Personajes
Entrevista a Adrián Cappelli

"Para mí Aguada fue un hermoso desafío"

Nombre: Adrián Cappelli Edad: 51 Ocupación: entrenador de básquetbol del Club Atlético Aguada. Señas particulares: argentino de Junín, perdió la cuenta de las cuarentenas que hizo, fanático de la rambla de Montevideo.

16.03.2021 06:00

Lectura: 5'

2021-03-16T06:00:00
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Por Leonel García

En el fútbol es hincha de Boca Juniors. ¿Y en básquetbol? No. En el básquet soy hincha del club en el que me inicié, que queda a tres cuadras de mi casa, Sarmiento de Junín.

¿Cómo se siente haber salido campeón con el equipo más popular de Uruguay, Aguada, en un torneo donde no hubo hinchadas? Es una sensación muy linda llegar a un equipo como Aguada. La gente empuja mucho y es algo que pude disfrutar en los primeros momentos. Luego se siguió jugando sin público, pero de una u otra manera te hacían sentir su apoyo, sobre todo en las redes sociales.

¿Qué significa Junín para usted? Para mí es todo. No solo nací ahí sino que tengo mis afectos y amigos. Es una ciudad de cien mil habitantes, a 270 kilómetros de la capital federal, que cuando estoy afuera extraño muchísimo.

Trabajó en la Liga Argentina, ¿qué desafíos o motivaciones representa para usted dirigir en un torneo de menor nivel, además limitado a una ciudad? Para mí es un hermoso desafío. Era llegar al último campeón y al más popular, con aspiraciones. Eso me sedujo muchísimo y por suerte después de tanto tiempo logramos el objetivo del bicampeonato.

¿En qué somos parecidos o distintos los uruguayos a los argentinos de provincia? Realmente no encuentro muchas diferencias. Con respecto al tránsito, me parece que acá en Montevideo son más respetuosos y tranquilos, cosa que en Argentina es un poco diferente. Pero en el resto de las cosas, las costumbres, no hay o no veo muchas diferencias. Veo todo muy similar.

Es de la provincia de Buenos Aires, ¿le molesta que le digan "porteño"? Me han dicho... No es que me moleste, pero siempre digo que no lo soy. Estoy bastante lejos de capital, con una diferencia muy grande con Junín.

Está casado y tiene dos hijos varones, de 16 y 13 años. ¿Qué tan importante es la familia para un entrenador de básquetbol, que vive cambiando de club, a veces de ciudad y también de país? Particularmente, siempre tuve claro que mi familia es todo. Soy un agradecido de mi señora y de mis nenes, que son más grandes y entienden más la situación.

Eso quiere decir que en algún momento les costó. Sí, pasa que cuando son más chicos las decisiones las tomaba con mi señora. Hoy es importante para mí la opinión de ellos. Por eso hablo de agradecimiento. Sin su apoyo, sin su empuje, no estaría donde estoy, no hubiera tenido la trayectoria que tengo. Quizá hubiera disfrutado más de ellos, pero me hicieron entender que podía seguir con mi carrera con ellos apoyando a la distancia. Y viniendo a ver cuando sea posible.

No los ve desde enero. ¿Los extraña mucho? Sí, se extraña... Antes de cerrarse las fronteras vinieron a pasar las fiestas conmigo. A fines de enero se volvieron porque yo ya me metí en una burbuja otra vez. Y se extraña porque no es fácil estar tanto tiempo fuera de ellos. No es lo mismo la videollamada, por más que sea diaria. Se extrañan mucho los abrazos.

¿Tiene cábalas para los partidos? ¿Algo que ver con la vestimenta? Sí, está la locura de seguir con la misma ropa si ganás o cambiarla si perdés. En momentos de adrenalina tengo esa locura.

Por tener la familia allá y trabajar acá, más las situaciones que se dieron en el plantel, ¿cuántos períodos de cuarentena pasó en este año? Y... realmente perdí la cuenta. Desde el día que llegué, me quedé acá. Pero llegué e hice cuarentena. Comenzamos a entrenar y hubo casos sospechosos cuando empezó el torneo. Nos tuvimos que meter en cuarentena otra vez. Hubo casos en el plantel. De nuevo en cuarentena. Luego dos semanas de burbuja. Así que fue un tiempo importante.

¿Tiene algún libro de cabecera? Realmente no soy de leer. Por ahí ojeo algún libro de básquet cuando sale, aunque soy más de verlo por arriba más que de leerlo completo. Es una materia pendiente en lo mío.

¿Qué música pone para tranquilizarse? Más que música, cuando llego a casa pongo la tele para informarme de lo que está pasando en Argentina. Por ahí meto algún noticiero, algo de deportes de acá, busco informarme. Tampoco soy un fanático de la música. Escucho lo que ponen los chicos en el vestuario o el micro. Es variado lo que ponen, según la situación y el momento.

¿Y qué ponen los norteamericanos? ¿Hip hop? Noooo, ellos escuchan individualmente. No se sabe qué es lo que están escuchando.

Le gusta mucho la rambla. Sí, es algo que disfruto mucho de Montevideo. Yo vivo en Punta Carretas, en el Hotel Bit. La rambla es espectacular, me encanta. Trato de ir a caminar seguido o sentarme a disfrutar del Río de la Plata o de la gente.

En su cuenta de Twitter retuitea avisos de niños que precisan transplantes o donantes. ¿Es un tema que lo sensibiliza particularmente? Sí, y no soy de retuitear mucho. Pero lo he hecho y me moviliza. Cuando uno tiene la posibilidad de ayudar, aunque sea de esta forma, lo hace.

Se ha elogiado su capacidad de adaptación a los lugares y a los grupos, ¿qué es lo que más añora, más allá de su familia? Lo de los grupos te lo da la experiencia, la capacidad de acomodarse, saber escuchar y atender las necesidades del equipo, del grupo. Y lo que más extraño es compartir comidas con mis amigos. Estoy en contacto con ellos, en Junín, permanentemente. Siempre nos comemos un asadito con los pibes. Y ya sea por la distancia o por la pandemia, son cosas que se extrañan mucho.