Personajes
Jorge Larrañaga

"Soy una persona con convicciones y una fuerte impronta de defender lo que pienso”

Tras varios traspiés electorales, Jorge Larrañaga recuperó protagonismo en la escena política con la campaña por seguridad Vivir sin miedo. El 16 de diciembre de 2019 fue nombrado futuro ministro del Interior.

01.11.2018

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2018-11-01T18:14:00
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por Elena Risso

Jorge Larrañaga dice que los años en la batalla electoral le suavizaron el carácter y que los traspiés políticos le sirvieron de aprendizaje. El tiempo transcurrido desde 2004 -cuando compitió por primera vez por la presidencia- hasta ahora, tuvo más sombras que luces: dos duras derrotas internas, otras dos elecciones nacionales perdidas por el Partido Nacional, y el alejamiento de varios dirigentes de primera línea de su sector que en algún momento pusieron en jaque su liderazgo.

Después de esos knock down, que lo tumbaron en la lona política y lo dejaron al borde del knock out, Larrañaga decidió levantarse una vez más y ahora, a los 62 años, vuelve a la lucha electoral, intentando retomar un liderazgo dentro del Partido Nacional que primero le arrebató Luis Lacalle Herrera y cuatro años más tarde Luis Lacalle Pou. Lo hace con algunos moretones, como resultado de una estructura menguada, y en una realidad que no parece sencilla. Su sector, Alianza Nacional -que en la última elección obtuvo más de 290.000 votos-, 40% del total de los votos blancos, se desmembró con la pérdida de figuras de primera línea; además, por ahora las encuestas le pronostican una nueva derrota. Igual decidió volver a intentarlo, en una jugada que algunos atribuyen a una enorme perseverancia que lo mantiene en pie, y otros adjudican a un tesón que roza la tozudez, porque podría recibir la tercera caída consecutiva en una elección interna.

Pasaron 14 años desde la primera vez que Larrañaga quiso ser presidente y no solo Uruguay cambió; él también. De aquel Guapo temperamental, de ademanes toscos y duros discursos de barricada, parecería quedar poco, al menos por algunos comportamientos que suavizaron su impetuosa manera de ser, en especial en la intimidad. Por ejemplo, el Guapo de hoy utiliza un tutorial de YouTube para patinar un viejo mueble de madera que encontró abandonado en el campo de su suegro, que ahora ocupa un lugar importante en el living de su apartamento de Punta Carretas, debajo de una marina pintada a tres manos por Adolfo Fito Sayago, Enrique Souza y Francisco Fraga.

De este último tiene otros dos cuadros, uno de caballos y otro de gauchos, dos motivos que se repiten en la casa de Larrañaga, donde los toques rurales están presentes en diferentes rincones, como queriendo recordar que aunque ahora viva en la capital, sus raíces siguen ligadas al campo y a su Paysandú natal.

En el apartamento también hay pinturas de Enrique Castell Capurro, que eran de su padre, facones de distintas épocas que compró o recibió de regalo, y sobre una mesa ratona de madera descansan dos estribos, un mate de plata y piedras de afilar. Nada sobra ni parece exagerado, todo guarda relación con la decoración minimalista del lugar, donde predominan el blanco y los tonos de marrón, y se destaca un antiguo reloj de madera que era de su madre. Asegura que es muy "cachivachero" y que no tiene más cosas porque su señora, Liliana Echenique, le dio un ultimátum y no le permite llevar más objetos. El Guapo 2018 acata esas órdenes y por eso conserva otros elementos en su chacra de Flores, cerca del lago Andresito, aunque tampoco tantos, ya que hace un tiempo allí entraron ladrones.

Más allá de las derrotas y desengaños políticos, hay otro elemento que tuvo una incidencia fundamental en la vida de Larrañaga: su hijo Faustino, que está por cumplir diez años. Los tres mayores -Jorge, 30 años, abogado; Aparicio, 26, economista; y Juan, 18, bachiller- nacieron de su primer matrimonio con Ana María Vidal. Larrañaga se perdió buena parte de la crianza por dedicarse de lleno a las actividades políticas, que lo llevaron a ser intendente de Paysandú, senador y a competir por varias candidaturas.

Con Faustino, dice, no está dispuesto a que ocurra de nuevo. Ahora suspende reuniones o actividades partidarias para, por ejemplo, llevarlo a las prácticas de rugby con Champagnat o ir juntos a la Estación Central de AFE el Día del Patrimonio. Con sus hijos mayores también mantiene un vínculo muy estrecho; dos viven en Montevideo; el otro vendrá el año que viene de Paysandú. Se hablan a diario en el grupo de WhatsApp Los Larra y comparten el gusto por la política y los caballos de carrera, otra de las pasiones de la vida de Larrañaga.

Hoy tiene cinco caballos y en los últimos años algunos de sus animales se destacaron en competencias: Troyano Plick salió segundo en el Ramírez, y Eliot Ness conquistó el Gran Premio Maroñas y ahora es padrillo del Haras La Horqueta de Río Negro. Sus caballos corren con los colores de sus dos studs: XV -chaquetilla dorada con mangas doradas y negras y gorra negra-, que era de su padre; o San Félix -chaquetilla blanca, tiradores azules, mangas rojas y gorra roja, en honor al Club Nacional de Football-, que fundó con su hermana Dorita y llamó de esa manera en homenaje al Hipódromo de Paysandú, lugar en el que pasó buena parte de su infancia y donde siendo un niño lo bautizaron Guapo, porque ante los rezongos de los mayores estaba dispuesto a pelear de igual a igual.

Larrañaga es el mayor y único hombre de la familia. Después nacieron cuatro mujeres: Beatriz, Susana, Dorita y Andrea, que murió de cáncer en 2004, un mes antes que su padre. Su madre falleció seis años después. Ese padre vasco y esa madre gallega le enseñaron, dice, el concepto de "resiliencia", de superar adversidades y levantarse después de cada caída, algo que ha hecho a lo largo de su derrotero político.

Si bien el Larrañaga actual se toma tiempo para manejar redes sociales, ver películas de vikingos, series como House of cards o Designated Survivor, documentales de Emmanuel Macron o Donald Trump, y leer sobre Winston Churchill o Simón Bolivar, mantiene cosas que demuestran que a pesar de los años, las caídas y las aristas limadas, hay características del Guapo que siguen intactas. Su apego al medio rural y su vitalidad se mantienen a pesar de las canas y el tiempo transcurrido, por eso cada vez que puede trabaja en su chacra, pintando las paredes de lapacho y cortando el pasto de tres de las diez hectáreas de campo que forman el jardín. Además, le gusta lustrar sus propios zapatos y cuidar sus cuchillos, los que limpia con productos que quitan la herrumbre y luego los afila, dejándolos tan filosos que puede llegar a cortarse los vellos de su antebrazo izquierdo, como demostró en la entrevista con galería. Dice que el trabajo manual lo ayuda a distraerse.

La semana pasada, Larrañaga anunció que consiguió más de 200.000 firmas de las 280.000 que necesita antes de que finalice abril, para impulsar una reforma constitucional en materia de seguridad pública que quiere que se plebiscite en la próxima elección. La campaña Vivir sin miedo promueve, entre otras cosas, la creación de una Guardia Nacional integrada por efectivos militares para tareas de vigilancia y represión, cambios legales para impedir la disminución de las penas en casos de delitos graves y modificaciones en los allanamientos nocturnos, entre otros. Figuras del Partido Colorado, como los senadores Pedro Bordaberry y Germán Coutinho, y el intendente de Rivera Marne Osorio, y nacionalistas identificados con Lacalle Pou, como el intendente de Florida Carlos Enciso y el senador José Carlos Cardoso, firmaron la iniciativa. Los promotores de la campaña también compartieron en las redes sociales fotos de figuras del espectáculo y del deporte sumándose a la campaña, como el comunicador Cacho de la Cruz, o los futbolistas Hugo de León, Richard Chengue Morales, Enrique Peña, Obdulio Trasante o Julio Montero Castillo.

Cuando Larrañaga propuso la iniciativa el año pasado, algunos de sus colaboradores pusieron reparos, porque entendían que era demasiado esfuerzo para algo que no necesariamente llegaría a buen puerto. Él resolvió seguir adelante e inició, una vez más, una recorrida por el país buscando firmas para cumplir con su propósito, una decisión que logró ponerlo de nuevo en la primera línea de la escena política de una forma inesperada.

Larrañaga es abogado, aunque ejerció muy poco, porque rápidamente incursionó de lleno en la política. Fue electo intendente de Paysandú por primera vez en 1989. Dice que desde ese momento hasta ahora, lleva recorridos un promedio de 80.000 kilómetros por año a lo largo y ancho de todo el país. Eso significa que en 29 años anduvo 2.320.000 kilómetros, casi un kilómetro por cada habilitado para votar en las elecciones nacionales.

¿En qué cambió desde que compitió por primera vez por la presidencia? Soy un luchador. Uno va moldéandose, como el canto rodado que de tanto rodar va perdiendo las aristas y suavizando bordes. Uno adquiere experiencia. Por supuesto que también los golpes y los desengaños hacen aprender. Tengo una importante experiencia y y capacidad de trabajo, fui 10 años intendente de Paysandú y casi 18 años senador. Me siento mucho más ejecutivo.

¿Qué bordes suavizó? Quizás el ímpetu de discutir por conciliar, por encima de que soy una persona con convicciones y una fuerte impronta de defender lo que pienso y lo que siento. Impulso la campaña de recolección de firmas Vivir sin miedo porque estoy convencido de que el país lo necesita. Es para dentro de un año, pero ningún candidato de ningún partido propone nada antes, este gobierno no va a hacer nada hasta el 1º de marzo de 2020, y el próximo gobierno no va a tener mayorías parlamentarias, así que van a pasar muchos meses antes de hacer cambios. Aquí no podemos entrar a medias tintas. Si el país no recupera el respeto, la autoridad y el orden, iremos en un cuesta abajo preocupante.

Los que lo conocen dicen que está más reflexivo. ¿Hizo terapia? No. No porque no sostenga que a veces hacer terapia pueda ser bueno. Las respuestas están adentro del ser humano. Creo mucho en la reflexión, en escuchar, en hablar con gente que está afuera y adentro de la política, para ir llevando adelante aquellos cambios que puedan ser importantes en la forma de pensar. Por eso uno va avanzando, dándoles más importancia a cosas que antes no le daba.

¿Por ejemplo? Mis hijos. Uno nunca termina de valorar cuánto tiene que hacer por ellos. Es lo permanente. Esa cercanía que tengo con todos ellos, más allá de los distintos años, me da mucha fortaleza. Con mis tres primeros hijos me perdí muchas cosas por la actividad política. Resolví que no iba a perderlo con el último.

Jorge, su hijo mayor, armó un grupo para la interna. Él sabe que conmigo no hay privilegios y que tendrá que luchar en función de lo que pueda conquistar. Yo no tuve herencias políticas, todo lo hice a punta de un enorme esfuerzo. Fui suplente de edil, suplente de diputado, fui intendente, fui senador, fui prencandidato a la presidencia, fui candidato a la presidencia, fui presidente del directorio, fui de vuelta precandidato a la presidencia, fui candidato a la vicepresidencia. Todo lo he logrado a punta de lucha, esfuerzo y votos. Eso se lo traslado a mis hijos, que la política es transpiración e inteligencia y en el camino uno deja muchas cosas. Y muchas veces está expuesto al salpicadero del pantanal que muchos transitan en la carrera política.

En 2004 usted recibió acusaciones de ejercer violencia de género con quien en ese momento era su señora. Sí. Pero como son mentiras que se lanzan arteramente siempre hemos podido avanzar en términos de familia superándolas.

¿No pensó en abandonar la política después de tantas derrotas? No te digo que no lo he pensado, pero un luchador siempre tiene fuerzas para algo más. Si uno es un combatiente, debe seguir combatiendo. Tengo 62 años, tengo la energía intacta. Puedo subirme a un caballo y hacer decenas de kilómetros poniendo mi mente mirando el horizonte, más allá de los dolores del cuerpo. Eso me pasa también en la política. No podría estar siendo espectador cuando mi país va barranca abajo. El país no está en condiciones, más allá de una decisión democrática que todos respetaremos, de soportar un cuarto gobierno del Frente Amplio.

Cuando muchos lo daban por muerto políticamente reapareció con fuerza con la campaña de recolección de firmas. ¿Fue su última bala? No creo que una cosa genere la consecuencia de otra. La crítica que se hace a los políticos es que no hacen. De ahí partió el mandato que yo trasladé a los compañeros: hacer algo. Con la credencial y la firma la gente puede cambiar. Eso ha tenido consecuencias que después se valorarán en función de la persona Larrañaga, no lo niego. Pero no lo planifiqué para provocar una revalorización de Larrañaga, lo impulsé porque estoy convencido de que si no hay reforma vamos a seguir perdiendo la lucha contra la delincuencia.

Tiene algo de quijotesco, porque parecía liquidado, se le iban dirigentes, y decidió otra vez recorrer el país, sabiendo que puede volver a fracasar. ¿Qué le dijeron en su entorno? Muchos compañeros, con razón, alertaban de las tremendas dificultades que esto significaba. Primero, que no te acompañe integralmente tu partido; segundo, no tener organizaciones sociales que secunden y respalden el proceso; tercero, no tener la necesaria estructura para poder impulsar esto. Sin embargo, estamos avanzando de manera muy importante en todo el país. No puedo negar que se levantaban voces de prevención, de cierto temor por no alcanzar el objetivo, que esto era una empresa cercana a lo imposible. Pero al igual que en el gobierno de Jorge Batlle, cuando estaba convencido de que había que retirar a los ministros blancos del gabinete para preservar al partido y al gobierno, no obstante lo cual seguimos ayudando, estaba convencido de esta reforma.

¿Le sorprendió que compañeros de su partido no lo hayan apoyado? No me sorprendió, más allá de que Lacalle Pou en el último pedido de interpelación de Bordaberry a (el ministro del Interior, Eduardo) Bonomi dijo que iba a acompañar ese llamado y también el proceso de recolección de firmas, y después vino a mi despacho y me sugirió a ver si podía cambiar la recolección de firmas por una reforma para ejercer el derecho de petición. Le dije que no. Porque el derecho de petición queda archivado en un cajón en un escritorio y una reforma constitucional es un cambio. No es nuevo, son diferencias que mantuve con Lacalle Herrera en su momento por la Guardia Nacional y también con Lacalle Pou en la última interna. Creo que es un aporte indudable al equilibrio y una acción combinada para enfrentar una delincuencia creciente en el país. También estoy convencido de la necesidad de sacar la prohibición de los allanamientos nocturnos. Es una antigualla de 1830. O la del cumplimiento de las penas sin descuentos para aquellos que cometan delitos gravísimos. Quien viola a una niña, a una adolescente y después la mata, los especialistas sostienen que no tiene una rehabilitación. Ahí establecimos una pena revisable recién a los 30 años. Lo mismo para los que cometen sicariato o para homicidas múltiples. Es un cambio muy potente y creo que es un reclamo que no ha sido advertido por la mayoría de los dirigentes políticos de todos los partidos.

En muchos sectores del oficialismo se insiste en el avance en la nueva agenda de derecho y hay quienes advierten que se están descuidando cosas como la seguridad. ¿Existe cierto divorcio entre estos temas? Absolutamente hay un divorcio, porque en esa agenda se precaven derechos de minorías pero anualmente están muriendo, sufren homicidios, 400 personas. Es la realidad que tenemos hoy en el país. Si comparamos octubre 2018 con octubre 2017 vamos próximos a tener 400 homicidios, de los cuales 50% no se aclaran. Es alarmante que nos estemos acostumbrando a esto.

Hay quienes sostienen que es por problemas en las políticas sociales. Pero han tenido todo el tiempo para hacer políticas sociales, han tenido recursos. Lo que pasa es que las políticas sociales han fracasado, la política educativa ha fracasado y la política de seguridad ha fracasado. Ahí son necesarios cambios potentes porque se ha perdido hasta el respeto, la seguridad, el orden y la autoridad en el país.

¿Se plantea la posibilidad de que salga la recolección de firmas pero usted no gane la interna? Estoy convencido de que vamos a juntar las firmas, va a haber plebiscito conjuntamente con la elección nacional y también tengo razones fuertes para sostener que voy a ganar la interna.

Las encuestas dicen lo contrario. Los números hablan de una polarización clara dentro del menú de candidatos del Partido Nacional. Desde la reforma constitucional del 96 hasta la fecha siempre se polarizó la interna del Partido Nacional y esta no va a ser la excepción. Además, la historia marca que desde 1985 a la fecha los liderazgos han cambiado cada cinco años. (Alberto) Zumarán, Lacalle padre, (Alberto) Volonté, Lacalle padre, Larrañaga, Lacalle padre, y después Lacalle hijo. Cada cinco años se han renovado los liderazgos en el Partido Nacional, más allá de que participen similares actores políticos. Por eso tengo esa confianza, y además he estado más que nunca en contacto con miles de ciudadanos.

¿Sigue manteniendo la buena relación que tenía con José Mujica? Eso se ha diluido en función de cosas que pensábamos que podíamos llevar adelante desde la oposición y después no se pudo concretar. Por ejemplo, aquel acuerdo nacional de educación que se firmó en 2012 y después lamentablemente no se pudo cumplir. Esas cosas van marcando distancia.

Pero antes se juntaban seguido a tomar mate. Eso se ha exagerado mucho más de lo que en realidad se podía apreciar. Se han sacado conjeturas, proximidades. Yo me reúno y converso con (Edgard) Novick, con (Ernesto) Talvi, tengo excelente relación con Bordaberry, con Pepe Amorín, con (Julio) Sanguinetti. Lo visito en la casa y converso con él. Con el intendente de Canelones Yamandú Orsi tengo una muy buena relación y nos hemos juntado a tomar mate en el Hipódromo de Maroñas. Eso no significa nada, soy inclaudicablemente blanco.

¿Fue a ver la película La noche de los 12 años? No. Me gusta el cine, pero no he tenido tiempo.

¿Por qué cree que Mujica despierta tanto interés en el exterior? Hay un personaje que salió para el mundo y un ser humano de carne y hueso en el Uruguay. Afuera sale el personaje y acá ese personaje se aterriza por el político en función de sus logros, errores y gestión. Ahí hay una contraposición.