País de Madrid, The Guardian, Le Monde. El periodismo me parece un trabajo central para la civilización libre.

¿Cuándo se dio cuenta de que quería ser maestro? En el liceo. Era una época fermental con gremios estudiantiles y profesores que te abrían la cabeza. Me afilié a la Juventud Comunista con 14 años, entonces en ese movimiento social y político me di cuenta de que la educación ocupaba un lugar interesante en el vínculo con el otro. Me anoté en el IPA para hacer Historia y una profesora de Pedagogía, Cristina, nos llevó a conocer una escuela. Vi que ese mundo tenía magia. Por otro lado, empecé las prácticas en el liceo y me di cuenta de que eso era solo enseñar Historia. Así me empezó a seducir la idea y esa maestra -que es la madre de Cristina Lustemberg- me animó a que empezara Magisterio, con todo el prejuicio que hay. Éramos tres varones en la clase. Me enganché también con Ciencias de la Educación en Facultad de Humanidades y tengo los dos títulos.

¿Se valora poco el trabajo del maestro? Sí, totalmente. Cada vez menos. Uruguay debe reordenar sus prioridades y posicionar a los maestros en un lugar en que alguna vez estuvieron y ya no. Creo que eso se ve en los salarios y en las condiciones en las que trabajamos. Creo que eso también es una perspectiva de género, porque si la mayoría de los maestros fueran hombres, sería distinto.
Tuvo un breve paso por el gobierno como director nacional de Educación. ¿Quedó desencantado con la política? Creo que la política en Uruguay es maravillosa. Tenemos una clase política generalmente honesta, pacífica. Yo lo valoro mucho y creo que tenemos que defenderlo para que no aparezcan las bestias como (Jair) Bolsonaro. No quedé desencantado, me avivé, yo era Caperucita en el bosque. Vi que en la política entran otros factores, tiene que ver con el poder, la confrontación de ideas, la asignación de recursos... y lo que no podemos ser es despistados.

¿Le gusta vivir en pareja? Mi consejo es: "Vivan en pareja y cásense". Vivir en pareja te alarga la vida, te hace aprender, te hace tolerante, te ayuda a organizar tu economía. Valeria es mi compañera de vida, es mi alma.

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