Personajes
Entrevista a Carolina Bañales

“Parte de ser emprendedor es entender que uno tiene que ser expansivo”

Mujer, uruguaya, ingeniera y joven. Tras la venta de su primera empresa, Carolina Bañales ya puso en marcha su nuevo proyecto, con el que apunta a llegar a las grandes ligas de la inteligencia artificial aplicada al marketing

21.05.2020

Lectura: 14'

2020-05-21T08:00:00
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Por Alejandra Pintos

Carolina Bañales coordina la reunión por Zoom para un viernes -uno de los pocos días que tiene la tarde despejada- y deja listo el link para conectarse. A la hora pautada está en línea, sentada en un escritorio de su dormitorio, con la puerta cerrada para que no entren los niños, y con una taza en la mano. En lo rutinario de sus movimientos la emprendedora uruguaya deja ver que ha tenido este tipo de videollamadas cientos de veces: está acostumbrada a hablar con ejecutivos, empresarios e inversores de todas partes del mundo desde antes de la pandemia, y ahora aun más.

Los días en los que el mundo cambió de rumbo, Bañales empezaba a cursar la semana 32 de su embarazo en Buenos Aires y entre risas agradece el estar obligada a quedarse en su casa, para no sentir la ansiedad de no poder salir y viajar mientras todo el resto sí lo hacía. "Me cuesta mucho estar encerrada, creo que es la primera vez que paso tanto tiempo en un mismo lugar en los últimos cinco años", cuenta.

Sin embargo, durante este confinamiento doblemente obligatorio no horneó un pan de masa madre ni leyó los libros de maternidad que tenía pendientes, sino que canalizó su energía en su segunda empresa, Eyecue, que usa diferentes algoritmos para procesar imágenes de las redes sociales, identificarlas y categorizarlas como insumo para acciones de marketing. "Me gusta trabajar, me genera adrenalina", explica. Poco antes de volver a la capital argentina -donde vive con su esposo, Pedro Arnt, director financiero de Mercado Libre-, la emprendedora uruguaya acababa de firmar un contrato en Nueva York para proveerle tecnología a Edelman, la empresa de relaciones públicas más importante del mundo, y ahora se encuentra en plena ejecución del proyecto.

Grandes ligas. De todas maneras Carolina Bañales está acostumbrada a la presión. A los 23 años, mientras estudiaba Ingeniería, creó su primera start-up, Glamst, junto con su compañera de facultad Agustina Sartori. Eran pocas mujeres en su clase y, a pesar de que se esperaba de ellas que desarrollaran un software contable o tecnología para el agro, decidieron seguir su instinto y crear un probador virtual de maquillaje que usa la realidad virtual para funcionar. Hoy, que las personas están comprando desde casa como nunca antes, su visión resulta casi profética. Mientras estuvieron incubadas en la Universidad de Montevideo recibieron unos 200.000 dólares de diferentes inversionistas y el apoyo de instituciones como Endeavor y la ANII. Y, aunque nunca es fácil para las emprendedoras mujeres, no dejó que esto la frenara e incluso lo usó a su favor.

"Entendí las reglas de juego muy rápido. Cuando empezamos no había emprendedoras mujeres en Uruguay y las organizaciones en ese momento necesitaban casos de éxito. Nosotras demoramos ocho años en vender la empresa y en ser exitosas -si pensás en lo que se refleja en la cuenta del banco-, pero en el momento en el que estaba Uruguay las organizaciones como ANII y Endeavor requerían que nosotras nos expusiéramos antes de tiempo: no podían esperar que tuviéramos éxito real. A veces no podía creer que me estuvieran dando tres páginas de un diario cuando en realidad solo había hecho dos ventas de 20.000 dólares y la empresa gastaba más de lo que vendía", cuenta.

Después de seis años de trabajo ganando por debajo de los mil dólares por mes -un sueldo bajo para la industria-, Carolina Bañales dejó Glamst, que dos años depués fue adquirida por Ulta, un gigante de la industria de la belleza, principal competidor de Sephora. Mientras que Sartori eligió quedarse trabajando en esa compañía, Bañales decidió que quería tomar otro rumbo, solo que no sabía cuál. Podía buscar trabajo en alguna empresa del sector -con sus credenciales varios estarían encantados de tomarla-, dedicarse a hacer consultorías o volver a empezar y crear una nueva empresa, el camino más arduo y el que terminó eligiendo. Viajó siete veces a Nueva York y se tomó seis meses para madurar un nuevo proyecto. Así nació Eyecue.

Foto: Irina Raffo

Empezar de cero. Cuando creó Glamst, intuía que la realidad aumentada era el futuro y el tiempo le dio la razón. Años después, sintió que "había algo" con el procesamiento de las fotos y los datos y siguió esa corazonada. "Creo que el machine learning es el futuro de la usabilidad de los datos, estamos en una sociedad que está produciendo datos a un nivel desmesurado y es imposible abarcarlos", asegura.

A diferencia de su primer emprendimiento, ahora contaba con otra libertad económica, que le permitió tomarse seis meses para madurar el proyecto, viajar para comprobar su hipótesis y apuntar desde el principio al mercado internacional. Se reunió con influencers y managers de Brasil y con agencias y marcas de Nueva York "para entender cómo estaban encarando Instagram y el mundo de la generación de contenidos desde el lado visual". Así fue como se gestó Eyecue, una plataforma que analiza imágenes para "ofrecer un panorama de qué temas son populares y de qué están hablando seguidores, influencers y competidores".

Cuando se le pregunta de dónde sacó la seguridad para contactarse con empresarios y CEO de todas partes del mundo, Bañales contesta que de toda la exposición que tuvo en sus comienzos con Glamst, desde las entrevistas a las mentorías. Sin embargo, días después, confiesa que también tiene mucho que ver con su historia de vida. Cuenta que viene de una familia de ingenieros y que, a pesar de que en la adolescencia le diagnosticaron Chron, una enfermedad autoinmune que afecta gravemente el tubo digestivo, siempre sintió que "podía hacer lo que quisiera".

A los 15 años pesaba 35 kilos y seguía bajando de peso. "Estuve dos meses sin ir al colegio y todos aconsejaban que perdiera el año -en ese momento 5º de liceo, porque estaba un año adelantada-. Al final volví, pero, por ejemplo, usaba dos pantalones, porque era muy delgada", recuerda. A los 18 años viajó a Alemania y, estando allí, tuvo otro empuje de la enfermedad que resultó en una operación en la que le extrajeron 19 centímetros de intestino e implicó un mes y medio de internación. "Fue mucho más duro atravesar todo eso en la adolescencia, porque obviamente no me sentía linda o bien, pero a la vez luchaba con mejorarme de una enfermedad y aprendía a convivir con remedios bastante fuertes. Recuerdo que una vez un chico dijo que era demasiado flaca para salir conmigo. Toda esa experiencia ahora que lo pienso seguramente formó mi personalidad de hoy, porque nadie alrededor mío -familia, amigas, compañeros de colegio -dejaron que eso me condicionara o me dejara ser más vulnerable. Creo que si en mi adolescencia todo esto no quebró mi autoestima, la confianza en mí misma, cuando emprendí ya llevaba mucho camino recorrido sobre cómo trabajar estas cosas. Visto en perspectiva, siento que mi entorno de confianza de ese momento tuvo un gran impacto en quien soy como emprendedora", reflexiona.

Ser expansivo. Después de esa experiencia dolorosa, Bañales emergió más fuerte y más segura de sí misma: no tenía nada que perder y por eso se animó a tomar todas las oportunidades que se le presentaron -además de ser muy extrovertida- y a contactarse con diferentes personas. "Creo que parte de ser emprendedor es entender que uno tiene que ser expansivo porque no tenés una estructura atrás que te pueda respaldar, no tenés una empresa enorme, estás solo y tenés que generarte todo eso vos mismo", asegura.

Por ejemplo, luego de conocer a Janet Lamkin, exejecutiva de Bank of America y actual presidenta regional de United Airlines, en una caminata de emprendedores en San Francisco, retomó el contacto con ella e intercambiaron unos seis mails. La empresaria terminó invitándola a su casa en Napa (California) para una fiesta que hacía la noche de los Premios Oscar. A pesar de que sabía que iba a ser mucho menor que el resto de los invitados, Carolina alquiló un auto, manejó sola hasta allí y terminó quedándose en la casa de Lamkin, donde también estaba quedándose una amiga de ella, senadora de Estados Unidos.

Esa "experiencia increíble" terminó de confirmar lo que había aprendido meses antes. "Me empecé a dar cuenta en los viajes de trabajo que había gente muy exitosa que disfrutaba de interactuar con un emprendedor fresco, genuino, que realmente estuviera interesado en escucharlo. Todo eso que te enseñan que primero vas por un consejo y después vas a pedirle plata a un potencial inversor, yo lo tomé más como una filosofía de vida. Empecé a sentir que había un doble camino en la energía, que no era que yo solo estaba obteniendo algo de la otra persona, sino que esa persona también obtenía algo de mí y no me dio más miedo interactuar con gente que tal vez está en otra liga. No me siento tan diferente, todos somos personas más allá de nuestro cargo, hoy puede que sea CEO y mañana puede dejar de serlo, no es lo que lo define". Esos lazos también los formó en Uruguay. A través de Endeavor conoció a Laura Raffo, en quien se apoyó durante los momentos difíciles de sus emprendimientos, y a Martín Guerra, al que acude cada vez que tiene una nueva idea o está "falta de energía".

Carola Aisiks, Mónica Zanocchi y Carolina Bañales de Eyecue junto a Jimmie Stone, CCO de Edelman en Nueva York.

El mañana. El futuro siempre es incierto, pero ahora todavía más. El mundo entero se pregunta cuándo se va a poder salir con normalidad, cuándo se va a poder viajar, qué va a pasar con la economía. Pero, hablando con Bañales, es imposible no sentir que, de alguna manera, el futuro es emocionante. Si bien aclara que no idealiza la pandemia, sí tiene claras las diferentes acepciones de la palabra crisis. Se puede referir a una situación difícil, pero también a un "cambio profundo de consecuencias importantes", que no necesariamente tienen que ser todas malas.

Por un lado, cree que la popularización de las videollamadas seguramente resulte en una ventaja para los emprendedores latinoamericanos, a los que pone en "igualdad de condiciones". "Antes nadie te daba una primera reunión por teléfono o por Zoom, tenías que viajar y eso es caro, lleva tiempo, es un desgaste, te saca de tu rutina. Lo que está permitiendo esto es que tengamos la misma charla estando a una cuadra que a 3.000 kilómetros. Creo que es un regalo para nosotros", explica. Esto se suma al hecho de que la mayoría de las empresas de Europa y América del Norte van a ver un recorte en sus presupuestos, lo que probablemente las lleve a buscar proveedores más económicos como pueden ser los latinoamericanos. Además, la cuarentena terminó de comprobar que el teletrabajo es una alternativa que funciona.

Pero no son todo números, también está el factor humano, que según la ingeniera es cada vez más importante. "Esto nos unió mucho como sociedad", asegura. Y agrega: "Ojalá nos quede esa sensibilidad por lo que al otro le está pasando en la vida real, no solo laboral. Se empezó a normalizar en las charlas de trabajo que te pregunten si estás sano, si tenés algún familiar contagiado y eso me sorprendió. Antes ibas a las reuniones con un tabú y ahora nos hace entrar a la conversación desde un lugar más parejo".

En lo personal, Carolina está de 38 semanas de embarazo y se prepara para recibir a su primer hijo con Pedro Arnt, después de haberse casado el verano pasado en Punta del Este. Él ya tenía dos niños de su pareja anterior, lo que en parte la preparó -todo lo que se puede estar- para la experiencia. "Mi marido tiene una apertura mental muy grande, yo siempre lo vi como una persona exitosa en lo laboral pero eso nunca llevó a que haya reglas machistas en la casa. Siento una tranquilidad de que a nuestro hijo lo vamos a criar sin imposiciones tan fuertes de género. Los hombres de estas generaciones realmente están creciendo en sociedades que son diferentes, o por lo menos la visión que yo le quiero dar de la vida no es la visión de la sociedad más clásica. Creo que como sociedad vamos a ser mucho más ricos si tenemos a ese tipo de hombres, ni que hablar de la violencia doméstica y la libertad financiera de la mujer. Los necesitamos en nuestras casas y en los trabajos" dice de forma optimista.

Carolina Bañales junto a su familia.

Uso de datos, inteligencia artificial y machine learning

En Eyecue, Carolina Bañales logró combinar su costado de ingeniera (la fascinación por el machine learning, la inteligencia artificial, los datos y el deep learning) con su lado creativo, sobre todo a la hora de crear una plataforma sencilla y amigable como para que ejecutivos de diferentes empresas se animen a usar el programa en las reuniones e interactuar con los datos.

El primer proyecto de Eyecue es en conjunto con Edelman, una de las agencias de relaciones públicas más importantes del mundo y el cliente es uno de los líderes en cuidado masivo para hombres. Con la plataforma realizaron un análisis de más de 200.000 cuentas en Estados Unidos y 5 millones de imágenes, con un algoritmo al que describe como "muy robusto y preciso". Esta tecnología está aplicada a crear una noticia a partir de los datos, pero también "se puede usar para estudios de mercado y definir nuevas estrategias de marketing". 

La emprendedora uruguaya, que lidera un equipo de unas 10 personas en Uruguay y Argentina, también es una de las voceras del proyecto a escala global. "Hubo un montón de requisitos que yo cumplía para tener una voz dentro del proyecto y que los medios me puedan entrevistar y es que soy mujer, joven, emprendedora, en tecnología y latinoamericana. Me asustó decir que embarazada, porque tal vez era demasiado. Yo entiendo que a ellos les sumaba tener una mujer en tecnología que estaba proveyendo los servicios del proyecto y en lugar de que me ofenda, al contrario, me alegro de tener esas cualidades", cuenta con humor.

Para Bañales, Edelman resultó ser un "gran colaborador", abierto a sus propuestas. Incluso, ella les cuestionó el hecho de que el pago inicialmente iba a ser diferido, lo que en los hechos implicaba que ella tuviera que financiar tres cuartas partes del proyecto al comenzar. "Yo justo tenía la solvencia económica para bancar todo eso sin pedir un préstamo o recurrir a alguien que me diera el capital, podía tomar ese riesgo, pero muchas mujeres emprendedoras, no. Me dieron la razón y me dijeron que facturara el 90% del proyecto. Justo fue unas semanas antes de que estallara todo lo de Covid-19. Enseguida me contacté con emprendedoras mujeres amigas y les pregunté si a ellas les pasaba lo mismo y todas me dijeron que sí. Entonces, me puse a pensar en que si vos no tenés una cuenta de banco que te permita ir a Estados Unidos y arriesgarte a tener clientes grandes, no vas a aspirar a eso, no tenés plata para sostenerlo. A partir de eso estamos buscando desarrollar una política para que las empresas les paguen de otra manera a mujeres emprendedoras con menos de 100 empleados. Al final del día es como la sustentabilidad, hay cierta conciencia pero hay que bajarlo a políticas que sean aplicables. Las empresas quieren trabajar con mujeres emprendedoras, pero no tienen las políticas como para que ellas puedan aspirar a esos proyectos. No es solo entender las reglas de juego, sino cambiarlas", asegura.