Personajes
Entrevista a Julián Ubiría

"Las dos pasiones de mi vida son la literatura y la música"

Nombre: Julián Ubiría • Edad: 45 • Ocupación: Director editorial de Penguin Random House Uruguay • Señas particulares: Es fan de los Beatles, Felisberto Hernández y David Lynch; alojó a los Buitres en su casa durante una gira de la banda en Salto; todavía no se acostumbra a usar lentes.

02.06.2020 13:11

Lectura: 6'

2020-06-02T13:11:00
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Por Juan Andrés Ferreira

Estudió profesorado en el IPA. ¿Llegó a ejercer como profesor de Literatura?

Me recibí en 2004 y a finales de 2006 entré en Editorial Santillana. O sea, ejercí muy poco tiempo, un par de años, y ya me metí en el mundo editorial. Igual sigo estudiando, hago una maestría en Políticas Culturales en la Universidad de la República.

¿Cómo fue su acercamiento al mundo editorial?

Una amiga, diseñadora gráfica que trabajaba en Santillana, se enteró de que estaban buscando un vendedor, un representante comercial para el sello, y me avisó. Me presenté. Y se ve que ese perfil entre marketing (estudié Marketing en la ORT) y literatura cuadró bien. Al poco tiempo me sentí muy comprometido con ese mundo. Estaba completamente fascinado con que entrara por la puerta Tomás de Mattos, Mario Delgado Aparaín, Milton Fornaro. Me di cuenta rápido de que ese era un espacio que me fascinaba y en el que quería quedarme.

¿Cómo definiría su relación con la música en general y con los Beatles en particular?

Las dos pasiones de mi vida son la literatura y la música. Aprendí a tocar la guitarra desde muy chico, tuve algunas bandas, y lo sigo haciendo hasta ahora. Toco con Álvaro, mi hermano, que tiene un grupo, y con amigos también. De hecho, ahora nos cortó la cuarentena, pero veníamos avanzando en un set de canciones con otro amigo, Leo Barizzoni. En algún momento de mi vida me di cuenta de que por ese lado no iba a seguir mi actividad profesional, pero desde el punto de vista emocional y afectivo es una necesidad intensa que tengo el ponerme a tocar y, sobre todo, escuchar música. Me considero un poco obsesivo a veces con el asunto. Respecto a los Beatles, los tengo como los arquetipos platónicos de la música, o sea: comparo todo con eso. Más allá de que puede pasar mucho tiempo sin que los escuche, siempre vuelvo a ellos o a la obra solista de cada uno. Creo que entraron con tanta fuerza en mi vida que ya es muy difícil que no formen parte de mi universo casi como si fueran parientes o amigos.

¿Con qué palabras describiría a Los Picapiedras, la banda de la que formó parte en la década de 1990 en Salto?

Era una banda de amigos que hacían punk rock con mucho entusiasmo y una energía increíble. Había mucha creatividad y muy pocos recursos, rebeldía y malos instrumentos. Pasó algo raro: durante un período se volvió muy popular. Una banda al estilo de los Ramones de repente, en Salto, tuvo mucha popularidad. Supongo que en parte eso fue por la falta de oferta del medio también. No teníamos ni un casete grabado y la gente nos iba a ver a donde fuéramos a tocar.

Alojó a Buitres en su casa cuando la banda estuvo en Salto. ¿Qué recuerda de aquella experiencia?

Un amigo nuestro, Fede Becerra, era muy fan de ellos y les escribía permanentemente, tenía como una base Buitres-Salto, él hizo el enganche. Cuando Buitres fueron a tocar a Salto, creo que era la primera vez, había que alojarlos en algún lado. Mi casa parecía la ideal, era grande, de dos pisos, y tenía un lugar donde podían quedarse cómodos. Así que fuimos al recital y después, con todos los amigos de la barra y de la banda nos instalamos en casa y tuvimos una noche de mucho aprendizaje. (Gustavo) Parodi nos enseñó técnicas de guitarra, como la Palm Mute con distorsión, que no teníamos idea de cómo se hacía. Estábamos sorprendidos con su profesionalismo. Habían tocado en un lugar bastante grande, en el Club Salto Uruguay, la pista estaba casi vacía, casi toda la gente ubicada a los costados, y ellos salieron a tocar con una actitud y una energía como si estuvieran frente a una platea repleta. Para nosotros fue un aprendizaje de cómo pararse en un escenario.

No es de mirar mucho fútbol pero sí le gusta jugar. ¿Juega seguido?

No miro nada de fútbol. Juego con mis amigos y reconozco que me divierte como deporte, pero todo el espectáculo me es bastante ajeno, y me doy cuenta de que eso me aleja de muchas conversaciones. Cuando viajo al exterior, me encuentro con gente que quiere hablar de fútbol y yo apenas conozco los recontra titulares. De repente nos ponemos a hablar de música y puedo nombrar a todos los bajistas que pasaron por los Red Hot Chili Peppers, y cuántos tocaron en otras bandas. O sea, todo eso de coleccionar datos y estadísticas, que se hace mucho con el fútbol, lo tengo con la música.

¿Qué es lo que le fascina tanto de Felisberto Hernández?

Soy bastante fan de muchos autores. Lo que ocurre con Felisberto es que me reencontré con él cuando fui estudiante en el IPA, y fue como meterme en un universo cada vez más extraño e inquietante. Es un tipo que construye un universo que tiene sus propias reglas y donde lo que prima es el misterio, pero uno intuye que atrás de eso hay un orden, un orden que quizás ni él mismo entiende, y que a mí me resulta fascinante. No hay una página de Felisberto que no me resulte valiosa. Es algo que también me pasa con (el director de cine) David Lynch. Lo primero que vi fue Blue Velvet y quedé fascinado con esos planos, la música, con ese misterio. Me gustan mucho los artistas que construyen un universo propio y que no nos muestran las reglas del juego sino que nosotros tenemos que ir descubriéndolas, trazando nuestro propio recorrido dentro de ese universo.

¿Cuánto hace que vive en Solymar?

Yo soy del Cordón. En Solymar viví mucho de chico. Después nos mudamos para Salto. Allí pasé la infancia y la adolescencia. Luego regresé a Montevideo un tiempo pero casi toda mi vida la he pasado ahí, en la costa, entre Solymar, Lomas de Solymar, Shangrilá.

¿Recuerda cuál fue el último espectáculo que vio antes del confinamiento?

Creo que fue a Mandrake Wolf en la playa, en Lomas de Solymar, en el verano.