Personajes
Entrevista a Mercedes Ruiz

“No es solo que fui y vi el ‘Montevideo olvidado’, lo empecé a vivir”

Nombre: Mercedes Ruiz • Edad: 59 • Ocupación: Alcaldesa del Municipio E de Montevideo • Señas particulares: Se sabe los diálogos de La Novicia Rebelde de memoria; siempre hizo voluntariado; tiene un perro salchicha que se llama Elvis


08.12.2020

Lectura: 6'

2020-12-08T08:43:00
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Por Alejandra Pintos

¿Por qué decidió incursionar en política? Yo no decidí mucho meterme en la política, no era lo mío, aunque siempre me interesó. Lo mío iba por el lado social, entonces conecté con unos conocidos que me dijeron que me presentara para concejal vecinal, porque ahí iba a tener más acercamiento a lo municipal y se me iban a abrir más puertas para seguir trabajando en lo social. Averigüé, me presenté y salí la más votada, por lo que fui presidenta del Concejo Vecinal por dos años. Luego me presenté de nuevo y volví a ser electa. Siempre pensando: "¿Por qué no dar un paso más?".

¿Lo social viene por el lado del voluntariado? Siempre hice voluntariado, desde chiquita. Todo empezó en el colegio, yo iba al Sagrado Corazón e íbamos con las monjas a lo que ahora es Acosta y Lara. Trabajábamos mucho con los niños. Luego, siendo adolescente, nos juntábamos con un grupo de amigos del Christian Brothers y llevábamos a algunos niños a estudiar, les dábamos el desayuno y charlábamos con ellos. En otra época, íbamos con unas amigas al Pereira Rossell y nos vestíamos de payasos. Siempre, dentro de lo que pude, me busqué un ratito para hacer voluntariado.

¿Siente que eso le dio herramientas para vincularse con las zonas más sumergidas de su municipio? Sí, claro. Por ejemplo, yo ya había ido a Malvín Norte y me había involucrado estando en el Concejo Vecinal. Pero cuando empezó la pandemia, en marzo, dije: "Vamos a hacer una olla solidaria". Junté a toda la juventud de mi espacio político, que es la Lista 40 del Partido Nacional, y se prendieron. Eso me ayudó a mí a vivir desde adentro un poco Malvín Norte y Aquiles Lanza. Ahora hemos podido conectar con la gente, conocer las casas, sus realidades, tenemos amigos ahí. No es solo que fui y vi el "Montevideo olvidado", lo empecé a vivir. Y no es solo la comida, a veces falta un colchón, un abrigo, una camita, un consejo, falta un oído para escuchar.

¿Ya tiene planes para conciliar los dos extremos de su municipio? El llegar a unir una parte con la otra es algo que va a llevar muchísimo tiempo; obviamente me encantaría, pero hay realidades muy distintas. No es solo un problema económico lo que sucede en los asentamientos, es un problema social. Creo que los realojos harían mucho bien, porque en todos los asentamientos que han sido realojados uno ve un cambio en el modo de vida, es un empuje importante para cada familia.

¿Ha sentido prejuicios? Sí, lo dicen y me lo cuentan. En el asentamiento se dicen: "Ahora sos amiga de la cheta". ¿Sabés una cosa? Nací donde nací, me eduqué donde me eduqué, pero no dejo de tener sentimientos. Yo quiero mucho a la gente, desde la muy rica hasta la más necesitada. Poquito a poco ya me han ido conociendo. Soy como soy, transparente. Puedo equivocarme y pido disculpas, pero siempre todo lo que hago es pensando en el otro y tratando de hacer el bien.

Uno de sus hijos, Nicolás, está involucrado en política. ¿Cómo fue vivir la campaña con él? Fue impresionante. Nicolás siempre militó para la Lista 40 y si había un 100% para dar, conmigo él dio el 120%. Eran las 10 de la noche y seguía colgando carteles, no paró nunca. Estar juntos fue la cosa más linda.

Estudió Secretariado, una carrera que estaba en auge hace algunas décadas. ¿Qué aprendió allí? Me encantó ser secretaria, lo volvería a hacer, no fue un descarte. Aprendí muchísimo, no eran solo materias para hacer Secretariado. Me río pensando en la taquigrafía, hoy inexistente, también en el telex y la máquina de escribir. El Colegio del Plata fue una etapa preciosa, lo único malo fue que nuevamente solo tenía compañeras mujeres, porque fui a un colegio de mujeres. Cuando en el liceo aparecieron los hombres fue: "Wow", pero después de vuelta al Secretariado femenino.

¿Cómo recuerda su época trabajando en un jardín de infantes? Dos de mis hermanas tenían un jardín de infantes, amaban a los niños y siempre quisieron ser maestras. Yo estaba trabajando como secretaria y quedé embarazada de Nicolás. El jardín era en la casa de mis padres y yo siempre escuchaba carcajadas, me parecía superlindo. Cuando nació Nicolás me dijeron para trabajar con ellas, aunque sea como auxiliar, para poder estar más con mi hijo. Me convencieron. Después hice un curso de arte para encargarme de esa parte. Estuve 20 años trabajando ahí, feliz de la vida. Me encantó, los niños son mi debilidad. Por ahora no tengo nietos pero sí a Elvis, mi cachorro.

Es fan de La novicia rebelde. ¿Por qué le gusta tanto esa película? Me causa alegría. Me parece una película sana, fina, me emociona. No sé si son las monjas que me hacen acodar al colegio (risas). A veces, a los 60 años, me da vergüenza que sea mi favorita. El año pasado invité a todas mis amigas a casa para verla, hicimos como un cine con pop. Tremendo plan, todas cantamos las canciones.

Su marido es ingeniero y vive parte del año en el exterior. ¿Es un desafío la relación a distancia? Mi marido siempre ha trabajado en el extranjero, prácticamente desde que nos casamos. Uno se va acostumbrando porque cuando hay amor las distancias no importan. Ha estado por todas partes del mundo: Argelia, Arabia Saudita, España, Chile, Estados Unidos... Las redes sociales ayudan muchísimo y siempre ha sido un padre presente. Él está lejos pero somos una familia.

¿Conoce a Carolina Cosse? ¿Ya se ha reunido con ella? Sí. Conmigo fue muy amable, fuimos con todos los alcaldes. No hubo mucho diálogo porque fue más bien una presentación del equipo de ella.

¿Cómo lidió con la exposición de la campaña? ¿Le fue difícil? La verdad que sí, al principio me costó un poco. Laura Raffo me aconsejó que hiciera un media training, que me iba a servir muchísimo. Otras personas también me ayudaron, me dijeron que sea como soy, que no trate de inventar algo nuevo, una figura que no existe. No sé si me está saliendo bien o mal pero yo estoy siendo como soy.