Personajes
Entrevista a Daniel Sielecki

"La navegación te da conducta, orden, equipo"

Nombre: Daniel Sielecki Edad: 63 Ocupación: empresario, vicecomodoro del Yacht Club Punta del Este Señas particulares: ama la libertad, es coleccionista y aventurero, hincha de Boca a muerte

09.02.2021 18:45

Lectura: 6'

2021-02-09T18:45:00
Compartir en

Por Rosana Zinola

¿En dónde nació?

En Montevideo, mi mamá vino de Argentina a pasar Carnaval y se quedó hasta marzo. Y chau, nací acá. En esa época venías por tres meses y lo que pasaba, pasaba. Ahora vine por la pandemia y porque estaba cansado de Argentina. Hasta tengo pasaporte uruguayo.

Su primer trabajo fue en el laboratorio de su padre. ¿Qué hacía?

A los 13 años repartía cartas. Después, a los 18 o 20 años y trabajaba mucho, empecé a viajar y hacer locuras.

¿Qué clase de locuras?

Aventurarme a comprar o vender empresas.

¿Le atraen los desafíos?

Sí, pero además me gusta hacer cosas que aporten a la sociedad. Un negocio no es solo para ganar dinero, tenés que hacer un bien. Los medicamentos, en particular, son necesarios para la sociedad.

Pero las farmacéuticas están cuestionadas.

Malamente cuestionadas, porque el costo de algunos medicamentos es casi el costo de una pizza. Lo que pasa es que cuando comprás un medicamento pensás que es caro porque estás enfermo. Mirá lo que está pasando con la pandemia, si no hubiera inversión en investigación no habría vacunas. ¿Te vas a quejar por el costo de una vacuna? Tendríamos que estar celebrando, en lugar de ir a misa los domingos tendríamos que ir a san Pfizer o a san Sinovac a agradecer las vacunas.

¿Qué recuerda de su infancia en Punta del Este?

La libertad. Andábamos en bicicleta por San Rafael y la gente te saludaba, había libertad completa. Íbamos a la playa, jugábamos al fútbol, nadábamos en Arcobaleno, jugábamos al bingo en Cantegril y cada mañana veníamos al Yacht a andar en optimist. Cuando fuimos creciendo íbamos a Solanas y a boliches como Papa Charlie, era muy divertido.

¿Qué le enseñó la navegación para su vida?

Todo, la navegación te da conducta, orden, equipo. Tenés que ser cauto, saber planificar y cuándo arriesgar. Es un desafío continuo pero, básicamente, te enseña respeto al mar. El mar siempre gana.

¿Cuál es el mejor momento para amanecer en un barco?

Cualquier día es bueno en un barco. Cuando tenés siete días de sol, buscás dos de lluvia.

¿Desde que llegó a Punta del Este vive en el barco Metejón?

Tengo casa pero prefiero vivir en el barco. Soy libre, no cierro la puerta.

¿Por qué compró ese yate?

Porque lo admiro desde chiquito. Me acuerdo que este barco tenía teléfono cuando todavía no los había en las casas. En la guía de teléfonos de Punta del Este decía "Metejón" y su número. El Metejón, que era de la familia Lestido, me quedó en la cabeza desde la infancia y hace como 10 años lo encontré perdido en un astillero en Buenos Aires. Estaba abandonado, me puse en campaña para comprarlo, no tenía papeles. Lo arreglaron en Argentina, todo lo que ves está hecho especialmente para el barco, no hay nada comprado estándar.

¿Su otro barco, el velero Cippino, es antiguo también?

Los dos son de 1949. El Cippino también estaba tirado en Buenos Aires, hasta tenía cucarachas. Un amigo mío lo arregló, es un barco que corre bien. 

Y es un barco ganador, ¿alguna carrera que le haya quedado pendiente?

La de Mónaco la tenía pendiente hasta que la ganamos en 2019. El año pasado no hubo carreras, pero en 2019 ganamos todo: Mónaco, Cannes y Rolex St. Tropez. Mónaco es un lugar impresionante, tiene un club con forma de herradura en el que 120 barcos clásicos permanecen toda la semana. Ahí va todo el mundo.

Entonces, ¿conoce al príncipe de Mónaco?

Siempre va pero no somos amigos. Lo que nunca voy a olvidar es una regata en la que me chocó el rey de Noruega. Íbamos navegando y casi en la meta nuestros barcos quedaron a la par. Yo tenía derecho de paso, pero el rey seguía y seguía. Yo también seguí, entonces me pegó y se subió sobre mi barco. Cuando llegó al puerto, el rey se autodescalificó. De repente lo veo venir con su guardaespaldas, me pidió disculpas y dijo: "Sabés lo que pasa, es que yo soy el rey y cuando yo voy, la gente se abre". Se ofreció a pagar el arreglo pero le dije: "Olvidate". En ese momento estaba soltero y le pregunté si no tenía una hija para presentarme. Fue muy divertido. En esas regatas corre mucha gente, los Agnelli, Jeff Bezos, son carreras lindas. Acá también hay regatas clásicas, lástima que este año con la pandemia no pudieron venir muchos barcos.

Su otra pasión son los autos clásicos. ¿Cuál fue el primero que compró?

Un Packard, en La Plata, 1978. Se lo conocía como el Packard del relojero. El dueño lo estacionaba en la puerta de su casa atado con una cadena. El relojero no lo quería vender, insistí hasta que lo compré y lo sigo teniendo.

¿Y el auto de la reina de Inglaterra?

En realidad es un Napier que participó en el desfile del cumpleaños 100 de la reina madre. Ese Napier ya era famoso porque fue el primer auto inglés que ganó una carrera fuera de Inglaterra, de París a Viena, la Copa Gordon Bennett en 1902. Todos los autos antiguos tienen sus historias.

¿Ser parte de sus historias es el atractivo de coleccionarlos?

No, lo que me atrae es que son únicos, hechos a mano, obras de arte. Son la realización de un sueño de algún tipo, que no es muy diferente a otro artista. Además, circulan y todos los pueden ver. Habría que exponerlos en un museo al lado de la Mona Lisa. Ese Napier de 1900 en Inglaterra era como decir Ferrari en esa época, de los 15 autos de carrera que fabricaron solo quedan cinco en el mundo.

¿Cuántos autos tiene en total?

Uff, bastantes. Si tuviera necesidad de venderlos, ¿con cuál se quedaría? Nunca me planteo esa pregunta. Siempre miro para adelante. No lo digo por omnipotencia sino porque vivo la vida queriendo que las cosas me vayan bien, siempre miro para adelante.