Cultura
Fernando Amado y su nuevo libro

“Al gay pobre la agenda de derechos no le llegó”

Luego de los masones, el Opus Dei, los militares, los judíos y los millonarios en Uruguay, el diputado y escritor apunta al colectivo LGBT en su nueva investigación, La máscara de la diversidad

05.01.2020 23:59

Lectura: 14'

2020-01-05T23:59:00
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Por Leonel García

Honestidad brutal, la del escritor. El diputado Fernando Amado (37), líder de Unión de Izquierda Republicana (UNIR), sector que respaldó la candidatura del frenteamplista Daniel Martínez en las últimas elecciones, reconoce que su último libro, La máscara de la diversidad, nunca hubiera salido a la venta antes de las elecciones del domingo 27 de octubre, día de la primera vuelta, aun si hubiera estado pronto. Varios referentes de la colectividad gay, como el director del Ministerio de Desarrollo Social Federico Graña y la exdiputada Valeria Rubino, vinculados a la izquierda, reconocieron que se emplearon tácticas dudosamente éticas para que se aprobara el matrimonio igualitario en el Parlamento en 2013.

"La idea inicial era salir (con el libro) el 15 de noviembre y no llegábamos ni a palos. Salió finalmente el 3 de diciembre. Pero por supuesto que si lo hubiera tenido terminado no se hubiera publicado antes de (las elecciones de) octubre. El libro tenía cantidad de información que podría haber sido utilizada tanto a favor o en contra en un debate parlamentario como en una campaña electoral. Esto de las tácticas en la votación (el 27 de noviembre Búsqueda adelantó ese capítulo del libro) lo supe recién en agosto, no es que lo supiera hace un año. Pero, con total honestidad, apelando a la razón del artillero, no correspondía mezclar mi carrera de escritor con la de político, porque estaba traicionando a las dos", contó a galería el también politólogo, que el 15 de febrero dejará su banca de diputado, tras dos períodos en el que fue electo por el Partido Colorado.

Honestidad brutal, la de los entrevistados, en un amplio trabajo sobre la colectividad LGBT, que va desde el turismo gay al "poder rosa", pasando por las salidas del clóset, las "cortes" y la pelea por un marco jurídico, la hipocresía disfrazada bajo el rótulo friendly y los silencios. Amado destaca eso, presente tanto en los testimonios personales de Patricia Wolf, Sergio Puglia, Carlos Perciavalle, Gianina Iglesias o Ramiro Sendic -quien en el libro asume por primera vez su homosexualidad-, y en las tácticas militantes empleadas, como en los debes de la lucha del colectivo. Por caso, subraya, "al gay pobre la agenda de derechos no le llegó".

La máscara de la diversidad. De la clandestinidad a la sobreexposición (Sudamericana, $ 590) es el noveno libro de Amado, cuyos trabajos han abarcado temas tan distintos y a la vez tan parecidos (y comercialmente gancheros) como la masonería, el Opus Dei, los judíos, los militares o los millonarios en Uruguay, así como el fallecido dirigente colorado, Óscar Magurno.

-Hace rato que te gusta eso de escribir sobre temas espinosos, polémicos, casi que de ghettos.

-A mí me gusta tirar el gato arriba de la mesa, fundamental en un país al que le cuesta discutir, donde prima lo gris, el no hacer olas... ¡Me enferma el "no hagan olas"! A mí me rebela cuando plantean que por mis libros tengo un perfil tirabombas o algo por el estilo. Lo más normal del mundo, desde mi punto de vista, es discutir los temas, plantearlos y no asumir como verdad revelada nada. Una de ellas es que somos el país del arco iris, gay friendly.

-¿Y es así? ¿Somos o no gay friendly?

-Nooo. Somos un país muy hipócrita en ese sentido, el doble discurso, la doble moral o la doble vara convive con nosotros todo el tiempo, dependiendo si el caso en cuestión es conocido o no .

-O si tiene plata o no. Vos lo indicás en el libro.

-Exacto. No es lo mismo ser un excéntrico en Carrasco o un puto en un asentamiento en el Marconi. Este país tiene virtudes, pero es necesario romper esa hipocresía. ¿Cuál es el drama de enfrentar las cosas aunque sean feas?

-¿Y dónde notás más esa hipocresía? ¿En el ámbito político?

-Hay hipocresía en el ámbito político... pero es difícil encontrar un ámbito medalla de oro de la hipocresía. Yo estoy convencido de que nos atraviesa a todos en la sociedad. Todos tenemos un costado hipócrita. Mirarse al espejo, asumirse con virtudes y defectos, con tus errores y horrores, requiere mucho aplomo y coraje. Eso también nos falta y por eso triunfa el "no hagan olas". Cuando empecé a hacer política, mi peluquero expresaba que todos los políticos eran acomodados; terminaba de cortarme el pelo y me decía: "Si llegás, no te olvidés de mí". Eso es el Uruguay. Y muchos creen que esa forma de actuar tiene que estar en un pedestal.

-Ese cuestionamiento a la "gauchada" está presente en el otro libro tuyo, el de Magurno (Óscar Magurno, el padrino, 2010)

-Pero era un cuestionamiento a una forma de ser, no a Óscar.

-Pero sí lo era...

-Pero no a Óscar. Era a una forma de hacer cosas, no solo la política, sino los negocios, el sindicalismo, el lobby en el periodismo, era una forma de hacer cosas. Cosas que acá no solo están toleradas, sino que no pocos reconocen como algo positivo.

-Volviendo a este libro, ¿vos no pensás que en Uruguay la discriminación no pasa tanto por homosexual (o negro, o discapacitado) sino por ser pobre?

-Mirá... hay un libro que yo utilicé mucho en esta investigación, De los baños a la calle, de Diego Sempol (2013). Ahí se habla de eso que yo trato en el capítulo Jerarquías (N. de R. el libro habla del "patriarcado" en la comunidad LGBT, donde los gais son más privilegiados que las lesbianas y ni que hablar que los trans, además del factor socioeconómico). Evidentemente, ser gay de clase alta en Uruguay es una cosa, serlo de clase media es otra y..., en realidad, en Uruguay la agenda de derechos al gay pobre no le llegó nunca.

-Hablamos del hoy.

-Hablamos del hoy. Socialmente, sigue siendo el puto del barrio y sigue siendo muchas veces, lamentablemente, usado como la puta del barrio. Es como el tema de las trans y los trans. Cuando empiezan a impulsar el tema del matrimonio igualitario, la colectividad no encontró eco en el mundo trans. ¿Por qué? Porque les dijeron: "Flaco, queremos comer, queremos vivir más años, queremos salud, ¿y vos me proponés un contrato?". Más allá de lo simbólico, un matrimonio es un contrato y un contrato que incluye bienes. ¡Y con los trans hablamos de gente que no tiene bienes, que sale todos los días a changar para poder vivir! Hubo mucha parte de la población trans que no activó por el matrimonio igualitario porque había cosas mucho más urgentes.

-En el libro hablás de las divisiones, las jerarquías, la transfobia en el colectivo. Quienes llevaron la bandera en las reivindicaciones fueron un universitario varón de raza blanca, Federico Graña; Valeria Rubino, a quien Graña define como una lesbiana rubia de ojos celestes y gran capacidad retórica, y Michelle Suárez, que, sacando lo que ocurrió después (fue procesada por falsificación y estafa, además de tener que dejar su banca como senadora en 2018), fue la primera abogada trans que tuvo el país. Dentro del colectivo, eran una elite.

-Si hay algo positivo del colectivo, es que ellos te reconocen lo que pasa. Con una brutal honestidad -que valoro- contaron con lujo de detalles cómo fue el plan fríamente calculado para que se aprobara la ley de matrimonio igualitario, en un capítulo (Un plan fríamente calculado) que los puede dejar mal parados. Que ellos cuenten la verdad los hace más libres. Eso no quiere decir que yo justifique nada. Respecto a la pregunta, ellos saben -y también lo dicen- que el gran debe del colectivo es llegar a los sectores más humildes y no obtener solo un beneficio burgués, para un determinado grupo de gente, que se mueve en determinadas zonas de Montevideo y tiene determinada formación. Ellos son autocríticos y saben que el próximo paso es acortar la brecha.

-¿Y te llegaron repercusiones de ese capítulo? Hay acciones que son maquiavélicas. Dos gais activistas fueron a las barras a "mirar fijo" a un diputado "tapado" cuando se debatía el tema en la Cámara. A otro legislador, un activista le recordó que le había ofrecido sexo por dinero. Son acciones éticamente bastante reprochables, no sé si llamarlo extorsión pero no se trata de carmelitas descalzas.

-Eso seguro. Y lo asumen. Valeria (Rubino) dice: "Cocinando somos buenos". Todos venían de distintos ámbitos de militancia, sindical, estudiantil. Todo se hizo, como se dice en Derecho, "con conciencia y voluntad". Respecto al tema ético, en el libro notoriamente estoy ayudando a demostrar que hubo límites que evidentemente se traspasaron. Ellos sin embargo concluyen, lo dice Rubino, que nunca traspasaron el límite sagrado para la colectividad gay, que es sacar a alguien a la fuerza del clóset. Lo que sí, pusieron el cuerpo en la batalla y usaron todos los cartuchos, como ir a los despachos, preguntarles a los conocidos "cómo entrarle más" a un legislador de opinión adversa, apelar a que uno tenía una hija lesbiana...

-También hablás de la diferencia según el ambiente. No es lo mismo ser homosexual en el mundo del fútbol que en el ámbito artístico. Y tampoco parece serlo en el Palacio Legislativo que en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

-Así como se decía que (Julio María) Sanguinetti era masón, cosa que es falsa, desde hace muchos años se decía que el Ministerio de Relaciones Exteriores estaba lleno de homosexuales. Esteban Valenti (publicista, periodista y operador político, otrora vinculado al Partido Comunista y luego a Asamblea Uruguay) decía que la Cancillería era la sede del "poder rosa". Eso lo reconstruí con el testimonio de una gran cantidad de embajadores retirados, hoy setentones y más, algunos gais y otros no, que me ayudaron a reconstruir esa historia. Esto comenzó en la década de 1930, cuando si había algún hijo gay en alguna familia de raigambre política o vinculación política lo metían a hacer carrera diplomática para que se fuera a otro lado y no dañara el prestigio familiar.

-Nuevamente, un "privilegio" que se podían dar las clases altas.

-Un exembajador, retirado, muy prestigioso, gay, me dice: "Cuando entré, Cancillería era un nido de gais". Y no se trataba de idóneos en la materia, porque habían entrado por esa otra causa. Y como justamente habían entrado por esa causa, no les interesaba el servicio diplomático, no eran de carrera. Para mí fue muy valioso ese aporte, lo siento como un logro personal el poder reconstruir esa historia. Y también por qué se dice que después de la dictadura -los militares tuvieron a los gais en la mira- volvió el "poder rosa", que fue por el nombramiento a gente afín a esos núcleos. Por eso también fue importante hablar con Enrique Iglesias, quien fue el canciller en el retorno a la democracia.

-Ahora, ¿vos no jugaste en el límite? En el capítulo Los tapados reconstruís un diálogo con un colega diputado "tapado", recordás un episodio que tomó notoriedad en Punta del Este en el verano de 2014 cuando un legislador le ofreció a un policía sexo por dinero, en otras notas hablaste de colegas "tapados"... Uruguay es muy chico, eso de decir sin decir no corre.

-Yo en la investigación hice todos los esfuerzos para hablar con las personas que me resultaban fundamentales para justamente ponerme en su pellejo. Estos trabajos siempre traen cola. Vos me hacés una entrevista, yo hablo sin que vos me obligues a nada, luego publicás y yo no me la puedo agarrar con vos. Eso también pasa con los libros: son todos guapos a la hora de declarar, se sueltan y hablan. Luego ven negro sobre blanco lo publicado y empiezan a llamarte.

-¿Eso te pasó ahora?

-Hubo, sí... Ojo, yo solo una vez tuve por mis libros llamados en tono amenazante y mafioso, por el de Magurno. Luego no, tuve algún llamado del tipo "¿esa frase la dije?". O que salga el adelanto en Búsqueda y, como el libro todavía no estaba impreso, la ansiedad de algunos involucrados hizo que quisieran saber un poco más. Ni bien tuve un ejemplar se lo mandé. Pero enemistades con legisladores no quedaron, yo estuve en el Parlamento con el proyecto de financiamiento de los partidos políticos, conversando con varios con los que hablé para el libro, y no hubo ningún problema. Yo hablé con varios varios legisladores gay tapados que me ayudaron a entender por qué no salían del clóset. Hubo uno que no quiso ser entrevistado y realmente lo lamento, porque hubiese sido muy jugoso. Pero no hubiese sido una entrevista al estilo Paparazzi. De hecho, nadie sale del clóset en el libro, salvo Ramiro Sendic, que nunca lo ocultó. Hubiese sido rico para saber las razones del porqué. Pero me pareció importante retratar ese diálogo y el desenlace, porque ayuda a entender también... imaginate que es alguien adulto, con experiencia, con cancha, legislador y acostumbrado a un montón de situaciones, pero que esa situación notoriamente lo desestabiliza, al nivel de poner una excusa infantil de irse a Buenos Aires para no hablar.

-¿No pensás que se te puede acusar de "buchón"? En todo caso, es algo muy personal.

-Creo que cuidé las formas para que eso esté bastante lejos de los trabajos que he hecho. Yo pongo las cosas en boca de la gente. Y lo que también hago es propio del oficio periodístico: recrear situaciones que sucedieron y que yo siento que son valiosas para que el lector entienda contextos. El lector que compra el libro y lee eso, estoy seguro que no sabe de quién hablo. Diferente es de un periodista que está en la cocina de lo que pasa en Uruguay.

UN BYPASS POLÍTICO

El sábado 21 de diciembre, Unir realizó su primer Congreso Nacional. Ahí se analizó lo ocurrido en las últimas elecciones nacionales. Surgido luego de la ida de Fernando Amado del Partido Colorado, sus primeros pasos fueron en la efímera La Alternativa, creada en torno al Partido Independiente. Cuando esta implosionó, el sector hizo un acuerdo con Daniel Martínez y el Frente Amplio para octubre pasado. Los 24.000 votos logrados en la primera vuelta no le permitieron a Amado retener su banca en Diputados, la que había logrado diez años atrás.

"Unir no es parte del Frente Amplio. Es un sector político que no tuvo la posibilidad en tiempo y forma de ser lema y lo va a ser una vez termine el período electoral, donde nos vamos a inscribir como tal. El acuerdo con el FA era comparecer con ellos en las (elecciones) nacionales y departamentales", señala Amado sobre su futuro político inmediato. Politólogo de formación, adelanta que no va a ejercer esa carrera. "Yo soy político, no se puede ser las dos cosas a la vez".

-Pero dejás la banca, ¿qué será de tu vida?

-Voy a estar muy metido en la elección departamental, buscando que el sector que lidero tenga representación en juntas departamentales y concejos municipales. La estructura nuestra está gateando. Sacamos un punto porcentual del electorado, sería una banca (de Diputados), pero como estamos dentro de un partido no lo fue. El FA sacó un diputado más gracias a los votos nuestros, eso sí. Yo tengo 37 años, he tenido la suerte de tener actividad muy intensa desde muy joven, y este bypass político, que es visto como una cosa dramática, yo lo vivo simplemente como el inicio de una nueva etapa.

-La historia ha demostrado que la gente no ve bien los traspasos políticos. ¿No te arrepentís de ningún movimiento?

-No me arrepiento de ninguno de los pasos políticos que hicimos porque los hicimos convencidos. Irnos del Partido Colorado, fundar Unir, luego La Alternativa, en la que teníamos una esperanza importante que luego se frustró, y después el acuerdo con Martínez y el FA, manteniendo las identidades y estando lejos de la lógica frenteamplista. No tengo idea hoy de si ocuparé un puesto político si mañana hay una intendencia que gana el FA por mi votación o la de nuestro sector, eso es parte de la peripecia de este bypass.