Personajes
Entrevista a Leonardo Borges

"Existen historias oficiales que se repiten como una Biblia y que hay que romper"

Nombre: Leonardo Borges • Edad: 38 • Ocupación: historiador, docente y escritor. • Señas particulares: toca la guitarra y el bajo; a los 24 años formó una banda punk llamada El Asilo; da clases en la colonia Berro.

21.04.2020

Lectura: 5'

2020-04-21T07:00:00
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Por Giovanna D'Uva

Si no fuera historiador, ¿sería licenciado en Comunicación?

Fue una de las opciones que tenía pensado hacer cuando terminé 6º de liceo. Las alternativas eran variadas: profesor de Literatura, de Historia, estudiar Comunicación o hacer algo que me llevara a realizar guiones. Yo quería hacer guiones y recuerdo que mi padre me decía que tenía unas ideas maravillosas, pero que debía hacer algo que me permitiera vivir. Comencé entonces a estudiar Literatura y luego, cuando me decidí por Historia, me enamoré de la disciplina. También tuvieron mucho que ver los profesores que tuve, son fundamentales en Secundaria para que uno tome la decisión.

¿Cómo se dio el acercamiento a los medios?

Cuando era más joven tuve la suerte de acercarme a Carlos Maggi, quien fue mi padrino intelectual. Me contacté con Ana Ribeiro para lisa y llanamente pedirle trabajo. Esta historia delata mi edad, ¡la llamé desde un teléfono público! Ana me dio el número de Carlos y enseguida comenzamos a trabajar juntos, empezó una relación que nos llevó a escribir dos libros. Todo esto me acercó a los medios, porque iba a presentar los libros. Uno de los primeros programas a los que fui fue Día Positivo, en VTV, y allí Alejandro Camino me invitó a hacer una columna en la radio. Forjamos una relación laboral y de amistad, trabajé con Ale durante muchos años. Cuando presenté Sangre y Barro, en 2010, fui a Sarandí, a Viva la tarde, y me quedé a hacer una columna. Fui trabajando en diferentes radios haciendo columnas de Historia y eso me llevó a Caras y Caretas, ahí aprendí a estar en una redacción. Empecé haciendo suplementos, columnas y luego trabajé en la redacción como cronista y para la web; ahora soy columnista. Hice periodismo pero con mucho respeto y todo esto me llevó a trabajar en el Ministerio de Defensa con (Eleuterio) Fernández Huidobro como Jefe de Prensa.

¿Cree que su presencia en los medios ayuda a acercar la Historia a los ciudadanos?

La Historia si no se vuelca hacia la gente no sirve. Si se quedara en el pedestal, no sirve, porque esos debates maravillosos tienen que estar al ras del suelo. Los medios de comunicación tienen un rol fundamental en el desarrollo del pensamiento crítico. Yo soy un gran crítico de la historia oficial. Creo que existen algunas historias oficiales que se han ido repitiendo como una Biblia en la historia del Uruguay y que hay que comenzar a romper. Eso no quiere decir ser antipatriotas sino de tratar de preguntarse las cosas. En la historia, detrás de las preguntas siempre hay más preguntas y lo que esta disciplina tiene que hacer es abrir interrogantes y no cerrarlas. Sino, escribiríamos un solo libro al que le sumaríamos capítulos a medida que avanzamos, y no es así.

¿Cómo describiría su experiencia como profesor?

He dado clases desde el 2001 en colegios privados, en liceos de contexto crítico, también en nocturnos, en educación Terciara. Este año tomé la Colonia Berro, que es un desafío para mí. Es muy distinto dar clases frente a un chico que tiene tres o cuatro muertes arriba que dar clase a chicos que cometieron un error. La Colonia es un lugar complejo, con chicos en situación de encierro y que tienen mucha carencia de afectos. Me ha pasado de estar dando clases y preguntarme ¿le interesa este tema que estoy dictando? Y en general notas que sí, que tienen el derecho a estudiar. Mi función pasa también por aportar algo más. Muchas veces los técnicos hablan de educación desde un lugar muy elevado y les falta un poco de barro, bajar un poquito y ver cómo es la clase hoy, no una clase ideal que estudiaron haciendo un posgrado en Educación.

En la calle, ¿lo reconocen o lo paran para hacerle preguntas de historia?

Los uruguayos tienen la particularidad de que te reconocen, te observan, pero no te hablan. A veces pasa que me encuentro personas que me paran y me felicitan. O me hacen preguntas o me critican. Con mi libro Cual retazo tuve muchísimas críticas y gente que me dice, hasta hora, que le gusta lo que hago pero que en ese libro le erré por meterme con la Jura de la bandera. La gente piensa que soy antiartiguista. Aunque no lo soy, trato de mantener una visión crítica, sobre todo del mito de Artigas, y cuando lo hacés la gente cree que estás en contra del prócer.

¿Quiénes son sus autores uruguayos predilectos?

Cuando uno es adolescente se enamora perdidamente de Eduardo Galeano y Mario Benedetti. Luego crece y los sigue queriendo, pero aparecen desafíos literarios más importantes, como los que presenta Juan Carlos Onetti, que ocupa el primer puesto de mis favoritos. Después le sigue Mario Levrero y de ahí en más hay un montón de autores uruguayos maravillosos, pero que no logran la maestría de esos dos. Tomás de Mattos, a quien tuve la suerte de conocer, es un ser entrañable y con muchos trabajos muy buenos. 

¿Cómo disfruta el tiempo libre?

Soy muy aficionado al fútbol, también toco la guitarra y el bajo. Empecé de chico con la guitarra como un juego y el bajo llegó a mi vida de casualidad. Cuando tenía 24 años formé una banda que se llamaba El Asilo y mi amigo y compadre tocaba mucho mejor que yo la guitarra, entonces pasé al bajo. Me compré uno y ahí descubrí un instrumento muy lindo. Comenzamos como una banda de punk y fuimos mutando hacia una banda de rock con un leve tinte de heavy metal, pero nunca logramos hacer lo que soñábamos.