Personajes
Entrevista a Carmen Posadas

"Después de esta pandemia bajará el número de pavadas"

Nombre: Carmen Posadas • Edad: 66 • Ocupación: Escritora • Señas particulares: Considera su timidez una enfermedad crónica, sufre del síndrome de Rebeca, se declara yonki del chocolate.

07.04.2020 07:00

Lectura: 5'

2020-04-07T07:00:00
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Por Patricia Mántaras

¿Cómo la lleva la cuarentena en España?

Es muy dura. Sin poder pisar la calle, ver el sol... La policía lo para a uno y lo multa si lo ve fuera de casa. Pero yo (al mal tiempo buena cara) me lo he tomado como un encierro en un monasterio medieval. Leo mucho, escribo más, oigo música y además paseo. Igual que un monje con su breviario por el claustro, yo paseo por el corredor de mi casa escuchando un audiolibro de Guerra y paz.

¿Cuándo se volvió políticamente incorrecta y le dejó de importar lo que pensaran los demás

Cuando me di cuenta (hablo del mundo precoronavirus, a partir de ahora probablemente cambien las cosas) de que el mundo se había vuelto medio tonto. Se defendían cosas estúpidas con argumentos estúpidos en los que nadie creía, pero que nadie se atrevía a cuestionar porque la censura de lo políticamente correcto deja en pañales hasta a Torquemada. Por suerte, y como digo, después de esta pandemia bajará el número de pavadas. Ocurre siempre que hay una gran crisis o desgracia.

¿Encuentra más inspiración en situaciones de crisis o cuando está en armonía?

Las crisis son muy fértiles en lo que a talento se refiere. Lo estamos viendo ya en los memes, por ejemplo, algunos son espléndidos. Después de esto se escribirán grandes libros, se compondrá gran música, se pintarán magníficos cuadros.


¿Cómo es el lugar de su casa en el que escribe?

Es un cuarto pequeño e interior. Esto es deliberado. Si lo que veo por la ventana es un paisaje maravilloso, o un día radiante, o veo a alguien que me produce curiosidad o admiración, no escribo. Soy muy fácil de tentar.

¿Qué aromas la remontan a su infancia?

Todos los que me recuerdan a Uruguay. Y más concretamente al Prado o a Punta del Este. Cuando vuelvo a Uruguay vivo en una permanente "magdalena de Proust".

¿Es verdad que de niña era muy tímida y tartamudeaba?

Sí, ahora ya no tartamudeo cuando me hablan, pero la timidez sigue ahí. Yo la considero una enfermedad crónica. Nunca se cura, pero se aprenden trucos para que no se note tanto. Y funcionan.

¿Cuál es su personaje favorito de la literatura?

Siempre me han gustado los personajes malvados. No para tenerlos de amigos, obviamente, pero en un libro o en una película dan mucho juego. En general, me gusta más el lobo que Caperucita.

Una de las preguntas que hacía a los entrevistados en su libro (Es)cena improbable era a qué personaje de la historia invitarían a cenar. ¿A quién invitaría usted?

Dos muy antagónicos. Por un lado, Santa Teresa de Jesús, me encanta su fuerza, su talento literario, también su enorme sentido del humor. Y por otro César Borgia. Uno de los malos de los que hablaba. Me encantaría cenar con los dos.

Ha dicho que el piropo es un arte, y que en España se ha perdido la costumbre de piropear. ¿Cuál es el mejor que ha recibido en su vida?

"Cuando te oigo hablar se me olvida lo guapa que eres". Me lo dijeron cuando era muy joven y me encantó. Curiosamente, ahora que ya no soy tan joven prefiero que me digan que soy guapa antes que inteligente.

¿Cuál es el síndrome de Rebeca del que habla su novela que lleva este título?

Así como existe el complejo de Edipo, de Electra, que influyen a la hora de enamorarse, también existe el fantasma de un amor anterior. Y nos condiciona a la hora de volvernos a enamorar. A veces se busca la réplica de lo que se perdió. Otras en cambio decimos: "Denme exactamente lo opuesto de fulano o de mengana, ¡aquello fue un desastre!".

Ha dicho que El amor en los tiempos del cólera es una de sus novelas favoritas, ¿Sintió o podría haber sentido un amor así?

Para mi desgracia no soy muy enamoradiza. Me encantaría, pero tal vez (síndrome de Rebeca) al haber tenido un matrimonio muy feliz y quedar viuda me resulta difícil encontrar otro igual.
¿Se volvería a casar? Never say never.

En una columna publicada en galería sostiene y argumenta que los malos existen. ¿Es intuitiva para descifrar la naturaleza de una persona a simple vista, antes de que la ponga de manifiesto?

Yo creo que todos tenemos una intuición especial para detectar malos. El problema es que no hacemos caso de esa intuición. Usamos para su detección por un lado la cabeza y por otro lado el corazón. Y los dos se equivocan muchísimo. El único que no se equivoca es el estómago. Cuando uno siente algo ahí dentro que le dice "esto no marcha" debería ponerse en guardia. Es un instinto muy primitivo, pero la ciencia ahora corrobora su existencia (y su eficacia).

Después de tanto tiempo viviendo en España, ¿qué la sorprende más (para bien o para mal) cuando vuelve a Montevideo?

Para bien siempre la gente, no hay otra igual. Para mal..., bueno, la memoria es muy tramposa y embellece demasiado los recuerdos. La realidad jamás puede competir con el fantasma del ayer.

¿Sigue recurriendo al chocolate en busca de un momento de felicidad?

Soy yonki total.

¿Qué otros antídotos tiene contra la tristeza?

No le paro mucha bola a la tristeza. Porque me conozco. Tengo un coté dama de las camelias terrible.

Dígame un placer culposo. Me chiflan los telefilms de asesinatos, podría pasarme horas.