Personajes
Entrevista a Germán Medina

"En la comedia encuentro mi mejor versión"

Nombre: Germán Medina • Edad: 34 • Ocupación: comediante • Señas particulares: Este año quiere hacer un Antel Arena, es adicto a la sal, se define como un gordo de alma.

04.02.2020 06:00

Lectura: 6'

2020-02-04T06:00:00
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Por Leonel García

Hace unos años hiciste un taller de comedia en un residencial de ancianos. ¿Cómo fue esa experiencia? Cuando me lo propusieron me pareció una locura, ¿qué podía aportar yo? Creía que no tenía las herramientas, conocimientos y pedagogía para hacerlo. Me pareció una locura, pero lo hice y me arrepentí de haber pensado que era una locura. Fue bellísimo, divino encontrarse con gente que necesitaba reírse. Pensé que iba a encontrar tristeza y fue un show. Más que un taller se transformó en una especie de terapia de la risa, sin que yo fuera terapeuta.

En tus rutinas apelás mucho a lo familiar y a los problemas cotidianos. ¿Sos de la idea de que comedia es tragedia más tiempo? Comedia es estar vivo, estar aquí y ahora con lo que te pasa. Uno hace comedia por lo que respira, por lo que le invade, por lo que le afecta. Y no hay nada que te moviliza más que la familia, tus hijos. Mi hijo, Mateo, tiene dos años y medio. La familia es una materia prima indispensable, ocupa mi vida, mi corazón y mi tiempo también. A los solteros también les pasa. Sin duda que el humor es tragedia más tiempo, es una frase hiperreal. Pero cuando menos tiempo pase entre una cosa y otra, mejor.

Eras gordo de chico. ¿Sufriste mucho? Era muy gordo y sigo sufriéndolo. El aspecto físico de hoy en día está divorciado con lo que siento. Soy gordo de alma y me quedaron un montón de cosas que tienen que ver con mi cuerpo, mi panza, con sacarme la remera. Yo empecé a hacer humor a los 22 años hablando de eso. A mí me afecta porque me tengo que cuidar con las comidas, pero también cuando veo que la gordura es un motivo de risa. Yo estoy de acuerdo con que hay que reírse de todo, pero hay cosas que me hacen ruido y esa es una. Cuando empecé a adelgazar empecé a vivir una adolescencia tardía. ¡Yo empecé a ser adolescente a los 22 años!

Trabajaste en IBM. ¿A qué te dedicabas? A juntar plata para irme de ahí. Internamente sabía que era un pasaje, que duró cinco años. Pero entendí que para dedicarme al arte de forma profesional, tenía que tener un respaldo. Yo me dedicaba al comercio exterior, era un trabajo rutinario que no me gustaba, no tenía que usar el intelecto.

¿Y en qué quedó tu sueño de ser percusionista de un grupo de cumbia? Ah, lo voy a cumplir. ¡Seguro! A mi hijo le gusta mucho la percusión y a mí me fascina. Como hobby lo tuve siempre, hice unas clases en el TUMP (Taller Uruguayo de Música Popular), pero he tenido mucha inconstancia en las cosas, salvo con la comedia. Lo voy a cumplir, soy muy amigo de Dennis Elías y del Fata. Soy como un botija chico, me gusta lo tropical, lo caribeño, la percusión, ¡me ponés una guitarra y la doy vuelta y la toco como percusión!

Estudiaste Magisterio, Agronomía, Comunicación, hiciste un montón de cosas, ¿por qué la comedia sí y lo otro no? En la comedia encuentro mi mejor versión. También es un escudo para las cosas que te hacen mal y te afectan. La comedia me sostiene. ¿Por qué lo hago? Porque al final del camino todos queremos que nos quieran.

¿Y hay buena onda entre los comediantes? Twitter no tengo, así que no me entero de qué pasa en las redes. Sé que, como en cualquier rubro, hay gente que une y gente que necesita la aprobación de sus colegas. Yo he dado clases y cursos y siempre intento decir que hay que hacer comedia para el público, no para hacer reír más que el otro. Eso sí se ve mucho: recibir el halago de tus colegas está bueno, pero no podés depender de eso. Eso es muy duro, porque nos estamos olvidando del real objetivo, que es el público. Ahora, vos tenés derecho a decir lo que quieras, pero no a joder al otro. ¡Trabajá para vos, no contra alguien! Yo tengo la suerte de trabajar con amigos, con gente que quiero y que la comedia nos complementa, pero ya había algo antes que nos unía.

¿Y lo mismo pasó con tu pareja? A Lucía (González) la conocí en el Undermovie cuando estaba haciendo su muestra. Me gusta mucho ver a los comediantes cuando se suben por primera vez, eso es superinteresante. Y ahí la descubrí, me encantó lo que hizo. Y el amor tiene que ver con un poco de admiración hacia el otro.

Has recorrido mucho el interior. ¿Qué tan distinto es el público con Montevideo? En dos años recorrí el interior tres o cuatro veces. En Montevideo no te tratan mal, pero en el interior te tratan mejor, te esperan, te invitan a comer a su casa. Como acá estamos más desperdigados, en una gran vorágine, no hay una sensación de vínculo con el artista.

¿Qué personaje te dio más satisfacciones? El Terraja no solo me da satisfacciones con el público sino que me representa. Obviamente que uno potencia, exagera y tamiza por el humor las cosas, pero se parte de una realidad absoluta. El terraja no es el que no tiene dinero, yo no me río del que no tiene plata, sino que es una forma de ser ante la vida. Mi intención es reírme de como soy, un terraja. Está bueno desmitificar y reírse de uno mismo.

En 2019 llenaste el Teatro de Verano. ¿Cómo fue la previa? Llegué muy temprano, soy muy obsesivo, soy bastante loquito. A las 21 empezaba el show, yo salía 22.30 y llegué a las 16, cuando era ponerme un saco y una camisa. A las cinco y pico ya había cola de gente. ¡Qué locura, les agradezco! ¿Tres horas de cola para verme a mí? Salí a agradecerles y me hice videos con la gente. La emoción me invadió. Hacer un espectáculo propio en el Teatro de Verano, para mí que soy carnavalero de alma, fue muy emocionante.