Personajes
Entrevista a Héctor García

"La vida es una negociación"

Nombre: Héctor García Edad: 60. Ocupación: periodista de turf en El País, Canal 12 y Sport 890. Señas particulares: extraña los ruidos de Pocitos, su perro se llama Varón, juega al básquet en la Unión de Veteranos.

17.09.2019

Lectura: 6'

2019-09-17T16:49:00
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Por Rosana Zinola

¿Cómo surgió lo de "disco y foto" para cerrar su espacio de turf en Telemundo? Empecé en Telemundo el 17 de octubre de 2008 pero "disco y foto para el turf, ustedes continúan con Telemundo" salió en abril del año siguiente. José Carlos Álvarez de Ron fue el impulsor. Tenía que cerrar mi espacio y él me dijo que pensara un latiguillo. Lo busqué, lo busqué y lo encontré. Ahora me dice: "¿Qué tal disco? ¿Qué tal foto?".

¿Y Puchi de dónde salió? Mi viejo me lo puso de chico. En el ámbito profesional me llaman por mi nombre, Héctor, pero como mi padre se llama igual, mi familia paterna usa mi segundo nombre, Javier. Y Puchi en todos lados, hasta el director del Colegio Richard Anderson me decía Puchi.

¿Cuál es su primer recuerdo en el Hipódromo de Maroñas? Recuerdo acompañar a mi viejo a los studs y escuchar a jockeys y cuidadores hablar con los dueños. Mi abuelo materno fue turfman, tenía el stud Don Alberto; además, mi padre trabajaba en el Jockey Club de Montevideo.

¿Le gusta apostar? No. Ahora no apuesto. Me encantaba, pero ahora solo apuesto para divertirme cuando viajo a otros hipódromos.

¿Se perdió la elegancia en Maroñas? Sí, total. De chico y siendo hijo de funcionario, si no tenías la medalla de socio no podías entrar al palco. Además, había que usar riguroso traje y corbata.

¿Usa sombrero en el hipódromo? No, pero ahora con el frío, sí. Uso gorros de lana o las gorras escocesas y alguna buena pañoleta, que me encanta. En Telemundo es lindo que estemos todos bien vestidos, con un buen saco y camisa bien planchada.

Durante muchos años trabajó en el Aeropuerto de Carrasco. ¿Cómo llegó al turf? Desde muy chiquito juntaba recortes y pegaba fotos de caballos en cartulinas, hacía un diario. También junté recortes de Trouville, que hace poco se los regalé a Daniel Mahoma Wenzel. Ese arte de comunicar lo traigo desde chico. Después surgió el tema del deporte y de los aeropuertos. En el Aeropuerto de Carrasco empecé a trabajar en el 79. Trabajé en Aerolíneas Argentinas y en American Airlines mientras hacía muchas otras cosas. En Canal 5 tuve los programas Pádel de alto nivel y Placard 5 y también hice una revista. Después trabajé para una empresa de carrocería vendiendo ómnibus para el Caribe mientras vivía en Montevideo. Si me das a elegir de volver a un trabajo, vuelvo al aeropuerto.

Como vendedor de buses viajaba asiduamente. ¿Nunca le dio pereza armar la valija? No. Me encanta. En esa época, de 350 noches dormía 200 fuera de casa. Tenía más de un millón y medio de millas en Varig, pero las perdí cuando cerró. En la valija aprendí a llevar lo mínimo. Cuando viajé a Dubái fui con una valija y un bolso, nada más.

En su familia son fanáticos del turf, básquetbol, rugby. Sí, todos estamos involucrados con los deportes. Además, en mi familia el deporte une a las parejas. Mis padres se conocieron por el básquetbol cuando él jugaba en Nacional, después pasó a Trouville. El fanatismo por Trouville viene por él, que además fue campeón sudamericano. Y yo conocí a mi esposa Graciana por el pádel. La había visto en La Barra y cuando la reencontré en el pádel del Buceo le hablé. Siempre le llevaba algo dulce hasta que la invité a salir. El 7 de agosto cumplimos 27 años de casados.

¿Es activo en redes sociales? Me desboco un poco pero me encantan. Soy bravo, lanzo sin pensar. Me encanta opinar de básquetbol y de turf, pero no me meto en política. Y ahora que aprendí a hacer videos me encanta Instagram.

¿Les pide consejos a sus hijos Facundo y Guillermina? Soy autodidacta, pero mi hija me tira consejitos.

¿Y usted qué consejos les da? Que la vida es una negociación. Cuando hice el curso de negociación de Harvard me quedó grabado en la cabeza, sirve para todos los órdenes de la vida.

Se mudó varias veces. ¿Prefiere la tranquilidad de Carrasco al ruido de Pocitos? Me mudé varias veces, pero de grande. De chico vivíamos en el Parque Batlle y en Juan María Pérez y Ellauri. Amo Pocitos, la cercanía, todo. Cada paso por allí evito circular por 21 y Ellauri. Para mí, esa esquina es la de antes, con el Chez Piñeiro, el Bar Añón, el Saroldi, Cosmos, mis amigos del Zorrilla y de las dominicas. Cuando viví en Sarmiento y Aguilar dejaba la ventana abierta porque me encantan los ruidos. Cuando me casé con Graciana fuimos a Costa Rica y Mones Roses, y yo extrañaba los ruidos.

¿Invasor es el mejor caballo del mundo? Que pisó Maroñas, sí. Un caballo operado luego de haber ganado su primera carrera, triple coronado en Maroñas y que ganó la Breeders' Cup y la Dubai World Cup, es casi imposible que se repita. Que propietarios uruguayos por un infortunio cayeran en un haras que no iban a visitar y que se encontraran con este potrillo, al que le cambiaran el nombre y que haya ganado con dos jockeys distintos, es una historia única. No tenemos dimensión de lo que fue Invasor. En el exterior, así como te hablan de Luis Suárez por el fútbol, en el turf lo hacen de Invasor. Además, tiene su estatua en el hipódromo de Dubái.
¿De dónde se ve mejor una carrera en Maroñas? Una manera muy linda es estar pegado a la baranda. Y si te apartás un poco de la llegada, oís el grito del jockey. Ellos están manejando un animal de 300 o 400 kilos a 60 km/h y saben por dónde lo tienen que llevar para tratar de ganar.

¿Alguna vez pensó que el Hipódromo de Maroñas no se iba a reabrir? Durante mucho tiempo la gente hablaba de la reapertura pero fue una jugada del expresidente Jorge Batlle cuando hizo la licitación.
Si en ese momento hubiera habido otro presidente al que no le gustara el turf, ¿qué hubiera pasado? Quién sabe si estaríamos haciendo esta entrevista.