Cultura
Allí donde viven los personajes

"Mapas literarios", el libro que recopila la geografía de la literatura

Un libro recopila dibujos, bocetos y mapas de los espacios geográficos en los que transcurren algunas de las historias más célebres de la literatura

19.05.2020 18:16

Lectura: 12'

2020-05-19T18:16:00
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Por Patricia Mántaras

Así como algunos lectores necesitaron garabatear el árbol genealógico de la familia Buendía para entender los parentescos en la novela de Gabriel García Márquez Cien años de soledad (de hecho, una edición reciente lo incluye impreso entre sus páginas), a veces tener un mapa a mano de las tierras en las que transcurre una historia ayuda a situarla con mayor tino. De hecho, a veces son los propios autores los que necesitan garabatear el espacio geográfico en el que se moverán sus personajes. Algunos, incluso, parten de ahí para construir su relato. "Empecé sabiamente con un mapa e hice que la historia encajase", dijo JRR Tolkien en 1954 refiriéndose a su obra El Hobbit.

Huw Lewis-Jones, un historiador doctorado en la Universidad de Cambridge, recopiló mapas de clásicos de la literatura, algunos de ellos dibujados por sus propios autores y otros inspirados en sus obras y publicados en ediciones muy posteriores a la primera. "La mayoría de los escritores, como muchos de nosotros, adoran los mapas: los coleccionan, los crean, los describen o los reconfiguran, los rehacen por completo. Los mapas les atraen tanto por sus posibilidades creativas como por su utilidad para dar forma a un territorio", escribe Lewis-Jones.

Mapas literarios es el título de este volumen, que abre las páginas a croquis, como el trazado a mano por el propio Jack Kerouac mientras escribía En el camino, y a bocetos o mapas definitivos que acompañan textos en los que los escritores o ilustradores hablan de ellos, de su importancia en el proceso de creación literaria y de su afición por la cartografía, definida por Miraphora Mina -la artista gráfica que dio forma al Mapa del Merodeador, de uno de los libros de Harry Potter- como "un acto diario de gestión del caos". "Dibujar mapas, escribir libros, seleccionar letras, imprimir carteles, la dirección artística de películas o incluso diseñar parques temáticos: en todos los casos se trata del arte de introducir algo de orden en un caos de posibilidades creativas, ¿no es cierto?", escribe.

Mapas Literarios de la editorial Blume ya se encuentra en librerías en Montevideo. Precio: 1.990 pesos.

El mapa inicial. "Mi abuelo, ya un héroe para mí, se convirtió en mi figura paterna cuando mis padres se divorciaron. Le acompañaba un amor rotundo por los mapas, y me contagió", escribe el autor de Mapas literarios en la introducción. El historiador se remonta a su niñez para explicar su pasión, e invita al lector a hacer memoria: "Todos recorremos nuestros propios viajes literarios, pero ¿recuerda dónde comenzó el suyo? Párese un momento a pensar en los libros de su infancia. Piense también en el primer mapa que vio, al menos el primero que recuerde. ¿Era el mapa del mundo colgado en una pared de la clase? ¿Era el mapa de un lugar favorito, colocado en la parte interior de la puerta de su dormitorio, un mapa que solo veía usted cuando cerraba la puerta? ¿O se trata de algo sencillo, como un mapa de la ruta de su autocar al colegio, un callejero con su casa, un mapa del metro, el horario del tren, o incluso un laberinto en un paquete de cereales? (...) O un recuerdo de unas vacaciones, un plano de las habitaciones del hotel o de las cubiertas de un barco, la distribución de un camping, las filas de un teatro para ayudarle a elegir asiento, un juego de mesa favorito, una pequeña isla en una postal con un sello extranjero, una guía de las atracciones de un parque temático... el mapa siempre es el comienzo de un gran día, de una gran aventura". Si los libros hacen vivir (virtualmente) otras vidas, los mapas permiten viajar (mentalmente) a cualquier sitio, real o imaginario.

Los primeros mapas literarios son, según el historiador, los de una Biblia alemana de 1536, y muestran un mundo centrado en el Jardín del Edén. "Los cristianos creían que el paraíso era un lugar en la tierra, diferenciado del mundo y situado en una geografía real".

Pero la primera obra de ficción en incluir el mapa de un lugar inexistente fue Utopía (1516), de Tomás Moro. El título, que es el nombre del lugar en el que transcurre la historia, una isla que es "una pequeña república en armonía", deriva de dos términos griegos que significan no y lugar. "Quinientos años después, continúa siendo una idea sorprendentemente radical, inalcanzable, un reflejo para tiempos convulsos", escribe Lewis-Jones.

Robinson Crusoe, Lemuel Gulliver y Huckleberry Finn. Robinson Crusoe, la novela de Daniel Defoe publicada en 1719, no incluyó un mapa en su primera edición, pero dado el éxito de la novela el editor decidió sumar más capítulos y un mapa de la isla en la que vivió por 28 años el náufrago. "La isla de Defoe despertó la imaginación del público y el apetito por historias estimulantes de naufragios y supervivencia de náufragos en islas selváticas, un apetito que no muestra señales de haber remitido casi tres siglos después".

Jonathan Swift, autor de Los viajes de Gulliver, ubicó las islas imaginarias de su relato en mapas reales. Liliput se sitúa al oeste de Australia, Brobdingnag está unida a Alaska y Laputa está muy cerca de Japón.

Una de las islas ficticias más famosas de la literatura es la Isla del Tesoro, que da título a la novela de Robert Louis Stevenson. El origen de la historia fue en realidad el mapa, que Stevenson dibujó en el verano de 1881 para entretener a Lloyd Osbourne, su hijastro de 12 años. El niño estaba aburrido en unas vacaciones familiares demasiado lluviosas en Escocia y Stevenson empezó a esbozar una isla escarpada con bosques y cuevas.

Aparecían entonces por primera vez el monte El Catalejo y la Isla del Esqueleto. En el mapa se puede ver al sur un galeón, una rosa de los vientos y un detalle de la profundidad de las aguas que rodean a la isla y de las zonas donde hay "fuertes corrientes". Una inscripción señala que en el corazón de la isla está "el grueso del tesoro". "La caligrafía revela habilidad y seguridad", dice Lewis-Jones. Este mapa, que comenzó como una forma de entretener a un niño, inspiró a Stevenson a escribir más adelante la célebre novela La isla del tesoro.

Un lugar real como el estado de Misisipi fue también escenario de historias legendarias y, con algunas modificaciones, fue cartografiado de acuerdo a la ficción. En su libro de memorias La vida en el Misisipi (1883), Mark Twain escribió: "Cuando juego, utilizo los meridianos de longitud y los paralelos de latitud como una red, y rastreo el océano Atlántico en busca de ballenas". Allí, en Misisipi, se sitúan las aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, que cartografió años más tarde, en la década del 50, el artista visual Everett Henry.

Misisipi, de donde es oriundo el escritor estadounidense William Faulkner, se convirtió naturalmente en el espacio geográfico que albergaba el condado imaginario de Yoknapatawpha, en donde transcurren, entre otras, su novela ¡Absalón, Absalón! (1936). Faulkner diseñó él mismo el mapa de Yoknapatawpha, lo que supuso, según Lewis-Jones, "una especie de alivio para sus lectores fieles, que tenían que esforzarse para dar sentido a la lógica y la secuencia de los hilos de su narrativa".

La Tierra Media de El hobbit y Narnia. JRR Tolkien decía: "Si la historia va a ser complicada, debe empezar por un mapa". El autor británico dibujó el mapa de Thror para su obra El hobbit, publicada en 1937, que seguiría con la saga de El señor de los anillos, y luego su mapa de las Tierras Ásperas. Ambos son tanto una guía para seguir la historia como un elemento esencial de la trama: la acoge y la impulsa al mismo tiempo.

La historia, que comenzó también como un relato que inventó para sus hijos en la década del 30 y se volvió, luego de publicada, en un éxito, inspiró al programador de computadoras devenido experto en caligrafía y cartografía Daniel Reeve, un lector ferviente de los libros de Tolkien, a probar con la caligrafía élfica. "Recuerdo que de pequeño corté la copia en un solo volumen de El señor de los anillos de mi hermano en tres libros y preparé cubiertas nuevas para cada uno, con ilustraciones y títulos con una tipografía bonita. Había comenzado mi amor de por vida hacia aquellos mundos", cuenta Reeve. "Yo ya había dibujado mapas del tesoro, pero con las obras de Tolkien y un precioso mapa de la Tierra Media de Pauline Baynes en la pared de mi habitación recibí la inspiración que necesitaba para comprarme una pluma de punta ancha y probar con la caligrafía. Dibujaba runas y letras élficas a la mínima ocasión. Había llegado el momento de dibujar algunos mapas en serio".

Cuando supo que se estaba por filmar la primera película de El señor de los anillos envió una muestra de sus letras élficas al estudio acompañada de una carta ofreciendo su trabajo. "Sonó el teléfono, me convocaron para una entrevista y salí de ella con la tarea de crear toda la caligrafía para las películas", cuenta Reeve. Siguió dibujando por iniciativa propia el mapa de Bilbo de la Montaña Solitaria, también para la película. Le agregó manchas con acuarelas para producir el efecto de un mapa viejo y usado y al jefe de atrezo del filme le encantó y le encargó más copias.

"Cuando llegó una nueva ocasión de cartografiar la Tierra Media (esta vez para las tomas preliminares de La comunidad del anillo), no pude resistirme a la tentación de cambiar la costa del golfo de Lune para convertirla en el Puerto de Wellington. También añadí mi ciudad natal, con su pequeña isla junto a la costa. Después de llegar tan lejos, pensé que sería mejor situar la Isla Sur neozelandesa más abajo en el mapa", confesó Reeve.
Pauline Baynes, la ilustradora original de los libros de Tolkien, fue también responsable de llevar la geografía ficticia de Las crónicas de Narnia, de CS Lewis, al papel en forma de mapas fantásticos. "Su visión del terreno para el segundo libro de la serie (El príncipe Caspian), publicado en 1951, amplió la perspectiva; el mapa para La travesía del Viajero del Alba la expandió todavía más".

El Mapa del Merodeador, de Harry Potter. Otro universo capaz de disparar la creatividad de ilustradores y cartógrafos es el que JK Rowling dio a conocer a los lectores en 1997 con la primera entrega de Harry Potter. Miraphora Mina fue la artista gráfica contratada para diseñar el famoso Mapa del Merodeador para la tercera película, Harry Potter y el prisionero de Azkabán (2004).

El primer encargo que recibió fue la carta de invitación que recibe Harry para estudiar en Hogwarts en la primera película. "Señor H. Potter, Alacena bajo la escalera, Prive Drive 4, Little Whinging, Surrey'. Esas palabras constituyen un mapa en sí mismas, un camino hacia un futuro imprevisible, una invitación a un nuevo mundo. Durante días me desesperé por encontrar el equilibrio adecuado entre las delicadas señales que debía incluir en el sobre. En realidad no era tan complicado, pero sí muy importante: una dirección manuscrita en una carta entregada por una lechuza a un muchacho que todavía no conoce su destino", dice Mina.

El Mapa del Merodeador significó un reto aun mayor. "Se trata de un documento en blanco que revela todos los pasadizos secretos de Hogwarts", cuenta la ilustradora. "¿Cómo se dibuja un mapa que cambia cada vez que se consulta, y que revela la información de manera distinta? (...) Supe de inmediato que no quería que fuese una especie de mapa del tesoro, de esos con los bordes quemados, sino algo mucho más complejo, con múltiples capas". Acabó siendo un mapa desplegable tridimensional que ideó pensando en que fuera fácil de abrir y cerrar y, a la vez, desconcertante.

"Siempre he sido muy rigurosa con lo de plegar bien las cosas (ya sean mapas, periódicos o dibujos técnicos a gran escala), un dato que formó parte de la evolución de la pieza. Doblar papel es una forma de arte, y nos esforzamos al máximo para crear el mapa y canalizar el espíritu de las escaleras imposibles de Escher", cuenta Mina. Las 20 copias que debió confeccionar del mapa, anticipando posibles roturas durante el rodaje, se dibujaron, recortaron, cosieron y pegaron a mano. "En muchas ocasiones lamenté que fuese tan complicado, pero no existe otro modo de hacer algo hermoso y que honre un libro tan querido por los lectores".

Aquí hay dragones. "Los mapas nos ayudan a convertir en reales lugares imaginarios. (...) Cuanto más arraigada y anclada está la fantasía en el tiempo y el espacio, más creíble resulta", dice Cressida Cowell, autora e ilustradora de los libros de la colección Cómo entrenar a tu dragón. Inspirada en los hermanos Brontë, que al parecer dibujaban mapas y los acompañaban de historias en libros caseros que escribían en letras diminutas, Cowell empezó trazando el mapa de Cómo entrenar a tu dragón. "Un mapa ayuda a que mi mundo funcione", dice Cowell. De esa manera sabe cómo sus personajes pueden llegar al acantilado del Dragón Salvaje o a la cueva de Traga-arena.

Un mapa para la autora significa "perderse sin miedo, y en el proceso encontrarse uno mismo y descubrir lo que siempre se había querido decir en un primer momento", asegura.

Si un mapa real invita a viajar, uno imaginario no es más que una propuesta de abandonar el concepto de frontera o límite. Es aceptar la verdad de los personajes, de sus mundos espirituales y sus mundos físicos. Es no pensar en términos de posible o imposible. Como escribió Herman Melville en Moby Dick: "No está en ningún mapa. Los lugares verdaderos nunca lo están".