Personajes
Pablo Mieres

"Hay que darle el mensaje a la gente de que es posible algo diferente"

Pablo Mieres formó una nueva coalición integrada por exfrenteamplistas y escindidos de los partidos tradicionales para captar votos de indecisos y desencantados y llegar al gobierno. El 16 de diciembre de 2019 fue nombrado futuro ministro de Trabajo.

22.11.2018

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2018-11-22T17:48:00
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Por Bernardo Wolloch

El objetivo del Partido Independiente (PI) es construir una nueva fuerza política de cara a las próximas elecciones. Se trata de una coalición que engloba varias listas de centroizquierda para que la gente que piensa igual no vote separada. Para Pablo Mieres, líder del PI desde 2002, esta jugada que a algunos les cuesta entender, "no es un arreglo para sacar votos y después cada cual para su casa".

Así, la coalición ya sumó a diferentes actores del espectro político, como Esteban Valenti, Fernando Amado y José Franzini Batlle. Mieres es optimista en que esta nueva propuesta generará un impacto en la ciudadanía. Pero hay otro cambio. Ahora el PI quiere gobernar, ganar las elecciones, y ya no se conforma con una banca en el Senado. ¿Gobernar para qué? "Para transformar el país, para hacer las cosas que hay que hacer", dice Mieres. Aunque sabe que es difícil, y que noviembre de 2019 serán una época de acuerdos extrapartidarios, cree que esta es la mejor "alternativa a un Frente Amplio (FA) agotado que hay que sustituir".

El PI pasará a ser un lema que engloba varias listas, como el Grupo Navegantes, encabezado por Esteban Valenti, Batllistas Orejanos, liderado por Fernando Amado, y Asamblea Batllista de José Franzini Batlle. ¿Qué fin persigue? Siempre creí, desde que me conozco, que en Uruguay había un gran drama: gente que pensamos igual terminamos votando separados. Y a su vez suman votos con otros que piensan distinto. Voy a tomar como ejemplo 1971: Wilson Ferreira, que pensaba muy parecido a Juan Pablo Terra y a Zelmar Michelini, vota con Aguerrondo, que era un militar golpista. Del otro lado, Vasconcellos, que era un batllista "progre", vota con Pacheco y Bordaberry padre. Terra y Michelini terminan haciendo un acuerdo con el Partido Comunista y la ultraizquierda protupa. Y ahí decís: "¿Y si se hubieran juntado los que pensaban igual, es decir, Michelini, Terra, Vasconcellos y Ferreira?". Seguramente, ganaban las elecciones y hubiéramos tenido un gobierno distinto. Probablemente, nos hubiéramos ahorrado una década de dictadura.

Pero con las personas que sumó, el PI no piensa ganar las elecciones, ¿o sí? Parate... Entonces, ¿cuál es el drama del Uruguay? Desde mi punto de vista, tenemos tres lemas grandes, que son partidos tradicionales, partidos "abarcatodo", y que tienen sectores que se llevan horrible entre ellos, pero suman votos para gobernar. Cuando nosotros llegamos al 2015 y el partido tuvo un éxito que era crecer nuevamente y llegar al Senado (un senador y tres diputados), dijimos: "¿Qué es lo que tenemos que hacer por el país?". Construir una opción para que los socialdemócratas podamos votar juntos. Acá hay un espacio de izquierda moderada o de centroizquierda alternativo a un FA agotado que hay que sustituir en el gobierno. Nosotros somos una opción de cambio. Y también una alternativa a los partidos tradicionales que no nos convencen. Ese es el sentido. Ojalá hubiéramos tenido más eco. Pero hasta ahora es un excelente resultado: un grupo que se anima a irse del FA para una patriada, que es esto, y dos sectores que salen del batllismo.

¿Recibió reproches de votantes del PI? Algunos quizá no entienden la jugada. Hay gente que puede tener rechazo por algunos de los posibles socios y yo me hago cargo. También, seguramente, nuestros socios deben haber recibido cuestionamientos. Esas cosas pasan, lo nuevo provoca miedos, temores y distancias, pero creo que el país necesita esta opción.

Más allá de querer conformar una coalición de centroizquierda, ¿es una manera de despegar el futuro PI? Nosotros nos vamos a presentar a la ciudadanía como una opción de gobierno. Es un cambio con respecto al PI en 2009 y 2014. Nosotros le decíamos francamente a la gente que le estábamos pidiendo el voto para tener una bancada parlamentaria más grande y evitar que haya una mayoría absoluta. Ahora les diremos que queremos gobernar: estamos prontos, tenemos equipo, gente, apoyo y creemos que somos la mejor opción de cambio.

Pero cotejando con las encuestas, se está muy lejos. Todo lo que quieras. Falta un año.

Pero todo indica que noviembre de 2019 va a ser una época de coaliciones. Esa es la etapa posterior. Primero, la competencia electoral. Incluso hay una etapa anterior que es la elección interna, que para nosotros no existe. El acuerdo de la coalición implica una fórmula única sin competencia interna.

No es posible ser ajeno a lo que arrojan las encuestas. Sí, pero las encuestas dicen muchas cosas. Primero, todavía no han captado la significación de la aparición de esta opción, por ahora miden al PI. Veremos cuando salga a la luz, en la ciudadanía en las encuestas, no en cuanto a elite porque esto ya está arriba de la mesa, aparecerá a principios del año que viene. Ahí veremos cuál es el impacto que genera esta nueva opción. Yo soy optimista. Creo que los otros van a causar sus propios problemas, que además van a ayudar a que esta opción parezca más atractiva. Segundo, falta un año para la elección de octubre y las encuestas coinciden promedialmente en señalar que uno de cada cuatro uruguayos no sabe qué hacer. Un 25% de indecisos. Eso muestra un nivel de inestabilidad electoral de los votantes.

Pero las encuestas también dicen que habrá un balotaje, que es probable que no haya mayoría parlamentaria y que para gobernar se tendrá que formar coaliciones. El PI va a tener que hacer algún acuerdo con otro partido. ¿A quién miran ustedes? Nosotros estamos con el objetivo de pelear por estar en la definición y es lo que vamos a sostener durante toda la campaña. Queremos estar en la definición y nos sentimos la mejor opción de cambio; la mejor sustitución del FA es esta opción, este lema. Si luego eso no ocurre, veremos lo que hacemos, pero hasta octubre tenemos que decirle a la ciudadanía lo que creemos.

En el caso de que luego de octubre haya que hacer acuerdos partidarios, ¿el lema del PI negociaría con el FA aunque no quiera que siga en el gobierno? Esa discusión no estamos dispuestos a darla. Acá hay un eje central de la campaña que es entre continuidad y cambio: el FA es la continuidad y los demás partidos proponemos cambios. Y hay un segundo eje tan fuerte como el primero que es qué tipo de cambio queremos. Ahí nosotros tenemos una diferencia con los partidos tradicionales. Después veremos... Ese es el juego. Luego vendrá noviembre.

En su respuesta está con quiénes piensan acordar para noviembre de 2019: el PI va por el cambio, no la continuidad y el FA es continuidad. Bueno, pero a la hora de la verdad habrá que evaluar qué es lo que está arriba de la mesa. Lo digo con firmeza: a la hora de la verdad hay que evaluar cuáles son las ofertas y analizar en función de eso.

En las elecciones de 2009 y 2014, el PI les dio libertad de elección a sus votantes para la segunda vuelta. ¿Piensa actuar de igual manera? Sí, y yo declaré que votaba en blanco. Es lo que dije e hice. Ahora siento que debo pronunciarme en una segunda vuelta, que efectivamente va a haber una segunda vuelta definitoria. Voy a tratar de estar. Pelearé para ganar. Pero si no estoy, no me imagino anunciando un no pronunciamiento. Los balotajes anteriores ya estaban jugados.

Ahí también hay otro cambio. Antes, el PI aspiraba a una banca en el Senado. Y ahora queremos gobernar, queremos ganar.

¿Gobernar para qué? Para transformar el país, para hacer las cosas que hay que hacer. Para reformar la educación, recuperar la seguridad. Tenemos las ideas correctas para cambiar la situación y se puede. Se puede cambiar este país. El lema que anda dando vueltas por ahí es "cambiar se puede". Hay que darle el mensaje a la gente de que es posible algo diferente. Está en esa etapa del desencanto con una esperanza que se produjo muy fuerte en el 2004 y hoy es una frustración. Volver a los partidos tradicionales tampoco genera gran encanto. Nosotros les decimos: hay que construir una nueva esperanza, una alternativa.

Una "nueva" nueva esperanza. Sí, por eso estamos obligados a dar una propuesta clara. Puedo decir en educación qué queremos hacer allí y qué buscamos cambiar; en seguridad, puedo dar cuál es nuestra postura para resolver la inseguridad o la competitividad y la apertura al mundo. Y vamos a levantar la bandera de la transparencia porque creo que el gran problema de fondo, del distanciamiento de la gente con la política, fue a partir de que blancos y colorados históricamente fueron marcados porque tenían temas de acomodo o clientelismo, vino el Frente, prometió y ahora está hundido en el tema transparencia porque ni siquiera puede enjuiciar a un corrupto procesado por la Justicia. La gente termina descreyendo de todo. Eso es lo que hay que recuperar.

Cuando lleguemos a noviembre y haya que hacer coaliciones, sin importar quién esté sobre la mesa, ¿dónde le gustaría estar al PI? Ni idea, no hemos pensado en eso, pensamos en ideas y propuestas. En el caso de que nos toque a nosotros, eventualmente, para que otro gobierne vamos a poner condiciones de transparencia sin ninguna duda. Esta vergüenza de haber multiplicado por dos y pico los cargos de confianza se terminó. Hay que recortarlo a la mitad. Son señales. No te digo que eso mueva la aguja del gasto público. Vamos a exigir que la Jutep tenga mayores potestades de investigación, vamos a aclamar por una reforma educativa; por un cambio en la política de seguridad. Y por una reforma del Estado: tenemos al mejor, que es Conrado Ramos. Hay que agarrar una por una las unidades ejecutoras y encontrar dónde están las grasas, los gastos indebidos y superfluos y llegar a un recorte sin tocar las políticas sociales. Mejor dicho, tocarlas para cambiarlas y hacerlas más potentes, porque son un fracaso. El Mides se ha desbarrancado hacia el asistencialismo. Todo lo que la izquierda históricamente criticaba a los partidos tradicionales, el famoso asunto de regalar el corte de rancho o los bloques, el FA en el gobierno hace lo mismo, solo que en vez de regalar ladrillos regala asignaciones familiares.

¿Por qué cree que se repitió la historia? Por el poder. Por la búsqueda del poder. Ahí genera un electorado cautivo al que además les dicen: "Miren que si perdemos, ustedes pierden esto", porque vienen con el cuco del neoliberalismo, los 90. Se pueden hacer políticas sociales potentes, asignaciones familiares con contraprestaciones exigentes. La concepción promocional de las políticas sociales es ayudar a que la persona vuelva a valerse por sí misma. Y hay dos temas clave. Uno es la reinserción de los expresos. Ahí estamos en el horno. Tenemos entre 60 y 70 por ciento de reincidencia. Y el otro es el tema de los adictos. Es un desastre. No hay políticas para ellos. El Portal Amarillo es lo único que ofrece el Estado y es una cosa diminuta para rehabilitación. Luego hay organizaciones privadas que hay que pagar.

¿Y de dónde pretenden sacar los votos? De todos lados. Lo digo con franqueza; sin duda, de los indecisos, que es mayoritariamente gente decepcionada que votó al FA y hoy no lo vota. Hace cinco años, a esta altura, había la mitad de indecisos, 13%, aproximadamente, y el FA marcaba 43%. Hoy marca alrededor de 30%. Es claro que hay una pérdida de votantes del partido de gobierno. También hay gente desencantada de los partidos tradicionales y jóvenes nuevos que están ingresando a la política.

¿Qué tan cierto es que Selva Andreoli va a ocupar la vicepresidencia en la fórmula? Lo que es cierto es que en la coalición la candidatura a la vice debe ser ocupada por alguien de nuestros socios. Está en la tapa del libro. El nombre de Selva es uno muy bueno. Todavía no fue acordado. Anda en la vuelta y me parece excelente.¿Algún otro que manejen? No, tú me largaste ese y es un buen nombre. Es una persona con larga trayectoria política.

¿Qué opina de que el FA no sancione a Raúl Sendic? Me parece tremendo. Es un costo político enorme para el FA porque es la prueba de haber bajado los brazos frente a la corrupción interna. Cuando tenés un dirigente político procesado por corrupción, por delito de peculado, ¡y que no lo sancionen! Se han comprado un gran lío. Hace un año que están por sancionarlo y con un fallo del Tribunal de Conducta Política (TCP) lapidario. Y tenemos otro escondido, que es el fallo del TCP del senador (Leonardo) de León, que nadie sabe qué dice, pero por algo lo tienen escondido. Las conductas de De León no se tipificaron como delito por el fiscal Pacheco porque interpretó que como se trataba de una empresa de Derecho Privado, no correspondía. Creo que se equivocó. En realidad, hizo exactamente lo mismo que Sendic: gastar plata del Estado para interés personal.

La corrupción es una humedad que se mete por todas partes. ¿Cómo ve al PI combatiéndola? Creo que hay que estar alerta. No podés estar seguro de que nunca habrá algo en tu entorno. El día de mañana vamos a tener más poder, ganamos y somos gobierno, tendremos que colocar a un montón de gente en distintos lugares para que asuma responsabilidades. Uno trata de elegir bien, pero puede haber problemas. Nadie está libre. Lo que no te puede suceder es que te tiemble la mano para cortar de raíz esas situaciones. Eso es lo que hay que exigir. Cuando aparece el brote, ¡pac! A veces no es fácil, porque es gente que uno quiere. En el PI puede ocurrir, no somos excepcionales.

¿Cómo cree que reacciono el Partido Nacional con Agustín Bascou? Creo que fueron débiles. No es una buena señal.