Cultura
Entrevista a Margaret Whyte

“El mundo actual me apasiona porque es cruel, angustiante y maravilloso”

Este año el Premio Nacional de Artes Visuales lleva el nombre de Margaret Whyte, una artista que a los 86 años se mantiene activa e inquieta, creando en todos los formatos

29.10.2020

Lectura: 15'

2020-10-29T07:00:00
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Por Alejandra Pintos

Margaret Whyte es una mujer pequeña, de apariencia delicada y sonrisa amable. Recibe a Galería en su taller, una habitación atiborrada de telas, pinceles, pinturas y pegamentos dentro de una casa que pertenece al artista Federico Arnaud. Para la ocasión compró trufas y refrescos, y liberó parcialmente su mesa de trabajo.
Estos gestos atentos, casi maternales, contrastan con su obra, que, como ella misma dice, no es precisamente bella. "Siempre fue controvertida, no es una obra linda, siempre fue rara, es lo que me sale, lo que soy", dice con vehemencia. Es que Whyte -de raíces escocesas- no le teme a la oscuridad. Ni a la figurativa ni a la literal; de hecho, Arnaud comenta al pasar que ella suele trabajar casi en la penumbra.

Como artista ha investigado diversos soportes, desde los más tradicionales como el dibujo y la pintura (muy influida por el Círculo de Bellas Artes, donde estudió de joven), hasta la escultura blanda, las instalaciones y las intervenciones. Pero más allá de la forma que ha tomado su obra, de cómo ha ido mutando, lo esencial para ella es el proceso, la búsqueda interior y la sublimación de alguna de la decena de ideas que rondan en su cabeza, o de lo que siente "en las tripas", como dice. En ese sentido hay un paralelismo con Lacy Duarte, a quien considera una referente: ambas tienen una obra muy visceral, muy personal, a través de la que exploran -y cuestionan- lo doméstico, lo femenino.

En los 90, y tras la muerte de Hugo Longa, uno de sus maestros, creó junto con Fernando López Lage (con quien conserva una gran amistad) y otros artistas la Fundación de Arte Contemporáneo (FAC), un colectivo de artistas, gestores, coleccionistas, pensadores e interesados cuyo objetivo es producir, investigar y difundir arte y pensamiento contemporáneo. "Yo ya había ido al círculo de Bellas Artes, pero siempre hay que cambiar porque no te sirve seguir en un lugar, tenés que salir solo adelante, no te sirve quedarte siempre con gente que te diga lo que hay que hacer. Creamos el FAC para progresar, para ponernos en un lugar actual, contemporáneo, que abarcara más cosas".

A principios de los 2000 se sumergió en el arte textil, casi de forma circunstancial cuando la pintura comenzó a irritarle las vías respiratorias. También se encontraba atravesando un duelo, la pérdida de su hija. En 2003 expuso en la colección Engelman-Ost Cuerpos atávicos, su primera muestra de arte textil. Pronto estas obras pasarían a ser las más icónicas de la artista, convirtiéndose en una referente en el arte uruguayo. En ese sentido ha recibido numerosos premios y distinciones, entre ellos el Premio Figari del Ministerio de Educación y Cultura y el Banco Central del Uruguay en el año 2014. Además, participó en más de 40 exposiciones individuales y colectivas en el país y en una decena en el exterior.

Con 86 años Whyte sigue trabajando con el mismo entusiasmo que en su juventud, aunque enfrentándose al desafío físico de crear volúmenes de gran tamaño en soledad. Cuando no está con sus hijos, nietos y bisnietos, la artista se toma un ómnibus desde la Ciudad Vieja, incluso en plena pandemia, y viaja a su taller, su espacio, su refugio, a pocas cuadras del Espacio de Arte Contemporáneo (EAC). Actualmente está trabajando con cascos de motocicleta, que para ella representan "la protección del cerebro, de la inteligencia". También le interesa el concepto de "la herida" y le preocupa la cantidad de accidentes de tránsito que hay en nuestro país.

Aún no tiene claro qué forma tomará la obra, pero cree que la presentará cuando se exhiban las piezas seleccionadas para el 59º Premio Nacional de Artes Visuales que lleva su nombre, Margaret Whyte. "Para mí es un honor impresionante. Son tres mujeres las que han recibido este honor: María Freire, Linda Kohen y en tercer lugar yo, los demás fueron todos hombres. Es una cosa fantástica que estén reconociendo a las mujeres. Recibir premios también es una sorpresa, hay tantos artistas que son merecedores. Estoy supercontenta", dice con una sonrisa.

Ha explorado diferentes soportes a lo largo de su carrera. ¿Se considera inquieta?

Soy superinquieta, no paro. Mi cabeza está siempre llena de proyectos, siempre estoy mirando para adelante. Empecé como todos, con la parte más académica, con Clarel Neme, un gran artista, en el Círculo de Bellas Artes, que era muy exigente, requería disciplina. Si tú te salías una rayita, era espantoso. Luego vino Amalia Nieto, que me dio libertad absoluta. Seguí con la parte plástica por muchos años hasta que se me irritó con la pintura toda la parte respiratoria y tuve que parar, me venían infecciones. Entonces empecé a ver qué podía hacer, porque no me podía quedar sin hacer nada y fui por las telas. Como tenía ya un conocimiento de las proporciones, de color, todo eso, me fue facilísimo.

¿Hay que tener la base teórica sólida para después poder deconstruirla?

Para mí los jóvenes hoy en día tienen otra impronta y otra técnica, proyectan la obra, no dibujan. Está muy bien, pero yo empecé con el desnudo, todo ese tipo de cosas perfeccionistas. Es la manera de que vos después puedas deformar las cosas: si no tenés conocimiento del cuerpo humano, la deformación te sale mal. Cuando empecé con las telas yo nunca había cosido en mi vida, de chica mi abuela me quería enseñar a coser y yo me iba. Así que mi obra de tela es con pintarrajos grandes.

¿Es metódica para trabajar?

Sí. Lo que pasa es que aparte de ser artista tengo mi casa, mis nietos, toda la parte familiar. La mujer siempre tiene más tareas. El mundo actual me apasiona porque es cruel, es angustiante pero es maravilloso, estoy contenta de estar viviendo ahora y no en otro momento.

El arte contemporáneo tiene mucho de filosofía, de leer la realidad. ¿Tiene autores que la estén inspirando?

Yo voy a clases con Fernando (López Lage) porque me pone en el futuro. Con mi edad, soy de una generación más antigua y me sirven muchísimo todas las clases que da él porque me ponen al día. Pero yo no uso nada de eso. Soy matérica, orgánica, meto mano, me gusta otro tipo de cosa. Igual me apasiona lo que hacen los jóvenes. Es increíble adonde va el mundo, es inaudito, impensable. Muchas cosas las considero, las absorbo, las analizo y las desecho. Es un continuo pasar de gente que tiene ideas nuevas. Es imprescindible para mí ir a sus clases, hace 30 años trabajo con él, es como si fuera mi hijo. Sentí mucho mudarme de su taller después de estar tantos años con él, es difícil.

Estudió arte clásico. ¿Cómo fue adentrarse en lo que es el arte contemporáneo?

Yo siempre fui mucho más adelantada en ese sentido de lo que estaban mis contemporáneos, por ejemplo, en el Círculo de Bellas Artes. Yo hacía cosas que de repente me miraban como diciendo: "¿Qué es esto?". Nunca seguí un esquema. Cuando empecé con las telas me ofrecieron libros de Annette Messager o Sophie Calle, pero yo no quería nada, no quiero que me influencie nadie, me gusta trabajar sola y romperme el alma para hacer algo propio. Por más que creas que no, si tú ves algo lo absorbés.

No se quería contaminar.

No. Aparte no sabía nada sobre arte textil, nunca había tocado ese tema, no tenía ningún conocimiento. Siempre había sido la parte plástica lo que me gustaba. Los procesos para mí siempre son terribles. A veces son divertidos... no divertidos, pero te dan satisfacciones y a veces no. Yo tengo la idea inicial y luego invento todo, entonces es más difícil porque no tengo un apoyo.

Su obra es muy personal, hay mucho de usted en ella. ¿Le resulta catártico crear?

Sí, es muy catártico. La primera exposición de telas que hice en lo de Engelman-Ost fue después de que había fallecido mi hija. Me hizo bien. Y me salió bien, al tener conocimiento del color, de los espacios, del ritmo... fluyó solo.

¿Cómo se aproxima a las telas?

Mis amigos me dan telas, encuentro objetos en la calle y los integro a la obra. En general son todas cosas usadas. El desafío es que esa cosa usada, fea, desechada, se transforme en una obra de arte. Acá no tengo mucho sitio, pero para empezar extiendo las cosas en el suelo. Tengo la idea inicial, me hago un dibujito, y después no hago nada de eso (risas). Eso es como un bastón, me sirve para empezar.

¿El arte tiene que ser bello?

No, porque no todo es bello. Muchas cosas de las que hice no son bellas, pero considero que son obras buenas, que sirven. Ahora voy a hacer una escultura blanda, que no sé si la voy a presentar ahora en el Espacio de Arte Contemporáneo, que es con un maniquí que va a estar atado... todo me da mucho trabajo, trabajo físico también. Tampoco puedo pedir ayuda ni tener un asistente porque primero, no me gusta estar con nadie, y segundo, como me equivoco yo no puedo mandarle a hacer algo y después decirle que no. Además sale muy caro, no lo podría pagar. Me gusta trabajar sola, a mano.

Borde. Telas, objetos encontrados y pintura. Exhibición preparada para el Premio Figari. 2014.

¿Es cansador?

Sí, es cansador y después tengo que ordenar todo de vuelta. En lo de Fernando, que éramos tres en la pieza, tenía que ordenar porque es lógico que las otras personas tengan su lugar limpio. En cambio acá corro la mesa y Arnaud me da libertad para salir afuera de mi pieza. Aún no lo he hecho porque me instalé hace poquito, todavía tengo en casa algunas cosas que no sé dónde las voy a poner. También tengo la obra grande en el CCE, ¡y la tengo que traer! Esa es una obra de muchos años. Esa instalación la hicimos con piezas que no son todas de ahora, sino que la vengo realizando hace mucho tiempo.

La escultura blanda tiene esa cualidad, siempre se puede construir sobre ella.

Claro. Mi esposo ahora falleció, pero siempre me hizo todas las estructuras de las esculturas y yo le decía que hiciera lo que quisiera. El desafío era que esa estructura yo la adaptara y que sirviera para que fuera arte, porque de repente era una porquería. Siempre hice todo de sorpresa, es lo que me gusta, me va saliendo. Es difícil. Es tan fantástico ser artista, porque tenés otra mirada, distinta. Cuando tú venís al taller sos otra persona, tenés varias facetas. Es como que te ponés en una burbuja, es fascinante.

¿Siempre quiso ser artista?

Siempre, siempre. Al principio daba clases de inglés, cuando era mucho más joven. Pero después, cuando fui madre, con los chiquilines y el arte tenía que elegir. Era la elección más difícil porque muchas veces no se puede vivir del arte.

¿Lo ha logrado?

He vendido muchas cosas pero no es constante, de repente vendés algo y pensás: "Ay qué bueno" y después pasás meses sin vender nada. Por suerte, con los premios y las ventas a coleccionistas he tenido ingresos. A la gente "normal", vamos a decirle, le resulta difícil poner mi obra. Es grande y no es bella, armónica.

Es una obra desafiante.

Claro, todos quieren estar más tranquilos. Pero a mí lo que me llama la atención no es muy lindo. La obra que hice para la Bienal de Montevideo se llamaba Hidra, que es un monstruo de siete cabezas y yo lo que pensaba en relación con esa obra era la violencia, la agresión, la muerte, el amor, el sexo. Para hacerla usé cien piezas.

Tiene la pulsión de vida y la de muerte.

También por la edad, soy muy optimista pero soy consciente de que tengo que aprovechar el tiempo que me queda porque tengo 84 años. Es difícil dejar las cosas para adelante, no, tengo que trabajar a full para poder seguir con los proyectos. Nunca digo: "Bueno, ya basta". Cuando estoy en casa estoy carburando, sobre todo una noche de insomnio. Una cosa que tengo que cambiar es empezar a apuntar, porque si no; me olvido.

Desde que empezó a ser artista, ¿dejó en algún momento o siempre estuvo produciendo obra?

Cuando eran chicos los nenes tenía que optar. Por más que tu esposo o compañero te ayude, la tarea de la mujer es distinta. Y no es que sea tan feminista, pero es la realidad. Una vez hice una exposición que se llamó Las cosas mismas y en un lugar había una palangana, una tina. Y era porque la mujer por más que sea ingeniera, médica, fantástica, tiene que volver a su casa donde la espera la tina, los hijos, la labor que tiene que hacer.

En la época de la dictadura hice muchos dibujos con tinta china y mis hijos veían. Fue una etapa en la que no pinté casi, porque estaba más bien recluida. Una obra se llamaba Ventana simulada, porque no podía salir. Me hacía bien, siendo artista te desahogás de muchas formas y las cosas tristes las podés procesar mejor, sortear obstáculos y seguir adelante. Lo que más me gusta es tener proyectos y seguir. Ahora tengo tres o cuatro en la cabeza. Pero me cuesta porque la idea la tengo que procesar, metaforizar y plasmar. La búsqueda de los temas es infernal porque hay tantas cosas interesantes sobre las que uno podría trabajar como artista. Esa elección es difícil.

¿Cómo recuerda esos años combinando la maternidad con la labor como artista?

Igual hacía cosas, tenía un taller en mi jardín, me lo había hecho mi esposo en el fondo, entonces en cualquier momento me podía ir para ahí. Mis hijos podían entrar, siempre les dejé estar conmigo, pero a ninguno le dio por el arte. Es difícil, yo quisiera estar más en el taller pero también me importa la parte familiar. Lo que uno pueda estar con los nietos o con los bisnietos después va a ser un lindo recuerdo.

¿Con el paso de los años, le ha ido resultando más fácil plasmar lo que tiene en la mente?

Siempre es un desafío porque los temas son siempre distintos. Hay gente a la que admiro muchísimo y me parece fantástico lo que hace, pero que tiene una técnica, sabe hacer eso, y la aplica siempre. Tiene una sabiduría sobre el tema. Para mí es distinto porque cada cosa que hago tengo que empezar de cero. Por eso me equivoco. Es algo que sale de la cabeza, de las tripas.

¿Qué inquietudes tiene en este momento? ¿Sobre qué está reflexionando?

Yo soy un producto de mi entorno, siempre tengo en la cabeza una cantidad de ideas que tienen que ver con lo que pasa en el mundo. De todas esas ideas elijo una para poder trabajar. Plasmar la idea es difícil, muy difícil, y el proceso también es largo, porque me equivoco. Yo tengo una idea inicial y luego esa idea se va modificando a medida que voy haciendo el proceso. La idea primera ya no me sirve, ya la dejé y seguí con otras cosas.

Margaret Whyte según Enrique Aguerre, director del Museo Nacional de Artes Visuales

El MNAV y la Dirección Nacional de Cultura eligieron rendirle homenaje a Margaret Whyte otorgando su nombre al 59º Premio Nacional de Artes Visuales. ¿Por qué?

Creo que Margaret es una de las grandes artistas de nuestro país, tiene un trabajo bien complejo que pasa por lo textil, por los objetos y tapices, ha pasado por varios soportes. A mí hay dos cosas que me atraen mucho de su obra, primero cómo ella va componiendo con pedazos, con restos y fragmentos un organismo mayor, esas esculturas blandas que en algún momento toman vida y van invadiendo el espacio. Y luego, es que pese a ser atractiva, es muy inquietante.

Eso contrasta con su personalidad.

En lo personal Margaret es tranquila, amable, siempre está con una sonrisa; pero su obra es inquietante, si tuviera que ponerle un adjetivo. Me parece bien interesante cómo desafía ese lugar común desde el cual se cree que tendría que estar elaborada la obra de una mujer. Su obra es muy inteligente, hay citas a otros artistas y a otras corrientes. La palabra exacta tal vez es pretenciosa pero la voy a decir, es "detritus", son "sobras" a través de las cuales logra obras con una importancia y una jerarquía que siempre me impactó. Lleva tiempo ver una obra de Maggie, es imposible entrar a su lógica de un vistazo, sobre todo en las esculturas blandas.

En lo personal, ¿qué le genera el reconocimiento que ha recibido en los últimos años Margaret Whyte?

Me da mucha alegría que se la reconozca. Además sigue trabajando, así que nos depara muchas sorpresas, por suerte no estamos frente a su última obra. Ella está muy entusiasmada. Me gustaría resaltar que el reconocimiento no es solo del Ministerio de Educación y Cultura o de la Dirección Nacional de Cultura, sino también de sus colegas. Es muy querida y muy respetada por sus colegas. Hay varias legitimaciones al trabajo de un artista: está la crítica, están los premios, pero la legitimación de los colegas es la que nos gusta más.