Personajes
Pablo Bartol

"A la gente que está en una situación grave es evidente que hay que asistirla"

El fundador de Los Pinos tiene una amplia experiencia en trabajo social en la zona de Casavalle. El 16 de diciembre de 2019 fue nombrado futuro ministro de Desarrollo Social.

29.11.2018

Lectura: 15'

2018-11-29T18:41:00
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por Elena Risso

Un amigo ingeniero le habló a Pablo Bartol de las diferencias entre un químico de tacho y un químico industrial, y a él le gusta utilizar esa distinción para explicar en qué situación se encuentra ahora. El primero es el que aplica siempre la misma fórmula, en un recipiente pequeño, y después de hacerlo durante mucho tiempo sabe que los resultados son exitosos. En su caso, lo que hace desde hace más de 20 años como fundador y director del centro educativo Los Pinos, sería química de tacho, porque conoce la forma de mezclar los componentes para obtener resultados favorables y dar oportunidades a jóvenes de contexto crítico.

Sin embargo, por estas horas, Bartol está por dar el salto al mundo de la química industrial y -según su amigo ingeniero- ahí es más complicado: el volumen es mayor, existen otros riesgos, las condiciones son cambiantes, y hasta las variaciones de temperatura pueden alterar el resultado final. "Ahí es donde fracasan muchos químicos de tacho", reflexiona el hombre que es la cara más visible de la institución educativa de Casavalle, y que hace algunas semanas empezó a sonar como el eventual ministro de Desarrollo Social en un gobierno de Luis Lacalle Pou.

Si bien Bartol dice que aún no tiene del todo definido su desembarco definitivo en política, participó en el congreso encabezado por Lacalle Pou -con quien se reúne a menudo-, asistió a encuentros con jóvenes, y cuestionó la propuesta de seguridad de Jorge Larrañaga. Viajó a Argentina a entrevistarse con autoridades y conocer de cerca planes sociales.

Tiene 53 años, es numerario, y vive en una residencia del Opus Dei. Estudió en el Christian, el Seminario y el Liceo Zorrilla; se licenció en Relaciones Internacionales en la Universidad de la República, hizo un máster en España y un MBA en el IEEM. La semana pasada recibió a galería en Los Pinos, del que tiene previsto alejarse cuando formalice su ingreso a la campaña electoral.

Lleva años en Casavalle. ¿Qué resultados han dado los operativos que se hacen en la zona, como la demolición de Los Palomares? Empieza a haber un buen ánimo por haber frenado a las bandas que desplazaban a familias de sus hogares. Les tocó a 110 familias en ocho o nueve meses. Fue de locos cómo el Estado estuvo inactivo. La gente se sintió desprotegida, como que no importaban. Así como hoy día escuchas de jóvenes que se matan entre ellos y dicen "ajuste de cuentas", como que no contara esta muerte y no fuera muy grave porque se están limpiando entre ellos; esto parecía lo mismo. ¿Imaginate que sacaran a alguien de su casa de Pocitos a las patadas? ¿Cuánto dura eso? Una hora, dos horas y tenés a los policías sacando a los invasores. Acá te invadían y no pasaba nada. ¿Dónde estaba el Mides? ¿Dónde estaba todo el mundo?

¿Por qué cree que empezaron a actuar? Cuando ya el desborde es tan desmesurado y no se puede contener, se actúa. El Estado últimamente ha actuado así. La otra vez salió en Búsqueda que en el módulo 8 del Comcar la mitad de las personas no tienen cama y la mayoría ni siquiera tiene colchón. En pleno invierno durmiendo arriba del cemento todas las noches. Eso durante años. ¿Cómo sale esa gente cuando la liberan? Sale diciendo: "Esta me la voy a cobrar". No piensan en el policía, piensan: "Esta fue la vieja a la que le afané la cartera, esta fue la familia a la que le entré en la casa, esta fue la gente a la que le toqué el auto. Son los chetos los que me mandaron acá". Salen con un espíritu de revancha tremendo. Cuando no atendiste a tiempo este problema en la cárcel, tenés un problema desbordado, de venganza, de no reconocernos unos a otros como sociedad. El Estado defiende a los poderosos, pero al que no tiene nada, al que nadie lo defiende, lo dejan en total situación de abandono. Pasó en las colonias psiquiátricas. ASSE no hizo nada hasta que a un anciano se lo comieron los perros. Morir en una dependencia estatal comido por los perros; no entendés cómo no rodaron diez cabezas del gobierno. Si fuera un poderoso, rodaban diez cabezas, pero como fue un desgraciado, con enfermedad psiquiátrica, parecería que su vida no valiera nada y que nadie se hiciera responsable.

Hay quienes sostienen que algunos de esos operativos son propagandísticos, porque los que caen son los "perejiles" y no los peces gordos. Usted, que conoce el barrio, ¿qué opina? He escuchado esto, y sobre todo lo escuchaba cuando en la campaña electoral anterior lanzaron el plan Siete Zonas, que estaba muy bueno, que iban a intervenir áreas públicas comunes con equipamiento de primer nivel. Lo hicieron durante la campaña, llegó el 2015 y se canceló el programa. Hay gente que dice que como estamos acercándonos a la campaña electoral, demolemos una casa, hacemos un par de intervenciones, movemos la pelota, para ver si se creen que estamos tomando en serio a los más pobres.

¿Eso es lo que usted cree? Creo que algo de eso hay. Ahora que se les ha desbordado el tema resulta que no solo es Casavalle, eran tres barrios más. Durante años se dijo que a Los Palomares había que hacerle calles más anchas, que había que demoler parte de los edificios, y hubo una inacción total. Y de golpe llega la campaña electoral y empiezan a hacer esas acciones. ¿Pero vamos a hacerlas a fondo, en serio, o es una intervención cosmética para lograr un efecto televisivo y nada más? La orientación es buena, la acción era supernecesaria, lo que te genera la duda son los antecedentes.

¿Por qué cree que eso ocurre? Porque las prioridades no se han hecho para defender a los más débiles, sino a las corporaciones, que son las que gritan, tienen poder, presionan, y afectan el poder de los que dominan el Estado.

¿Qué tipo de corporaciones? Sindicales, es evidente. El Antel Arena es para gente a la que le gusta el espectáculo de nivel. Para eso hubo una inversión enorme para darles divertimento, pero para respetar los derechos humanos de los presos no hay plata, para defender los derechos humanos de los enfermos psiquiátricos no hay plata, para respetar los derechos humanos de quien está en situación de calle, tampoco. Ahí ves dónde están las prioridades.

Usted hace un diagnóstico muy crítico; sin embargo, en las zonas carenciadas el Frente Amplio es el que tiene más respaldo electoral. Seguramente, antes los partidos tradicionales tuvieron la misma anestesia; ahora la gente está descubriendo que terminó afectando también al Frente Amplio. Toda esta gente era votante del pachequismo, toda la vida se dijo. El coloradismo populista es el que estaba en estos barrios y eso cambió y empezó a votar al Frente Amplio, seguramente en reacción a la inacción o al olvido del Estado. Me da la impresión de que al Frente Amplio le ha pasado lo mismo.

El Partido Nacional no logra captar adhesiones en esta zona y sus votos, en general, están en la costa. ¿Qué puede hacer usted para cambiar esa realidad? Yo soy un militante de lo social, nunca tuve participación en la política, no vengo de familia blanca. Voté a varios partidos; voté al Frente Amplio en la segunda intendencia de (Mariano) Arana. Por acá, por Los Pinos, han pasado políticos de todos los partidos, pero resulta que hay uno, Luis Lacalle, que se empezó a interesar hace años por lo que hacíamos acá. Y fue él quien me convocó. Ahí me entra el cuestionamiento interno, porque tengo enormes proyectos a futuro para seguir acá. Cuando digo que me pongo a dar una mano es por la magia que se ha logrado acá. Hemos sacado 70 rejas y no ha pasado nada, hay diez hectáreas de campo bien mantenidas que la gente las cuida a muerte, ves a los vecinos tomando el fresco debajo de los árboles. Esa magia que se ve acá, Luis Lacalle la quiere para todo el país. Acá hay una sociedad integrada.

Hace algunas semanas, El Observador informaba que cada vez vez más mujeres escalan posiciones en el narcotráfico, porque los hombres han caído presos. ¿Cómo observa eso? Lo que más escucho acá es que es un negocio familiar, que en general lo encabezaba el hombre pero participaba toda la familia. Una vez que cae el líder, lo sustituye el que sea, pero el negocio no se suelta. El tema de las bandas es supercomplejo, pero no tenemos a Pablo Escobar acá. Está claro que hay gente violenta, acá tenemos muchos chicos que han estado en el narcotráfico. Hay chicos que han sido sicarios, que les han pagado para matar, pero una vez que cumplen la pena hacen el curso para ingresar al mercado laboral y están trabajando fantástico.

¿Cómo los convence de eso? Recuerdo un caso que cuando salió de la cárcel su madre le dijo: "Solo te voy a pedir una cosa: andá a hacer un curso a Los Pinos". Un curso preindustrial de 370 horas de capacitación de lunes a viernes de ocho a una. Al terminar les aseguramos un trabajo en alguna fábrica. Nuestros cursos tienen una fama ganada en el barrio de que lo hacés y salís con un trabajo. Entonces, chicos que estaban muy en la mala salieron adelante.

Gustavo Leal, del Ministerio del Interior, dijo que muchas veces hay personas que no tienen voluntad de rehabilitarse, y Gabriela Fulco, del Inisa, señalaba que había chicos que nunca podrían ser rehabilitados, o que necesitarían un acompañamiento de por vida. ¿Cómo se rehabilitan esas personas? Los que están en esa situación son la ínfima minoría de los que están delinquiendo. La inmensa mayoría son chicos que se los llevó puestos la barra, los héroes locales, los que andan en una moto buenísima que consiguieron con el robo. Se meten más por el reto personal de desafiar al otro que por el deseo de hacer daño.

Pero ese chico que de repente mató a alguien, vino acá, consiguió trabajo y encaminó su vida, después vuelve al barrio, donde están esos mismos de la esquina. Algunos logran desvincularse de ese grupo, porque saben que eso los lleva por la mala. No he conocido gurises que logren liderar que los demás también dejen. Pero sí se apartan de ese grupo, dicen "yo ya pagué", y la gente les respeta esa posición. Uno me dijo: "Ya no hablo con mi padre, es una plaga". Ha logrado aislarse porque sabe que lo que está haciendo su padre está mal. Conozco más a los que tuvieron el deseo de cambiar y por eso vinieron, pero también tenemos a muchos que hicieron el curso acá, volvieron al delito y están en la cárcel. En los últimos tres años he ido a visitar gente al Comcar.

Hoy muchos sostienen que, así como antes querían ser Paco Casal, hoy muchos chicos de contexto crítico quieren ser líderes narcos. ¿Cómo se combate eso? Con chicos iguales a ellos que no agarren ese camino. Acá los están sacando adelante otros jóvenes que están en el curso. Son los que conversan en el recreo, tenemos docentes egresados de acá, que viven en el barrio, son referentes. La clave de lo que se ha creado acá es un contexto para que esa gente que está mejor tire de esa gente que duda de si seguir en el afano o arrancar para las ocho horas, como dicen ellos.

Hace algunas semanas, en El País, el padre Mateo Méndez advertía que ya a los ocho años hay niños que portan armas. ¿Qué debería hacerse desde el Estado? Porque no todo el mundo tiene la posibilidad de llegar a Los Pinos. Hay muchos modelos; a mí el que más me gusta es el de Colombia, donde estuve hace unos años. Se llaman cogestores: viene a ser un tutor que se pone a cada familia en situación de vulnerabilidad social. Es una persona del contexto social parecido al de ellos pero que ha logrado romper con muchas barreras del barrio, porque ha estudiado y tiene un buen trabajo. La misión es ayudar a que los integrantes de esas familias prosperen. Cada uno tiene asignada entre 100 y 120 familias a las que visita periódicamente y tiene que ir viendo cómo progresan. También es un gran conector con los servicios del Estado, te recomienda empleos. Eso que hemos hecho aquí, en un aula o en un taller, queremos hacerlo en el barrio. Sería un programa del Mides para generar estos mentores.

¿Qué otras medidas propondría? Todo el tema de los servicios básicos. Hay gente que sale de su casa después de que llovió y las canaletas están desbordadas de aguas servidas. Vos capaz tenías que ir a una entrevista de trabajo, tenías los championes prolijos y, hablando mal y pronto, llegas a la entrevista hediendo a mierda porque se desbordó la canaleta. Acá en Domingo Arena hay un basural endémico que prenden fuego para que no haya ratas, y resulta que la madre que baño al gurí, le lavó la túnica para que vaya prolijo a la escuela, tiene que atravesar una columna de humo y queda hediendo a basura. Y tu hijo va a estar sentado toda la mañana hediendo a basura, sus compañeritos lo van a mirar diciendo: "Este es un pichi". Hiede a basura; la madre hizo todo para que no fuera así, pero el Estado le regaló una columna de humo de basura en el trayecto a la escuela.

Hay quienes sostienen que las condiciones de pobreza responden a los gobiernos de los 90 y a la crisis del 2002; otros se quejan de que después de años de crecimiento económico las cosas no mejoraron. ¿Qué cree usted? Los que estamos en lo social no estamos pensando en las causas, lo que importa es arreglar el problema. Que deje de robar, que haga el curso, que se meta en un circuito positivo. Es tremendamente paralizante el diagnóstico y tratar de echar la culpa a alguien.

¿Qué opina de las contrapartidas a cambio de planes sociales? A la gente que está en una situación grave es evidente que hay que asistirla. Las asignaciones familiares en Uruguay son viejas como el agujero del mate. ¿Qué es lo nuevo ahora? El bombo que se le da a "te lo transfiero y vos quietito". ¡No! A la gente hay que decirle: "Sacá las uñas y peleá, por lo tuyo, por mejorar tu vida, por salir adelante".

¿Cómo se convence a esos chicos de la importancia de salir a trabajar en vez de dedicarse al delito? Eso es lo que dicen: "Yo me robo una moto en el estacionamiento del shopping tal, la vendo a un reducidor del barrio y hago más plata que los giles que laburan ocho horas". No voy a cambiarlo a él solo , voy a trabajar en su contexto, que le digan: "Cortala, dejate de jorobar, no es por ahí la cosa". Acá queremos robarle gente a la esquina.

Hay sectores del oficialismo y del movimiento sindical que critican emprendimientos como Los Pinos, argumentando que se financian con empresas que exoneran impuestos, por lo que al final es el Estado el que pone la plata. ¿Qué responde? Hay una parte de verdad en el sentido de que es el Estado el gran promotor de todos estos centros. De nuestro financiamiento, el 70% viene de fondos estatales, de programas del INAU, del Inefod­, y después otros proyectos que vienen por donaciones de empresas, que descuentan impuestos. Es una resignación fiscal que hace el Ministerio de Economía y nosotros a eso le llamamos aporte estatal. Es imposible que estos proyectos tengan impacto sin plata del Estado. Con donaciones particulares, con un mundo empresarial minúsculo como tiene Uruguay, es imposible. Son todas ONG simpáticas pero minúsculas, tienen un impacto muy relativo.

 

LOS PINOS

Al centro educativo Los Pinos de Casavalle concurren más de 240 niños y adolescentes, para recibir apoyo escolar y realizar cursos de formación en distintas disciplinas. Si bien está identificado con el Opus Dei, a Bartol le gusta aclarar que no solo esa institución está vinculada al proyecto. Puso como ejemplo que el predio donde se levanta el edificio fue donado por Leonardo Rozenblum (Motociclo), y el gimnasio lo construyó Marcos Taranto (Stiler) y dijo que muchos de los chicos que egresan del lugar trabajan en firmas que son propiedad de empresarios de la colectividad.

En el edificio principal hay carteleras con fotos de personas que visitaron el lugar, entre las que están José Mujica, Lucía Topolansky, Jorge Díaz, Esteban Valenti, Carolina Cosse, Mariano Arana, Cristian Cebolla Rodríguez, Álvaro García, Danilo Astori, Luis Rosadilla, Richard Read, Daniel Martínez, Eduardo Bonomi, y Ernesto Murro. El diputado Alejandro Sánchez, del MPP, también visitó el centro, al que asistieron algunos de sus hermanos y uno de ellos trabaja en el lugar. El presidente Tabaré Vázquez y la ministra Marina Arismendi nunca fueron.

El deporte juega un papel fundamental en la formación de Los Pinos; por eso cuenta con canchas para jugar al fútbol y al rugby, que además de ser utilizadas por los chicos del centro, son de libre acceso para vecinos del lugar. En abril comenzará la construcción de un nuevo edificio de Los Pinos, a cargo del arquitecto Carlos Ott.