Estilo de vida
Psicología

¿Qué significa tener una personalidad madura?

Con los años, la idea de madurez se ha vuelto cada vez más compleja y ambigua. Aunque resulte poco atractiva y hasta aburrida para las nuevas generaciones, se relaciona con una adecuada regulación de las emociones y, por ende, una mayor salud mental

11.04.2021 07:00

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2021-04-11T07:00:00
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Por María Inés Fiordelmondo

En algunas culturas el asunto es muy sencillo. Un niño perteneciente a una tribu indígena se convierte en una persona madura y adulta a través de un ritual que puede implicar la sobrevivencia durante varias semanas en soledad en medio de una selva, o mediante la ingesta de drogas que supuestamente lo hacen olvidar su pasado infantil. En la tribu Kaningara (Papúa Nueva Guinea), el ritual consiste en realizar cortes por todo el cuerpo al niño convertido en adulto, como forma de demostrar la fuerza y valentía necesaria para ser un verdadero hombre. Hasta hoy las niñas musulmanas deben usar hiyab desde su primera menstruación y se espera que desde entonces se comporten de manera distinta, como mujeres aptas para casarse y tener hijos.

Aunque parezca un tema totalmente ajeno a la vida moderna de occidente, lo cierto es que quedan algunos vestigios, como los cumpleaños de 15 y los Bar/Bat Mitzvá. La Real Academia Española define madurez como el "período de la vida en que se ha alcanzado la plenitud vital y aún no se ha llegado a la vejez". Madurar, según la RAE, es adquirir "pleno desarrollo físico e intelectual".

Aunque la definición parezca muy simple y en el imaginario se identifique a una persona madura como alguien serio, comprometido y generalmente racional, lo cierto es que para psicólogos la madurez es un concepto tan complejo como ambiguo. Se puede hablar de la madurez biológica, de la social o cultural y la psicológica, y el significado de la palabra ha evolucionado a la par de los cambios generacionales y también -como todo- de los avances tecnológicos. A nivel biológico, la madurez sigue siendo más fácil de delimitar. Se estima que un cerebro termina de madurar a los 25 años, cuando se desarrollan los lóbulos frontales, que son las áreas encargadas de procesos típicos relacionados con la madurez, como el control de impulsos, la regulación emocional, la inhibición de respuestas inadecuadas y la planificación y ejecución de acciones concretas, como levantarse para trabajar todas las mañanas pese a las ganas de seguir durmiendo, apunta el psicólogo Hugo Selma. Su colega Álvaro Alcuri, por su parte, añade que una persona en teoría está lista para la vida adulta entre los 18 y los 21 años, cuando pasa a adquirir todos los derechos y deberes de cualquier otro adulto.

¿Pero qué es una personalidad madura? Para Selma es aquella capaz de adaptarse de forma adecuada a los requerimientos de un entorno adulto. Para eso, entra en juego un elemento clave: la regulación y correcta gestión de las emociones. "Es poder manejar adecuadamente el enojo, o el miedo, o la tristeza. A cualquier persona que interactúe con el entorno le van a pasar cosas que pueden ser desagradables, que pueden enojar o hacer sentir tristeza. Una persona madura es capaz de manejarlas adecuadamente", señala. Lo explica con un ejemplo claro: una persona se cuela en la fila de la caja del supermercado, lo que genera enojo. Si bien el enojo es legítimo, la madurez o inmadurez dependerá de la actitud frente a ese sentimiento. "Me puedo enojar con la persona que se cuela. Otra cosa es agarrarse a las piñas", resume. Su colega Elisa Di Giovanni añade que la madurez es "la actitud que la sociedad espera ante situaciones que se nos presentan". Y recurre a la pandemia para ejemplificar: "Si hoy nos quedamos en esta nueva realidad, ¿qué se espera de una persona madura? Que se cuide y también lo haga por la empatía de cuidar al otro. Lo que está pasando hoy es que los jóvenes le han perdido el miedo al virus. Es esto de que si el problema es de los mayores, que se cuiden ellos. Demuestra inmadurez".

Hugo Selma aclara que si bien no es una palabra que se utilice frecuentemente de forma directa en psicología, la madurez está muy relacionada con la salud mental. En resumen, las personalidades inmaduras suelen ser más propensas a desarrollar diferentes problemas de salud mental como adicciones, depresión y ansiedad.
Más allá de eso, cree que ser maduro depende mucho del contexto cultural, ya que una conducta que hace 30 años era considerada inmadura tal vez hoy no lo sea, y viceversa. "Es como cuando discutís qué es el amor. Hay millones de formas de amar", sostiene.

Alcuri, por su parte, añade que convencionalmente una persona es adulta y madura cuando puede sostenerse por sus propios medios, cuando no vive con la familia de origen y cuando efectivamente se responsabiliza de sus actos, mientras que su colega Julieta Lucena entiende que la madurez tiene que ver con un "estado de desarrollo terminado o completo de un ser". "Ante eso yo me pregunto: ¿qué concebimos como desarrollo y en relación con qué parámetros lo medimos? Considero que la integración y la conciencia son dos pilares fundamentales de la madurez", señala. En esa línea, Selma indica que unas tres o cuatro generaciones atrás podía ser común tener tres hijos con menos de 30 años, así como tener una casa propia a los 20. "Ahora a los 20 o 21 están terminando de estudiar, muchas veces viven con los padres y pasan determinadas horas del día dedicados a los videojuegos. ¿Eso quiere decir que son más inmaduros que antes? Depende de lo que consideremos madurez", aclara.

Adultescentes. Pese a las diferentes visiones, los psicólogos coinciden en que el punto de corte está cada vez menos claro y que el pasaje hacia la vida adulta y madura en la actualidad es tan gradual que llega a provocar desconcierto y confusión. La madurez no tiene edad, su proceso puede durar incluso toda la vida y su significado varía cada vez más en función del lente con que se mire.

Hace 30 años el camino hacia la adultez parecía marcado: casarse, tener hijos y un empleo fijo, o asumir las tareas del hogar. Pero desde la segunda mitad del siglo XX, con la masificación de la educación en hombres y mujeres se empezó a postergar el ingreso al mundo del trabajo. "Antes, el mensaje era: ‘apurate a ser hombre, andá a trabajar, o apurate a ser mujer y tener hijos. Hoy en día la idea de ser adulto ha estallado. No hay un modelo único. Ahora es: ‘arme su propio modelo de adulto', y hay un gran desconcierto", sostiene Alcuri.

Más cantidad de años de estudio se tradujeron en más años en dependencia de la familia de origen, lo que tuvo como consecuencia un estiramiento de la etapa adolescente y la aparición de un nuevo segmento poblacional: los llamados adultescentes. "Si te fijas, está lleno de adultos que entre que los estudios se estiran y la edad para salir de la casa de los padres no es la adecuada, no funcionan como adultos porque viven en dependencia económica y emocional de sus padres. No apuntan a separarse de ellos y autosostenerse, más bien todo lo contrario", comenta. El psicólogo dice que esto puede desembocar en el famoso "síndrome de Peter Pan", es decir, adultos que se comportan como niños o adolescentes y no quieren dar el paso hacia la vida adulta. A esto se le suma que la madurez como concepto no resulta ni atractiva ni marketinera.

La generación millennial -nacida entre 1981 y 1996 aproximadamente- es para Alcuri "la culminación del proceso más extremo" de este fenómeno, algo que se constata en sus usos y costumbres. "Siguen comportándose de forma inmadura, postergan todo lo máximo posible, no quieren tener hijos", indica. En ese sentido, agrega que la sociedad entrena y premia a esta generación como nunca antes. "Mandamos mensajes de todos los lugares de que crecer, madurar y tener responsabilidades no está bueno. Hay un premio a parecer juvenil y comportarse como un muchachote y además es interesante para seducir y vender. No nos olvidemos que esta franja de adultos que se comportan como jóvenes consume mucho, y cada vez hay más productos para esta franja", indica.

Elisa Di Giovanni considera que la madurez (o inmadurez) está muy relacionada con la inmediatez. Mientras que una personalidad madura tiende a elegir un camino "lento pero seguro", la inmadurez está ligada al egoísmo y la satisfacción inmediata. En ese sentido, apunta que las nuevas generaciones recibieron las herramientas para tener este comportamiento. "En la era digital es todo mucho más rápido. Si una respuesta demora unos segundos, ya te dicen que está relento. Se acostumbraron a tener todo ya, en todo tipo de consumo. La misma sociedad que los critica les dio las herramientas para comportarse de esa forma", asegura.

Hugo Selma plantea que los millennials fueron educados bajo un estilo "más permisivo", con límites mucho más frágiles. "Son niños y niñas que han crecido en un contexto donde se les ha dicho que sí a casi todo. Eso hace que no estemos preparados cuando se llega a la vida adulta, cuando la gente nos dice que no". Opina que las proyecciones a largo plazo se dan justamente cuando no se puede obtener algo de forma inmediata, por lo que "casi cualquier objetivo adulto a largo plazo se dificulta" por el estilo de educación permisivo. "Si vivo en satisfacción inmediata de mis deseos no voy construyendo, y hay dificultad en el compromiso a nivel de relaciones. Se habla de responsabilidad afectiva, de relaciones tóxicas, muchas palabras que surgieron por ese compromiso con un otro al cual tengo que respetar, porque tiene sentimientos, puedo herirlo y tengo que hacerme cargo de ello".

Así como destaca las dificultades en los vínculos y en la estabilidad laboral, también señala como aspecto positivo la libertad de decidir no formar una familia, no comprar una casa y elaborar un proyecto propio en lugar de optar por el trabajo en régimen de dependencia.

No obstante, Di Giovanni acota que la madurez no debe valorarse solo desde lo externo, como la independencia económica o la estabilidad laboral, ya que son aspectos que van cambiando a lo largo del tiempo y además intervienen otros factores. Prefiere pensar en ser maduro como un crecimiento personal individual y a nivel emocional; lo que no se ve a simple vista. "Es el crecimiento personal que cada uno tiene, más desde lo interno. Casarse, tener un hijo y una carrera son cosas que vienen de afuera, pero de repente hay jóvenes que viven con sus padres porque es la mejor decisión para esa persona en ese momento, y no hacer algo medio a lo loco. Emocionalmente puede estar mucho más estable que cualquiera de nosotros", subraya. A esto le agrega que la independencia económica y comprarse una casa se vuelve cada vez más difícil.

¿Aburrido?. "La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño", decía el filósofo Friedrich Nietzsche. La psicóloga Julieta Lucena recuerda esta frase para explicar que en realidad "todas las edades coexisten en un sujeto adulto, adolescente y niño". "Hoy soy la niña que fui, la adolescente que fui, la adulta que soy y no hay una disociación en mi noción de mí misma para poder decir que hoy tengo esta edad y entonces las otras edades ya no me componen". Agrega que "pareciera ser que hay un momento de disfrutar, de crecer y de aprender, que es cuando somos niños y niñas y después hay un momento en el que hay que sucumbir ante el deber ser".

En la práctica, la psicóloga percibe la frustración de los pacientes al no sentirse a la altura de lo que implicaría haber madurado a cierta edad, como no tener un trabajo como el que se debería tener o no alcanzar el rendimiento educativo correspondiente a tal edad, o no estar con la pareja que se esperaba. "Al apropiarnos de parámetros que nos son impuestos, nos perdemos muchísimas veces. Creo que tomando distancia de lo que el mandato dictamina se conquista cierta libertad de poder ser maduro e inmaduro en las distintas áreas de tu vida, que así te sea orgánico. Habitamos muchas veces las distintas áreas de nuestra vida con distintas edades y todas son reales", concluye la psicóloga.

Aunque haya tantas nociones sobre este concepto como sujetos en el mundo, los psicólogos aseguran que una persona madura es empática, altruista, menos rencorosa y vengativa. Sus vínculos son más positivos, saludables y de cooperación mutua. Y eso no tiene que ver con la edad ni con el contexto económico o cultural. El actor Jim Carrey dijo una vez -y con razón- que madurar no significa ser una persona seria y mucho menos aburrida. "Madurar es poder jugar, tontear, bromear, hacer sonreír como un niño pero recordando nuestras responsabilidades, aceptar que ya no somos niños, pero sin olvidar que lo fuimos".