Estilo de vida
Charlas candentes

¿Puede ser beneficioso hablar de sexo con amigos?

Entre el alarde y la honestidad oscilan estas charlas, que pueden ser útiles y tranquilizadoras, o potencialmente dañinas.

19.09.2020 07:00

Lectura: 8'

2020-09-19T07:00:00
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Por Patricia Mántaras

Una persona adulta no habla de sexo con todo el mundo por dos simples razones: sentido común y ubicación. Con las personas con las que sí habla, probablemente no hable igual. Con unas podrá jactarse, con otras limitarse a escuchar y apenas con unas pocas podrá ser verdaderamente honesta. Algunas personas, no obstante, llegan a la adultez sin haber hablado nunca de sexo con un/a amigo/a. En el otro extremo están quienes tienen al sexo entre sus tópicos favoritos y parecen no cansarse de repetir hazañas, supuestamente propias, supuestamente reales, en cualquier sitio y con cualquier interlocutor. Dicen que el que más habla de sexo es el que menos lo practica. Y dicen, también, que esta fanfarronería esconde mucha inseguridad.

Hablar de sexo pero hablar realmente, con honestidad, con amigos, puede aportar beneficios, porque saber que a otros tal vez les ha pasado lo mismo puede ser tranquilizador, así como enterarse de que no puede incentivar a pedir ayuda profesional. Pero puede también ser contraproducente. Las charlas de sexo entre amigos pueden informar o desinformar, y ahí está el quid de la cuestión.

Según una encuesta de 2014 de Match.com -una de las plataformas pioneras para encontrar pareja online-, 57% de las mujeres solteras habla de sexo con sus amigas. El dato de la soltería de las encuestadas es relevante simplemente porque si se tiene una pareja, un relato del sexo entre ambos está violando la intimidad del otro. Por otro lado, hay quienes sostienen que estas conversaciones son capaces de llevar un tema que a priori podría considerarse vulgar, a un lugar de empoderamiento, fundamentalmente femenino.

Como con todos los temas sensibles, hay que saber con quién hablarlo y hasta dónde llegar.

Hombres y mujeres: ¿Hablar o alardear? El sexo sigue siendo un tema engorroso, y tal vez por eso y porque tiene lugar (casi siempre) dentro de cuatro paredes, solo el compañero sexual tiene acceso a la verdad de lo que allí pasa; al resto podemos venderle la imagen del mejor amante, el insaciable, el incansable, el infalible. Tal vez sea la narración de esas mismas proezas las que inhiben a algunos a hablar de una disfunción o de algo que sistemáticamente no sale bien en sus encuentros sexuales.

"Aquí depende un poco desde dónde se está hablando -si es desde la sinceridad- y de las edades de las personas", dijo la psicóloga y sexóloga clínica Agustina Fulgueiras. "A los varones, por la construcción social del género masculino, les cuesta mostrarse vulnerables y hablar desde los sentimientos. Se espera que sean fuertes y todo lo puedan, por lo tanto, difícilmente cuenten sus miedos y dificultades en la esfera sexual. Sus conversaciones suelen ser más superficiales y valoran la duración, frecuencia y cantidad".

Margarita Ripoll, psicosexóloga, recuerda la forma en que el ginecólogo y sexólogo Gastón Boero -con quien trabajó más de 35 años- le llamaba a esos relatos: las proezas de boliche. "Después de tomarse unas copas los hombres contaban cómo podían con cinco, que tenían un superórgano, que eran unos machos bárbaro. Estimulados por el alcohol, era una forma desmesurada de reparar la inseguridad que tenían, pero convengamos que eran otras épocas y el machismo no estaba tan cuestionado como hoy", dice Ripoll. A menos que estén en un círculo de extrema confianza, las conversaciones de los hombres hoy en torno al sexo rara vez refieren a un problema, sino a una hazaña. Sigue pesando el estereotipo y el temor a dejar entrever alguna debilidad.

Las mujeres, en cambio, suelen tener otro tipo de conversaciones, más sinceras, por el simple hecho de que están más acostumbradas a hablar de sus preocupaciones y emociones con otros. Pero, según Fulgueiras, esa observación vale para las generaciones más jóvenes, que han nacido en un mundo más avanzado en cuestión del placer femenino. "Las más adultas no hablan con la misma naturalidad", asegura.

Por lo general, las personas más dispuestas a compartir sus experiencias sexuales entre amigos tienden a tener actitudes más positivas sobre las relaciones sexuales y la masturbación, a diferencia de quienes nunca hablan, y por lo tanto menos disfunciones sexuales. "Alguien que se abre en ese sentido es una persona que logra un nivel de confianza e intimidad suficiente para tocar temas íntimos, tiene cierta tolerancia a la crítica y al posible rechazo, a pensar diferente", agrega Fulgueiras.

¿De qué se habla? En los hombres ha ido en aumento el miedo a no dar la talla. La propia evolución en asuntos de género, que ha permitido a la mujer ser más libre para experimentar y vivir más a pleno la sexualidad, los ha puesto en un lugar de mayor exigencia que algunos viven como una presión. Esta nueva sexualidad, que se nutre a veces de juguetes sexuales y puede tomar como ejemplo algunas escenas del porno, anula a ciertos hombres. Según Ripoll, por eso "muchos hombres tienen una disfunción del deseo, por esa cosa de que todo se puede, todo se hace, y las imágenes hot, las posibilidades que dan hoy los adminículos y los juguetes sexuales" les causan inseguridades. Aunque algo más conversada y ligeramente menos tabú, la sexualidad sigue siendo, según la psicosexóloga, tan conflictiva como antes, pero con "otra cara". "En esta vorágine de nuevos estímulos aparece algo que hoy destruye todo: el miedo al otro".

Los pros y los contras. "Un arma de doble filo", así define Fulgueiras las charlas de sexo entre amigos. Empezando por los beneficios, pueden enumerarse unos cuantos. Uno de los más relevantes es la posibilidad de normalizar algunas situaciones. "Nos podemos sentir anormales por tener ciertas inseguridades o hacer determinadas prácticas y el simple hecho de hablarlo con otros y ver que no soy el único, o aceptarme diferente, me puede generar tranquilidad y seguridad. Por lo tanto, nuestra autoestima y seguridad en nosotros mismos puede ser mayor y el vínculo con los amigos hacerse más cercano y fuerte", explicó. De una conversación honesta puede salir a la luz también que se está frente a un problema o una disfunción que requiera ayuda profesional. También en este ámbito pueden romperse algunos mitos, y eso siempre se agradece; desde "el placer desmesurado que debería sentir haciendo determinada práctica, temas de tamaño, cantidad de orgasmos, etcétera", detalla la sexóloga.

Pero también existen los contras, y tienen que ver con la desinformación y el punto de vista. "La conversación con un amigo está teñida de subjetividad, y puede haber mucha desinformación", dice. "Podemos juzgar o sentirnos juzgados y rechazados, fomentar o que nos fomenten creencias, miedos o inseguridades". Un ejemplo recurrente en la consulta es el miedo de las adolescentes a sentir dolor en su primera vez. "Es muy común debido a charlas que han tenido con amigas que ya han tenido relaciones y les han dicho cuán doloroso es", explica Fulgueiras; "la persona ya queda condicionada y tiene miedo al dolor frente a la penetración". Teniendo en cuenta que en estos casos el consejo puede venir de alguien a quien tenemos en buena estima y de la que evidentemente valoramos su opinión, puede provocar más daños que beneficios

Es difícil, según Ripoll, abrir de par en par las puertas de la intimidad y sentirse comprendido por un amigo, porque lo que para unos está bien, para otros puede no estarlo. "Entonces, ¿es posible tener una conversación constructiva de este tipo con amigos? Es posible. Capaz que no con todos. Uno tiene que preguntarse bien qué nivel de libertad y de amor tiene el otro para comprender el momento que uno vive, porque en general cuando uno cuenta, cuenta un momento de dificultad, de disfunción".

Gracias por (no) compartir (todo). Trazar la línea cuando se trata de nuestra vida sexual, cuando se habla en un entorno ajeno al de nuestra pareja, puede ser más sencillo. Pero cuando el círculo de amistades es compartido, es necesario tener en cuenta al otro y cuidar su intimidad. Además de transgredir su derecho a la privacidad, podríamos estar boicoteando la vida sexual de ambos: a cualquiera lo inhibe saber que las prácticas del dormitorio han trascendido esos límites y se han sometido a la opinión de un puñado de amigos. Para eso hay que saber qué compartir, qué no y cuidar el tono del relato, y eso requiere madurez y un interés por preservar al otro. Aquí vale el eterno "ponerse en el lugar del otro", antes de hablar. De más está aclarar que especificaciones sobre la forma o dimensiones de partes de la anatomía de la pareja no disponibles a simple vista debería excluirse de todas estas conversaciones.

"El cuerpo es el templo sagrado del alma, y lo que uno vive en la sexualidad tiene que ver con la intimidad. Volver a estar con uno mismo, respetado, y con un otro en un intercambio adecuado es parte de un nuevo aprendizaje", asegura Ripoll; "un aprendizaje de valor y no de ver cuál es la proeza máxima. Tenemos que ponernos creativos, confiar y desarrollar aspectos para la sexualidad y la expresión corporal, para ver cómo la vamos a pasar eróticamente mejor, con vínculos más saludables, más gustosos, con lo que hay, una satisfacción más a mano, sin tanta ampulosidad. Creo que eso nos va a volver a todos a un lugar de más equilibrio".