Personajes
Entrevista a Graciela Borges

“No creo en el tiempo, ni en la edad”

Graciela Borges presentará en Montevideo Alquimia, una obra íntima sobre su vida con anécdotas, historias, escenas de películas y poemas.

23.09.2019 12:48

Lectura: 9'

2019-09-23T12:48:00
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Por Patricia Mántaras

El día que Meteorología había dado alerta naranja para varios departamentos de Uruguay, Graciela Borges estaba atravesando el Río de la Plata en Buquebus. El viaje duró una hora más de lo previsto y la actriz llegó directo al Radisson Victoria Plaza un poco mareada y sin haber comido. Vino a promover Alquimia, una obra con la que ha recorrido Argentina y que estará en el Teatro El Galpón el sábado 28 y el domingo 29. En ella la actriz narra situaciones, acompañada por la voz y la guitarra de Adriana Barcia (“con unas canciones absolutamente divinas”), y apoyada con imágenes de sus películas y la lectura de algunos poemas (“la poesía es muy difícil, no tiene seguidores, tiene amantes, entonces hay que saber dosificarla”). Todo ilustra fragmentos de su vida. “Hacemos al revés que todo el mundo, contamos las perdidas en vez de las ganadas. Contamos los novios que te dejan”, dice Borges sobre el espectáculo. Cuenta, también, cómo Mario Benedetti —que iba a tomar sopa con ella, Ana María Picchio y Helena Goñi— les regaló un libro de poemas a cada una, pero a la única que se lo dedicó fue a la Picchio; “todas estábamos enojadas”. Eso, también, es parte del show.
El humor y la cercanía de la Borges —como la llaman— no se ven resentidos por las inclemencias del tiempo. Pregunta el signo del zodíaco de la periodista y de la fotógrafa de  galería  (según ella, escorpio es “buenísimo” y sagitario, que además es su ascendente, es “firme”) y en el rato que dura la charla se muestra como una de esas personas llevaderas, fáciles de complacer, la definición opuesta de diva. Dice que si está demasiado tiempo lejos de su gente, de su lugar, “empieza a añorar”, y habla de las cosas que todavía le importan y de las que ya no tanto.

¿Cómo se seleccionan las anécdotas para una obra tan íntima?

Hablo de muchas personas que han estado en mi vida, desde el príncipe Felipe hasta Catherine Deneuve o Paul Newman. El único lujo de uno son las relaciones humanas, te pasa en tu círculo y a mí en el mío. Son siempre maestrías. El show se trata de algo entrañable, hay una cosa muy amena. Primero abrimos con los videos de las películas, después salimos a escena, vienen las canciones, los poemas. Yo canto también.

¿Sí?

Sí, como puedo (risas).

¿Es una carrera muy demandante la de la actriz?

Mi vida reciente ha sido muy complicada, porque hice dos películas, la de Pablo Trapero (La quietud, 2019) y la de Juan José Campanella (El cuento de las comadrejas, 2019), y las funciones al mismo tiempo, y me empecé a cansar mucho. Tuve un pinzamiento en el fémur, tomé mucho frío haciendo la película de Campanella con dos grados bajo cero, y estoy un poco cansada. Así que ahora bajo los decibeles y voy a hacer solamente este espectáculo. Por un largo tiempo, creo, estoy casi segura, que no voy a hacer cine. Porque antes se filmaba, pero ahora se graba, es diferente. Antes tenían dinero solamente para hacer una o dos tomas, no se podía gastar mucho material, pero ahora, como no cuesta nada, borran y empiezan de nuevo.

¿La hacen repetir muchas veces las tomas?

Millones de veces, es muy hartante.

¿En qué otro aspecto han cambiado los rodajes desde sus inicios hasta ahora? ¿El trato con los directores?

No, yo siempre he tenido muy buena relación con mis directores. He tenido los mejores directores, de Argentina y de afuera, y creo que es importante saber que un director es la cabeza de una película. El problema es cuando llega el libro a tu casa y vos estás viendo tu personaje, terminando de dibujarlo. Primero, hay que hablar con el director porque en general no quiere lo mismo que uno quiere. A veces lo quiere de otra manera, entonces intercambiás, le decís cómo lo ves, y cuando sentís que estudiaste todo y que más que saber la letra sabés cómo camina, cómo habla, cuando lo metés adentro, aunque después él invente tomas nuevas, vos sabés que sos el personaje.

Ha dicho que casi nada la hace muy feliz. ¿Es tan así?

En general, me hacen feliz muchas cosas, pero una cosa es el trabajo y otra cosa es la vida. ¿Viste la frase de John Lennon que dice: “La vida son las pequeñas cosas que nos pasan mientras estamos ocupados en grandes cosas”? Entonces mi vida, ¿qué es?, ¿qué me gusta a mí? Estar con mi nieta, charlar con mi hijo, irme a comer con ellos, ver a mis amigas, ir al campo, leer mucho, escribir cosas sueltas, pensamientos, posibles temas, ir al cine, al teatro y hacer servicio (comunitario). Creo que en esta vida tan complicada de hoy si no intentamos tener una intensa mirada sobre el otro, no está bueno. Yo tengo dos o tres causas en este momento, no porque sea maravillosa, ni buena, ni divina, sino porque el otro me importa mucho. Hacer servicio es una cosa que me da felicidad. Ahora estoy con una chica que se llama Jessica Roa, que se cayó debajo de un tren y no tiene piernas, tiene un solo brazo. Estamos juntando plata para hacerle una prótesis, pero necesita muchas cosas y está todo el mundo colaborando. Tiene 21 años y un ánimo tan maravilloso que cuando una se queja de algo se da cuenta de que es una estúpida. Así que las cosas que me hacen feliz están. En el trabajo, sé que me hizo muy feliz hacer Pobre mariposa (1986), la adoré. Sé que fui muy feliz haciendo Viudas (2011), filmando con (Leonardo) Favio, con (Raúl) de la Torre, con (Leopoldo) Torre Nilsson. Pero no sé si la palabra sería felicidad; es como un “ya terminé, por hoy está”, como superar etapas, pero no es algo relajado.

Es trabajo.

Es trabajo, pero está bien. Es un digno trabajo y es lo que sé hacer.

¿Es y ha sido muy estricta consigo misma?

Sí, muy; tengo una luna en capricornio espantosa.

¿Qué quiere decir eso?

Capricornio es mi nieta también. Es un signo de “tengo”: “tengo que hacerlo”, “tengo que cumplir”, tengo en vez de quiero.

¿Y siente que eso se aplica a usted?

Sí, y por demasiado tiempo ya.

¿Qué personaje siente que marcó su vida?

Casi ninguno, me fui de los personajes. Pero uno que me pescó en un momento muy duro de mi vida, que no estaba bien anímicamente, fue el de una película que hice de muy chica, Heroína (1972), con De la Torre. Era la historia de una chica que tenía una muy precaria salud mental, y me marcó mucho porque no podía salir de eso. Trabajábamos con el grito primal, que es la técnica de (Arthur) Janov con la que trabajaron los Beatles. Tenés que encerrarte en un cuarto sola, sin teléfono, música, nada, y decir simplemente el grito primario que es “mamá”. Es la palabra que marca todo. Quiere decir papá, dinero, amante, hijo; mamá es todo. Entonces vos decís simplemente “mamá, mamá, mamá”, y hay un momento dado en que no podés parar, de ninguna manera. Yo lo hice y fue muy duro. Es una técnica que te deja agotada, te libera de mucha cosa, pero tiene que haber alguien que controle para que puedas parar.

El cuento de las comadrejas lleva ya tres meses en cartel en Montevideo. Allí interpreta a una actriz con una trayectoria que bien podría ser la suya.

¡Qué linda película! El personaje es una preciosidad. No sabés lo que costó ponernos arrugas y el pelo blanco, que es peluca. Vino una maquilladora que ganó tres Goyas; para maquillar a Oscar Martínez y a mí tardaba 40 minutos con cada uno. Te pone una especie de plástico arriba de la cara con un líquido, te lo sacás y estás llena de marcas y arrugas para avejentarte. Jesús, mi nieta, estaba al lado mío en el cine cuando vio la película el primer día y dijo: “abu, qué viejita”. Después le dio tristeza decir eso y al rato dijo: “¡Ay, qué linda está la abu en la película!”. Mentira, ¡no le gustó nada!

¿Qué le gustaría que ella aprendiera de usted?

Nosotros tenemos una comunidad de lectura, somos de las personas que escriben y leen mucho. Ella escribe y lee desde muy chiquita; yo también, desde los cuatro años, porque tuve una señora que me enseñó a juntar las letras. Ella lee y lee. Ahora me llamó cuando yo estaba en el barco y me dijo: “abuela, no te olvides de que me tenés que comprar libros”. Difícil que una chiquita de ocho años pida nada más que libros.

¿Cómo adquirió el hábito de usar turbante, que hoy es parte de su imagen?

Me corté el pelo después de la película (El cuento de la comadreja). Ahora creció un poquito, pero no tenía pelo, así que tenía que usar turbante o sombrero.

¿Tiene colección de turbantes?

No, son pañuelos, que me los pongo fácilmente. La gente cree que son difíciles de poner y son lo más fácil del mundo. Me encantan.

¿Ese look tan personal se fue dando o lo fue construyendo?

No, yo soy muy libre. Tengo un estilo, pero no le digo a nadie que lo siga. Soy más del color negro, no soy de usar mucho color. Si quiero, voy con Gino Bogani, me hace un vestido divino para una fiesta y me lo pongo, pero no es lo que más me gusta hacer.

¿Se permite salir sin maquillaje?

Siempre me pinto poquito. En cinco minutos estoy.

Ha dicho que el amor es un tormento. ¿Estaría dispuesta a volver a pasar por eso?

Mirá, el enamoramiento es una pasión, y el amor es un sentimiento… Las chicas ahora dicen que no hay que enamorarse, que es un horror, que se sufre, que está mal. Si me pasara estaría buenísimo. Pero, después de muchos años y de haber tenido amores verdaderamente fuertes, es tan difícil encontrar a aquella persona que te conmueva... Me lo permitiría, porque no creo en el tiempo, ni en la edad, pero la verdad es que no me pasa.