Personajes
Entrevista a Garo Arakelian

"No puede pasar que mi hijo vea a una persona durmiendo en la calle y que no lo mire"

Nombre: Garo Arakelian • Edad: 55 • Ocupación: músico • Señas particulares: entrenó boxeo, se da maña con electricidad, carpintería y albañilería y tiene una respuesta justa a los que le preguntan por La Trampa. 

20.04.2021 06:00

Lectura: 6'

2021-04-20T06:00:00
Compartir en

Por Leonel García

No pudo presentar aún su nueva banda. ¿Cómo está llevando esta etapa? Con cautela. Era probable que los shows se cancelaran y estar preparado te reduce los impactos emocionales y la frustración. Quizá por la edad y por disciplina, he trabajado para que la emoción súbita y el estrés no me superen. Soy amante del ajedrez y poder ver jugadas a futuro lo llevé a la vida. Eso no implica que esto no sea doloroso; es imposible no mirar a los familiares, al entorno, a la gente más joven.

Hoy está en un colectivo de trabajadores de la cultura buscando visibilizar el momento que viven, ¿quiénes lo integran? Es un colectivo de trabajadores del rock, que nuclea a músicos, técnicos, compositores y comunicadores. No recibimos ningún tipo de ayuda. Esto nace por la invisibilización metódica que percibimos tanto del gobierno nacional como del departamental. La cultura no es parte de los balances de un año de parate nacional donde se le metió un freno de mano. Es una respuesta al hecho de que no puede ser que ninguno de los dos gobiernos consideren a la cultura como parte de la sociedad afectada. No pedimos soluciones ya, pero el ninguneo y la invisibilización es una decisión política. Agruparse suena un poco utópico, ya que es parte de la esencia en el rock estar disgregados y somos gente que no está acostumbrada a estar nucleada. Intentamos alterar eso y formar una fuerza y una voz que se sume a otras voces.

¿Añoraba la guitarra eléctrica? Luego de años acústico, como solista y en el trío El Astillero, volvió a enchufarse. No añoranza pero sí saber usar la herramienta. Lo acústico acorta distancias; lo eléctrico trae bronca consigo y para eso tengo que estar distante de vos. No podría estar cerca porque soy tremendamente invasivo, ¡sería una lectura porno de la emoción ajena!

Garabed -del que Garo es su hipocorístico- significa "antepasado". ¿Qué tan importante son sus raíces armenias? Mucho. Es el pueblo más cristiano del mundo, tiene la lengua indoeuropea viva más antigua del mundo, vive rodeado de países musulmanes que quieren hacerlo desaparecer. Y a pesar de lo predecible que sería su destino, sigue viviendo. La identidad no está escrita por el deseo ajeno sino por la voluntad de ir contra lo predecible: yo voy a ser yo, independientemente del entorno. La guerra contra Azerbaiyán del año pasado me quitó el sueño, fue una masacre, se perdió una generación entera de jóvenes. Al comienzo apoyé muchas cosas del despliegue militar porque era la única opción que había; eso es algo muy difícil de entender para un uruguayo, como el concepto de la autodefensa.

Tiene un hijo que recién comenzó Primaria. ¿Cómo fue la experiencia de ser padre ya de grande?, ¿da miedo? ¡Viene siendo! No lo puedo plantear en términos de miedo, pero reconozco que tengo que estar. Lo tomo como una escritura de la mitología familiar, una epopeya donde los personajes son su madre, él y yo. Y lo que otros no pueden, lo haremos nosotros.

Vivió por el Ombú de Pocitos hasta los 10 años. ¿Qué le gustaría que su hijo repitiera de su infancia? Ese Pocitos no tenía nada que ver con el de hoy, antes de la explosión inmobiliaria de la dictadura. Era un barrio horizontal en todo sentido, lo edilicio y lo social: íbamos todos a la misma escuela, en mi cuadra había un conventillo, enfrente había un baldío donde se dejaban los caballos, no estaba hecho el puente de Sarmiento y nos echábamos en chata con terrible bajada. Qué me gustaría... Lo que hago es caminar mucho y que él mire. No puede pasar que mi hijo vea a una persona durmiendo en la calle y que no lo mire, que no se detenga en eso. Eso va a ser una forma de entender el mundo. Saber que la gente no es mala, solo es el mundo el que está jodido. Es difícil transmitir eso: no querés que sea vulnerable, pero sin la confianza es imposible construir un mundo mejor.

Usted es profesor de un taller que ayuda a componer. ¿Eso es posible? ¡No lo hago! El taller es todo menos eso. Es un taller para crear canciones pero sin pautas. Son clases individuales y cada uno es un mundo, hay que darle herramientas para sacar las cosas para afuera pero sin pautas, desarrollar el espíritu crítico, analítico e inquisidor. ¿Le tenés miedo a escribir? Vamos a escribir. ¿Querés escribir lindo o profundo? Si es profundo, hay que generar la confianza para que se anime a bucear dentro de sí mismo. Y he visto desarrollos que han sido cracks emocionales, al punto de tener que abrazar a una persona que lleva 15 minutos llorando.

¿Para qué le sirvió practicar boxeo? Para tener disciplina. Hay una lectura muy moral en Uruguay sobre la violencia, cuando en el boxeo es muy difícil que haya faltas condenables desde una perspectiva ética; sin embargo, aceptamos la viveza y violencia en el fútbol, es parte de nuestra concepción. Hay un libro de un escritor belga, (Maurice) Maeterlinck, el último simbolista, que se llama La inteligencia de las flores, y uno de sus capítulos es El elogio del boxeo. Ahí vi la disciplina de no dañar al otro, no lograr un éxito simulando una falta. Me interesó mucho vivirlo en carne propia y me dio herramientas para soportar los golpes de la vida.

¿Le molesta mucho que le insistan con una vuelta de La Trampa? No, no me molesta, ¡solo que no lo entiendo! A la gente que lo hace, que ya es grande, le pregunto: ¿vos volverías con tu ex? Y no precisan una respuesta.

¿Qué lugar ocupa hoy La Trampa en su vida? De los mejores recuerdos y un lugar donde mis compañeros y yo nos edificamos. Cada uno se convirtió en lo que quiso y lo que pudo. No son solo recuerdos, son una estructura basal en mi vida, son los cimientos. Pero es un lugar del que me he liberado.